BABOSERÍA

Los que ponen el país a pensar, los apologistas de la financiocracia, la opinión docta, miraban a otro lado mientras Ecuador se venía abajo. Es comprensible, porque tendrían que enredarse mucho para seguir ignorando por qué estos países van de una en otra y por qué algo parecido podría sucederles de la noche a la mañana a Brasil o Venezuela. No aquí, donde disfrutamos de la economocracia más capaz y austera de Latinoamérica. Tendrán que esforzarse cada día más para predicar paciencia a pueblos menos resignados, y seguir justificando que haga agua, y siempre, la parte débil de una rentabilidad metropolitana, en cuya defensa los adiestran en secciones para tercermundistas de las universidades del norte. Debe costar mucha conciencia defender bancos centrales, cuya función mayor es garantizar, a pesar de intereses usurarios y exacción tributaria, el flujo nacional del capital internacional y el flujo internacional del capital nacional a costa de productividad y empleo en sus países.

27 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

En un momento, el ecuatoriano no dolarizado quedó con lo que tenía en el bolsillo, enloquecida la moneda, sin saberse qué valía nada, confiscado el ahorro, mientras el gobierno multiplicaba el precio del combustible. Un país desfondado, de cuyo naufragio lucrará el capital fugado, con perjuicio de lo que la gente tiene por su trabajo. Pero nadie se va a molestar en explicar bien cómo se llegó a eso, ni hablará de especulación o del ajuste periódico de economías dependientes, o de lo que la llamada globalización encubre como rentabilidad de la especulación y la inequidad internacional. En realidad habría que acusar al mal gobierno, porque uno bueno protegería, con austeridad por ejemplo, la riqueza nacional de la bancarrota súbita. Que no es el caso de gobiernos como los de estos países, proverbial y varonilmente enfrentados a la desigualdad.

Habrá que oír la jerigonza distractiva de los organismos internacionales y sus muchachadas tecnocráticas criollas, que van y vienen de esas entidades a ministerios criollos defendiendo terapias asociales. Que cómo se atreve la Corte a una sentencia que, claro, perjudica el modesto margen de intermediación, pero social y legalmente justa porque defendió el principio inaugural de la equidad del impuesto. Se gobierna para los bancos o para la sociedad? Qué opinan las universidades elegantes y la inteligencia nacional de la ruina ecuatoriana? Se entiende que quieran pasar agachados. No han asistido aquí, detrás de la babosería tecnocrática, a la evasión de la riqueza nacional, al estrangulamiento de la clase media por el upac, al escándalo del desempleo, a la persecución al rebusque, a la ruina del campesino?

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