SOLO DIOS PODRÁ SALVARNOS...

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Para ellos la guerra es un demonio que los devorará inexorablemente porque, al igual que la centena de colombianos ilegales que viven en Israel, no están preparados para enfrentar las bombas químicas que exploten en Tel Aviv. Su destino está en las manos de Dios y de Saddam Hussein. Ser pobres, ilegales y colombianos son tres factores que hacen mucho más terrible la situación de preguerra que padecen cerca de tres mil nacionales estacionados en el Medio Oriente, especialmente en Israel, el primer objetivo militar que el Presidente de Irak anunció borrar de la faz de la Tierra, una vez estalle la conflagración, el próximo 15 de enero.

12 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Carmen está asustada. En Tel Aviv, al otro de lado de la línea telefónica, a su fuerte acento santandereano se le cuela el terror de sentirse abandonada a su destino, al igual que su esposo, Rafael, y sus dos pequeñas hijas de cinco y dos años.

Ella nació en Cúcuta hace 23 años, ocho de los cuales los ha vivido al lado de su cónyuge. Lleva en Tel Aviv apenas tres meses, y su mundo de ilusiones se ha ido desmoronando al mismo ritmo y con la misma rapidez con que Hussein ha anunciado sus planes de destrucción total y enfila los misiles con elementos químicos contra el pequeño país judío.

Rafael es un ingeniero graduado en la Universidad Católica de Bogotá. Tiene 28 años. Lleva tres en Israel. Se fue cargado de las decepciones que producen los largos meses en busca de una oportunidad laboral. Dice, con voz queda, que se cansó de pasar hojas de vida cargadas de recomendaciones y de oír después lo llamamos .

Allá trabaja hasta 14 horas diarias en una fábrica de cerraduras. Es un obrero más. Solo que por ser ilegal le pagan el 50 por ciento de su salario real. Sin embargo, logró ahorrar los 1.750 dólares que le costó el tiquete para llevar a su lado a Carmen y a sus dos pequeñas hijas.

Una familia en busca de ilusiones, hoy, es una familia llena de pánico. Del que producen las noticias de guerra que transmiten los canales de noticias. De los avisos de prensa anunciando la muerte. Del que genera la pobreza, el desconcierto y el abandono oficial.

Casi llorando por el teléfono, ella denunció que han sido infructuosas sus gestiones de ayuda ante la embajada de Colombia en Tel Aviv. Nos han dicho que nos vayamos lo más pronto de aquí, pero por nuestros propios medios. Dicen que no tienen presupuesto para ayudarnos. Es imposible que paguemos los tiquetes de ida, lo que Rafael se gana apenas alcanza para pagar el arriendo y comer. Estamos en las manos de Dios, esperando el tanganazo de la guerra , dijo, mientras por la línea se escuchaba el llanto de sus niñas.

Denunció, además, que a otros colombianos les han negado la visa de ingreso a otros países, especialmente en la embajada de Venezuela, por el solo hecho de ser colombianos . Pero los que ha logrado evacuar Israel han viajado a naciones cercanas de Europa, como Suiza.

Ellos quieren salir de Israel, pero no tienen dinero ni quien los ayude. Y lo peor, en el momento de llegar una confrontación armada con Irak, o que las bombas de Hussein traspasen el espacio aéreo israelí y se claven sobre Tel Aviv, los sorprenderá sin más defensas que la ducha de su modesta residencia.

No tenemos ni para comprar una máscara antigás. Una para adultos vale 158 dólares y una para niños 245, algo realmente imposible para nosotros que somos tan pobres , dijo ella.

Carmen y Rafael no saben si van a sobrevivir a la guerra, pero de lo que sí están seguros es de que dentro de dos meses tendrán que salir de Israel, debido a la altísima tasa de inmigración de judíos soviéticos. Hasta el momento, han ingresado 250 mil y se espera que un millón más lo haga en los próximos meses. Nuestros puestos los necesitan para ellos , indicó Rafael.

A pesar de su desconcierto y desesperanza, el embajador de Estados Unidos en Colombia, Tomas McNamara, aseguró que aviones de su país podrían evacuar unos tres mil colombianos que se encuentran en la actualidad en el Golfo Pérsico, en caso de que así se lo pida el Gobierno colombiano.

Esa es la única alternativa que les queda a los cientos de colombianos, que, como Rafael y Carmen, emigraron en busca de un mejor futuro y hoy están en la mitad de la guerra de Hussein. 3.000 colombianos en el Golfo Pérsico La Cancillería reveló que hay más de tres mil colombianos establecidos en la zona del Golfo Pérsico, según los datos de los consulados.

La mayoría están vinculados a empresas multinacionales. Casi todas las mujeres están casadas con extranjeros.

En Arabia Saudita hay 43 personas. En Bahrain vive una colombiana, empleada, y es probable que haya viajado a Estados Unidos.

En Egipto se encuentran 48, sin contar los 500 soldados colombianos acantonados en el Sinaí, que hacen parte de la fuerza multinacional de paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En los Emiratos Arabes Unidos vive una colombiana casada con un egipcio, que trabaja en la aerolínea Egypt-Air y con quien tiene una hija.

En Jordania hay cincuenta registrados en el consulado, pero la cifra puede ser diez veces mayor, al igual que en Egipto, pues los ilegales no se registran por temor a represalias.

En Israel viven cerca de tres mil: cincuenta entre diplomáticos y sus familias, dos mil residentes de ascendencia judía o árabe-palestina, establecidos en los territorios ocupados, y 500 de la comunidad cristiana, con residencia temporal.

Los colombianos en Jordania parecen ser los más favorecidos en caso de guerra, pues la Comisión de las Naciones Unidas para los Refugiados tiene previsto un plan para evacuar a los extranjeros residentes en ese país.

La Cruz Roja Internacional instalará carpas en Egipto para los extranjeros de la zona del Golfo. Los colombianos las tendrían como estación de paso antes de regresar a Colombia, vía aérea, desde El Cairo.

De acuerdo con el comunicado de la embajada de Colombia en Egipto, la Cancillería debe asumir la entera responsabilidad de repatriar a los nacionales, incluyendo los costos. Además, debe preparar un programa de readaptación, pues se presume que muchos regresarán en la más absoluta miseria.

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