CARIBE INSLITO

De lo que se ufanan humildemente los escritores costeños importantes, es de que no necesitan inventar historias, porque todas están dadas en nuestro caliente medio.

23 de marzo 1999 , 12:00 a. m.

La palabra adjetivosa que ya todos entendemos es: macondiano . Fue tal el furor que causó Cien Años de Soledad, que a partir de ella, todos entendimos que las cuestiones que suceden en la Costa, tienden a ser macondianas: ahora son parte de una realidad fantástica que solo existe en la cabeza de un gran escritor, y que ese escritor es todos nosotros.

Que tal un paro de maestros, en el cual los desesperados protagonistas de la historia fantástica, en vez de rezarle y rogarle a su santo favorito, lo secuestraron! Qué puede producir que unos educadores, seres con un nivel superior de conocimientos, porque están certificados por la sociedad para impartirlos a otros, creen esta idea perfecta para una película? En el país campeón de los secuestros, unos maestros, incapaces de secuestrar a otro ser humano, presas de la desesperación, secuestran una imagen. Más aún, han seguido el ejemplo de otro grupo de personas, habitantes de otro pueblo, quienes también secuestraron la imagen de otro santo.

Qué clase de imaginación hay que tener para secuestrar una pieza religiosa que ni siquiera puede decir esta boca es mía ? No tendrán miedo de quedar para siempre malditos por la Iglesia que cobijaba dicha reverenciada imagen? No es demasiado simplista pensar que la desesperación es la causa de todo esto? Además de desesperación, tiene que haber una creatividad demasiado grande entre estos seres agotados por el tiempo de espera por un triste sueldo que nunca llega...

Como la imaginación del muchacho, hoy tal vez considerado por muchos como un demente, quien cometió el acto más increíble que un macho pueda hacer consigo mismo: castrarse.

Qué puede llevar a un joven, sino la desesperación, dirán todos, a cometer este burdo y cruel acto de auto destrucción? La imagen que se me ocurre es bellísima y también de otra película: el caballo con su sexo imponente obsesiona al muchacho. El muchacho sueña todas las noches con un caballo gris y lustroso que recorre la finca donde vive, desesperado, tratando de botar toda esa energía que le dio la vida. Una mañana, el muchacho se despierta y se da cuenta de que el caballo es él mismo, con sus deseos alborotados sin encontrar respuesta en ninguna doncella concreta. Sin poder trabajar debido a su evidente necesidad hormonal y creyéndose en fin ese caballo que lo asaltaba en sus sudorosas noches, decide acabar con sus deseos, su juventud y sus posibilidades de regar su semilla en esta tierra y comete el acto más valeroso que un potencial violador pueda llevar a cabo: automutilarse, evitando así que cualquier posibilidad de amor llegue a su vida de allí en adelante. Un joven se autoaniquila sexualmente porque quería trabajar, así de simple, como él lo dice, y todos asombrados, secretamente, envidiamos tanta decisión y fuerza de voluntad, mientras soñamos casi sin caballos, sabiendo que pertenecemos a un pueblo insólito que ni siquiera necesita de las películas para divertirse, cada semana, con una historia nueva.

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