COLOMBIANA AYUDÓ A NIÑOS DE BOSNIA

COLOMBIANA AYUDÓ A NIÑOS DE BOSNIA

Carolina Martínez tiene 30 años pero parece que tuviera más, y no es porque se vea vieja, todo lo contrario, lo que pasa es que ha hecho muchas cosas en muy poco tiempo.

06 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

Estudió lenguas modernas en la Universidad de los Andes, actuación en el teatro Libre, ciencias teatrales y literatura inglesa en Alemania, arte dramático y pedagogía teatral en la Universidad de Artes de Berlín... pero lo mejor que ha hecho, según ella, es trabajar en un centro juvenil de Berlín en donde ayudó a los niños de Bosnia.

Ella, como muy pocos colombianos, tuvo la oportunidad de colaborar en la recuperación de estos pequeños, que fueron afectados por la violencia que se vivió en su país. No recuerda cuántos niños ayudó porque durante el año que laboró allí los pequeños iban y venían constantemente, además, todo el tiempo estaban llegando nuevos niños.

Pero Mirko logró llegar a su corazón. Con solo 8 años le colaboraba como traductor y como profesor de disciplina. Cuando los niños no querían poner atención a la clase o eran groseros con Carolina, él ponía orden. Era un moreno lindo, muy inteligente, en solo seis meses aprendió el alemán. Además, tomaba mucho del pelo , recuerda ella.

Carolina llegó a cumplir esta función por cosas del destino. Cuando terminó su carrera de lenguas modernas decidió que no se quedaría en una oficina vestida de sastre y zapatos altos, además, quería conocer otro país y vivir la experiencia de otra cultura. No importaba en que sitio fuera.

Con unos ahorros y con la ayuda de su familia fue a parar a un pueblito cerca a Frankfurt. Allí trabajó como mesera, niñera, traductora y ayudante de cocina... mejor dicho en todo lo que trabaja un colombiano y dice que nunca ha trabajado , cuenta ella.

Como ya tenía afinado el alemán y, sobre todo, la pronunciación, que era lo que le interesaba para poder actuar, se fue a Mainz. Allí estudió ciencias teatrales y literatura inglesa, pero se aburrió porque la ciudad era muy calmada.

Llegan los niños Berlín era otra cosa, otro mundo. En esta ciudad comenzó realmente mi viaje cuenta ella. Toda la situación política y cultural de Alemania se vive allí .

Compitió con 300 personas de diferentes países para entrar a la especialización en arte dramático y pedagogía teatral en la Universidad de Artes de esta ciudad. Logró pasar junto con nueve profesionales más, con los cuales compartió los tres años del curso.

Estando allí realizó varios talleres de actuación en otras partes de Europa para lo cual tuvo que seguir trabajando fuertemente. A los trabajos anteriores sumó los que obtuvo en obras de pequeños teatros, el que consiguió cuidando ancianos y la tarea que tuvo por un año como profesora de arte en un centro juvenil.

En los barrios de Berlín existen estos sitios a donde los niños entre 8 y 17 años van a jugar billar, oír música, ver televisión o recibir diferentes clases de arte .

Allí llegaron los niños de Bosnia. Niños que hablaban otro idioma y profesaban otra religión, la musulmana. Al comienzo esas diferencias fueron un obstáculo para la socialización de estos pequeños. Además, los traumas sicológicos que traían también eran un impedimento para su interacción con los demás.

Pensamos con la trabajadora social del centro recuerda Carolina en diseñar talleres de teatro que les permitieran sacar la rabia que llevaban por dentro y mostrar la imágenes violentas que habían visto .

Con ejercicios de expresión corporal y de improvisación, basados en el Teatro de los Oprimidos, los niños comenzaron a actuar lo que sentían las víctimas y los victimarios. La idea era que experimentaran lo que se podía sentir en ambos lados , dice Carolina.

Y resultó. Los niños cambiaron su forma de relacionarse con los demás, ya no eran violentos, trataban de expresarse y respetaban a las mujeres.

Sin embargo, esos logros no pudieron conseguirse con otros niños porque el programa tuvo que cerrarse por falta de recursos. Carolina y sus compañeros ya lo habían mantenido por un año a pesar de que no les pagaban por ello.

Pero como esta colombiana ya había sido picada por el bichito de la tolerancia, pensó que era importante enseñarles a otros pequeños la importancia de convivir con personas de todas las razas.

Se lanzó a hacer montajes artísticos sobre los mitos latinoamericanos y presentarlos en los colegios. Niños entre 8 y 10 años, de 15 colegios de Berlín, conocieron la leyenda del sol y la luna a través de canto, teatro, pintura y danza.

Con esos montajes no solo descubrí la magia de nuestra cultura sino que también ayudé a que los niños cambiaran los estereotipos que tenían de los latinoamericanos .

*Vicepresidencia de Relaciones con la Comunidad.

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