EL LORENCITA VIVE

No. El momento no está para chistes. Ya dejemos a la señorita Lewinsky hablar a boca llena, a voz en cuello ahora sí a calzón quitao sobre sus relaciones con el hombre que se convirtió en la primera potencia sexual del mundo. Hace tiempos que se bajó la cremallera del escándalo tan penoso y se armó la telenovela de sexo, mentiras y video, en que contaron con pelos y señales todo lo que Clinton hizo en aquella atracción fatal que Lewinsky llora porque no fue fetal. Ella se siente avergonzada de haber ido tan bajo y con ello manchar honras, imágenes, dignidades, además de un precioso vestido. Prácticamente está de rodillas ante el mundo, como lo estuvo ante el mando.

06 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Dejemos que Clinton limpie su dignidad. Que doña Hillary le diga I love you en público, y en privado lo mande al sofá, donde Clinton tiene emocionantes recuerdos. Aterricemos en Colombia, donde también con las puertas cerradas de los despachos oficiales y privados algunos están succionando los dineros estatales, otros derrochan millonadas arreglando oficinas, o tomando cursos de glamour , o estrenando carro, mientras se cierran los hospitales, millares de gentes tienen hambre, miles de ellas están a la intemperie, desplazadas por el invierno o por el mar de lodo de la violencia.

Es inadmisible que precisamente en un Gobierno conservador con sello neoliberal es decir, rico con rico se hacen más rico deje cerrar una obra humanitaria, de servicio a la niñez, como es el Hospital Infantil. Una obra que el país llevaba como insignia, como identidad de que lo social es prioritario. Por ello, juro por Dios que fueron grandes, frías como teníamos el alma, las lágrimas que se nos desprendieron cuando mostraron a los niños con cáncer, con sus cabecitas sin un pelo, que miraban con ojos de tristeza y desconsuelo. Esos niños a los que se llevaron del que fue su otro hogar, los arrancaron de su lecho de enfermos donde se aferraban con sus padres a una esperanza de vida.

Pero, no. Aquí en este país de Pastrana, don Manuel y los banqueros, hay dos por mil para allegar 540 mil millones para la Banca, pero no 40 mil millones para sus niños de clase humilde, los del campo, los que caen enfermos en lecho pobre. O sin lecho. Y sin leche. Aquí hay plata para poner bolardos donde no se necesitan; pero como los gobernantes parecen tener anestesiado el sentido humanitario, se cierran hospitales como quien sella una casa de juegos. Señor Presidente, señores banqueros, señores empresarios, don Carlos Ardila Lulle, señor Julio Mario Santo Domingo, don Luis Carlos Sarmiento Angulo, salven el Infantil. Colombia entera, Celia Cruz, todos los artistas, deportistas, periodistas, congresistas, Colombia entera: salvémoslo, por Dios.

Qué tal que muchos médicos y enfermeras durante seis meses, por ejemplo, fueran a trabajar dos horitas diarias gratis; qué tal que usted, yo, lleváramos algo semanalmente. Qué tal que un hacendado, otro y otro, vendieran una vaca y enviaran la platica al Hospital. Qué tal que todos después gritáramos viva Colombia, vivan los niños, viva el Infantil. Qué tal que Pastrana y su esposa y sus niños dijeran: primero que todo los hospitales. Por Dios, cerrar hospitales es de algún modo matar gente. Y la resignación es el primer paso a la muerte. No lo permitamos

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