EL CARTUCHO: DE LA OPULENCIA A LA INDIGENCIA

EL CARTUCHO: DE LA OPULENCIA A LA INDIGENCIA

Qué tienen en común el ex presidente Julio Cesar Turbay Ayala con el Comanche ? Lo mismo que tienen los historiadores Germán Arciniégas e Indalecio Liévano Aguirre con Clara la loca o con el Papá de la Pipa : todos fueron en un momento u otro habitantes de la zona conocida hoy como El Cartucho.

28 de marzo 1999 , 12:00 a.m.

Este sector de Bogotá ubicado entre la calle 6 y la calle 10 entre la avenida Caracas y la carrera 11 que es hoy objeto de polémica porque será demolido se convirtió en los en los últimos años en el símbolo nacional de la miseria.

Pero no siempre fue así.

Durante la primera mitad de este siglo vivieron allí en lo que se llamaba el Barrio Liévano no sólo personas reconocidas hoy como el ex presidente Turbay Ayala, sino algunas de las familias más prestigiosas de la época: la de Nicolás Liévano Danies, uno de los pioneros del urbanismo de Bogotá, la del ex presidente de la asamblea de la ONU Indalecio Liévano Aguirre; la del historiador Germán Arciniegas y las familia Anzola Gómez y Torrente.

Y cómo vivían! Había tertulias culturales en donde se escuchaban pianistas, violinistas y lecturas de poesía con declamadores , recuerda María Eugenia Liévano, nieta de Nicolás Liévano Danies, el constructor de ese barrio.

Vivía gente culta que hacía impromptus sobre diferentes temas y los cantantes improvisaban áreas de ópera y zarzuela, que estaba en vigor en ese entonces , agrega Hernando Rosillo, historiador cuya familia también vivió allí.

Por allí, donde desde hace un par de décadas van a parar los que salen de la cárcel sin familia ni futuro, los que pierden la esperanza de conseguir un empleo, los drogadictos, los locos, los prófugos y los destechados que no tienen a donde ir desfilaban antes señoras con vestido largo, pieles y guantes.

Y este sector donde hoy abundan proxenetas, traficantes de droga, vendedores de armas, falsificadores, autoridades que cobran vacunas a los delincuentes para dejarlos operar, y todos los demás comerciantes de la ilegalidad, concretaba en 1920 las aspiraciones republicanas de los colombianos.

Recuerdo un barrio muy lindo y arborizado con faroles de tres luces , dice Liévano, quien vivió allí durante su infancia. Era un barrio francés republicano .

Claro, al lado de estas calles elegantes que ella recuerda, había otras no tan glamorosas.

Por ejemplo, desde finales del siglo XVI ya existía la plaza de San Victorino. Desde ese entonces se concentraban allí los vendedores ambulantes y los recién llegados a la ciudad.

En la callecita específica del Cartucho ya se conseguían a mediados de siglo envases, papel, desechos de construcción. Y también habitaban las calles los famosos piperos, que consumían alcohol industrial mezclado con Coca Cola, recuerda el arquitecto Carlos Alvarez, cuya familia ha tenido un negocio en el sector de San Victorino desde 1955.

Sin embargo el sector comenzó a decaer a mediados de siglo.

Que pasó? Varios factores confluyeron. El primero fue el Bogotazo del 9 de abril de 1948.

Se incendió el centro de la ciudad y la gente entró en pánico , recuerda Rosillo. Empiezan a atacar a las señoras, escupiéndoles pepas de mamoncillos en los sombreros .

La gente acaudalada se asustó y se fue hacia el norte en ese entonces a Palermo y Santa Teresita para alejarse de los poderes gubernamentales que atraían a la gente de menos recursos.

La gente comienza a arrendar su casa al primero que aparezca y la tierra empieza a perder valor porque todos abandonan el sector , agrega María Inés Avila, arquitecta quien hizo su tesis sobre la evolución del sector.

Entre 1948 y 1955, también se abren la Caracas y la carrera 10 como dos grandes avenidas. Además, se demuele el principal mercado de la ciudad que estaba localizado en Santa Inés, en la calle 10 con carrera 10 y se traslada a la Plaza España.

La apertura de estas avenidas es importante porque van a aislar el sector , explica el urbanista Carlos Niño. Se crea un sector con una circulación cerrada .

Así como una mano se muere si se aprieta lo suficiente para impedir la circulación de la sangre, así se muere un sector cuando una zona se queda sin puentes que la integren a otras zonas, dice Niño.

Es lo que le está sucediendo al Barrio Santa Fe, que se encuentra aprisionado entre el Cementerio Central, la carrilera del tren y la Avenida Caracas y lo que le podría llegar a suceder a otros barrios al borde de la troncal de la Caracas, según expertos.

Además de estas circunstancias objetivas, también influyó el concepto social del Norte .

Las clases emergentes no echan raíces porque la dinámica es seguir ascendiendo y trasladándose , dice el historiador de la arquitectura Germán Tellez. El Cartucho es la creación cronológica de vacíos dejados por una clase que emigra a otra parte .

Pero no todos emigraron. Emilia Aguirre de Liévano, se queda en el barrio que construyó su esposo Nicolás hasta que muere en 1981.

Una decisión valiente. Tras la desbandada de las clases más acomodadas, llegan otras que empiezan a dividir las viviendas y a crear inquilinatos.

En la calle 10 comienza la prostitución , dice Liévano, quien siguió yendo al barrio a visitar a su abuela. Paulatinamente comienza el deterioro de las fachadas en cuanto aseo. En los 60, ya no se pintan las casas. Empieza a haber gente en la ventana en chancletas, con la ropa colgada .

Luego, desocupan el Laboratorio Nacional de Higiene en la calle 6. El edificio que fue demolido hace seis meses es presa de los vándalos y se convierte en un foco de deterioro del sector, que se viene a sumar a la llegada de la marihuana.

En la década de los 80, aparecen los primeros comerciantes del papel y luego los proveedores del reciclaje. El problema se agudiza cuando algunos dueños de los depósitos de papel comienzan a pagarle con basuco a los recicladores, quienes cumplen una función social importante de recolección del papel que desecha la ciudad.

En 1981, la abuela Liévano fallece. La familia cierra su casa con la esperanza que la alcaldía emprenda alguno de los muchos proyectos de recuperación del sector presentados por la ciudadanía.

Pero sucede lo impensable..

Empiezan a llevarse partes de las casas , recuerda Liévano. Los vándalos se llevaban las cornisas, las molduras y hasta los tapices de las paredes .

La policía se negó a intervenir para evitar el saqueo que ocurría a tres cuadras de su estación, dicen Rosillo y Liévano.

En un mes la casa de la familia Liévano desapareció. En una semana se llevaron cinco casas. Se llevaron la fachada, las puertas y las rejas , dice Liévano. Quedó sólo el lote .

El lote y el testimonio de cómo Bogotá al igual que otras ciudades del país abandonó su centro y con él, parte de su memoria.

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