EL PROCESO DE BOTERO

EL PROCESO DE BOTERO

Lo que ha hecho el ciclista Santiago Botero no hay que olvidar que aún no ha ganado un título en Europa obedece a un proceso. Esta palabra, que tanto se ha pedido en el deporte, ha sido la clave para un corredor atípico que, a los 26 años, le está sonando la flauta en las carreteras de España y Francia. Justo tres años después de haber llegado a las filas de Kelme Costa Blanca.

28 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

El pasado viernes, con el cuarto lugar en la Vuelta a la Semana Catalana, terminó su primer plan de preparación del año. Remató una racha ganadora en carreras cortas: subcampeón de la Vuelta a Andalucía, quinto en la Vuelta a la Comunidad Valenciana y tercero en la Clásica París-Niza.

Pero el camino no ha sido fácil. Su paso victorioso por el ciclomontañismo durante cuatro años, el fugaz salto a la pista con un inesperado éxito en la persecución individual y, ahora, los frutos en el Viejo Continente, han sido el resultado de una consagración y dedicación dignas de admirar. En eso se puede considerar que es un superdotado.

Pero para valorar lo hecho por Botero hay que devolverse en el tiempo hasta 1991, justo cuando el deporte llenó sus expectativas de vida.

A las trochas La fiebre en Antioquia del ciclomontañismo, que era novedoso en el país, llamó la atención de Santiago, que estaba a punto de graduarse en el colegio Jorge Robledo. Unos meses antes, Alberto, su padre, había comprado una bicicleta todoterreno. Santiago se engomó. La primera competencia tenía 18 años en que participó fue la Clásica del diario El Colombiano.

Ese día ocurrió algo curioso: ganó la prueba tan fácil que ningún juez se percató del triunfo, pues les tomó más de una vuelta a los grandes favoritos. Los papás de Santiago tuvieron que hacer caer en cuenta a los organizadores de la victoria.

En 1993, con la creación de la Comisión Colombiana de Ciclomontañismo, ya era reconocido en Medellín. Un año más tarde su nombre tomó fuerza al ganar el primer Campeonato Nacional en la categoría proelite en Popayán. Y en abril del 95, luego de ser el mejor en varias válidas nacionales y asegurar su cupo en la Selección Colombia (sin descuidar su carrera como Administrador de Negocios en la Eafit), se convirtió en campeón bolivariano en Ecuador.

Siguiendo la pista Pero el ciclismo de pista le no le era indiferente. En una de sus primeras incursiones logró algo inimaginable. El 9 de agosto de 1995, representando a Antioquia, participó en la prueba de persecución individual de 4.000 metros en los Campeonatos Nacionales de Ciclismo en Pereira. Nuevo récord nacional para la distancia! se oyó por el altoparlante. Marcó 4 minutos, 36 segundos y 24 centésimas. Superaba en más de un segundo la marca de Víctor Herrera.

Botero se animó a participar en el Campeonato Nacional Aficionado de Ruta, entre Paipa y Tunja. Después de los 42 kilómetros volvió a asombrar: el primero de septiembre se convertía en campeón nacional de la contrarreloj individual.

De inmediato Stanislav Moskvin, el técnico ruso de la Selección Colombia que iba a participar en los Mundiales de Pista en Bogotá (la ruta fue en Boyacá) lo convocó. Once días antes de la competencia, Botero viajó a Quito (Ecuador) a la sexta parada mundial en pista. En los 4 mil metros persecución individual siguió en alza, al colgar de su cuello la medalla de plata.

Pero la dicha no podía ser tanta. Ya en los Mundiales tuvo un discreto papel y fue eliminado en la fase clasificatoria. Perdió su serie con el lituano Arturas Kasputis y quedó en el lugar 31.

La ruta final El médico de Botero en Medellín, Juan Darío Uribe, tenía contactos con el equipo Kelme Costa Blanca de España. Carpeta en mano, aprovechó que algunos entrenadores estaban en Bogotá y les mostró la hoja de vida del paisa. Les propuso hacer un trabajo a largo plazo, pues los antecedentes demostraban que era un diamante por pulir.

Tras varias reuniones, Botero aceptó las condiciones la sede sería España, pero iba a disputar varias pruebas en América y firmó con Kelme el 23 de octubre de 1995. La Vuelta a Chile del año siguiente fue su debut en carreteras, luego de extenuantes entrenamientos, pues no estaba acostumbrado a carreras de fondo. Allí terminó en el sexto lugar.

Luego vino a la Vuelta a Colombia. La idea era retirarse tras cinco o seis etapas, pero al final terminó la competencia. Otras pruebas regionales en Europa lo fueron moldeando.

En el 97 fue entrenado por Raúl Mesa. Se estrenó en la Vuelta a Cundinamarca con victoria en el prólogo, pero en la novena fracción abandonó. En Chile también ganó el prólogo y al final fue sexto. La adaptación se notaba y en la Vuelta a Colombia portó la camiseta de líder también por un día. Luego estuvo en el Clásico RCN, con una discreta actuación.

Tuvo su oportunidad, ese año, de correr la Vuelta a España (fue 108, a casi 3 horas de Alex Zlle) y en el Giro de Italia terminó de 54. Y en el 98 obtuvo un cuarto lugar en la Vuelta a Romandía (Suiza).

En el 99 se han visto los frutos de este largo camino, que convierten a Botero en una esperanza con bases firmes. Ahora, las carreras grandes como el Giro de Italia y la Vuelta a España tendrán la última palabra.

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