Secciones
Síguenos en:
TRISTE VÍCTIMA

TRISTE VÍCTIMA

Que un estudiante, más si es mujer, muera bajo las balas de la autoridad en incidentes bien conocidos, es grave. Duele a los colombianos. Pero que caiga víctima de su propio invento, herida por una bomba terrorista, posiblemente fabricada por ella misma en unión de sus compañeros, es monstruoso. Si hubiera lógica, los estudiantes, inclusive aquellos que tomaban parte en la absurda protesta, se deberían autocensurar y organizar un movimiento de repudio similar a los que montan cuando la Policía, en defensa del orden, los frena en sus peligrosas manifestaciones. Ser víctima del estallido de una bomba destinada y nadie puede negarlo a destrozar a la fuerza pública, en un régimen democrático que ha concedido a la oposición los máximos derechos, es absurdo. Aun en estas demostraciones nos estamos quedando atrás. Se protesta en las universidades de otros países por hechos concretos. En Colombia todavía la batalla es contra el sistema. Si antes se podía pensar en luchar para imponer las id

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de mayo 1991 , 12:00 a. m.

Nos duele lo ocurrido. Y sorprende también que la joven adelantara estudios de ayuda social. Si la preparación en este campo consiste en fabricar bombas, que cierren la facultad. Lo importante es saber quién la inspiró en su aventura. Es el verdadero culpable. Nadie más.

La persona humana tiene facetas tan diferentes como difíciles de entender. La niña terrorista, Beatriz Sandoval, muchacha joven, agraciada, de una clase media muy común en Colombia, se enfrenta a la injusticia social. Otra, Liliana Santamaría, de condiciones similares, también cumple una tarea con el mismo fin, pero completamente contraria en su procedimiento. Mientras Beatriz Sandoval se enervaba frente a la injusticia, buscando con su protesta sangrienta un nuevo orden, su compañera en la conquista de una posible igualdad curaba a los gamines, los llevaba a su casa, les despojaba de comunes e inmundos piojos, mientras vertía desinfectantes en olorosas heridas. Una recorría el camino de la muerte; la otra el de la vida. La motivación igual. El fin diverso. Ante estos hechos el lector se preguntará: Por qué tal diferencia de actitudes? No se le puede dar una respuesta concreta, aunque sí la aproximación a una explicación. El medio ambiente en que se criaron, las amistades, las lecturas y la influencia de textos políticos en que la violencia se muestra como la única creadora de justicia económica, social y política.

Una causa noble, sufrir por los pobres, ayudarles a tener mejores condiciones de vida, trazó destinos diferentes en actitudes radicalmente contrarias. La mente se niega a creer que una mujercita que comienza la pubertad, de atractiva figura y de inconformismo permanente , según la retratan sus amigos, creyera que en la dinamita se encuentra la posibilidad de un mundo mejor. La otra cambió el mortífero detonante por el agua oxigenada, con la cual curaba las heridas de sus protegidos. Lo que ocurrió es bien conocido. La primera reposa en el mundo de los muertos, destrozada, sembrando el dolor entre los suyos, inclusive aquellos que la acompañaron insensatamente en ese recorrido hacia la muerte. La otra se apresta a continuar la tarea. A curar en forma parcial, porque totalmente es imposible, los dolores de una clase oprimida económicamente. Para Beatriz, solo existe la oscuridad. Para Liliana, la luz esplendorosa de la bondad y la esperanza. Cabe una pregunta: Cuál camino debe seguir la juventud?

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.