EL CORONEL, DE CUERPO PRESENTE

EL CORONEL, DE CUERPO PRESENTE

No fue coincidencia. El día que se estrenó la versión para teatro de El coronel no tiene quien le escriba, del grupo venezolano Rajatabla, llovió en Bogotá despacio pero sin pausas , como en Macondo. Fue el 14 de mayo. Ese martes, el Coronel salió de las páginas de los libros y encarnó en el actor José Tejera. Alto, desgarbado, de pelo cano y con acento caribeño en cada una de sus palabras. Así debe ser el coronel. Por lo menos eso se desprende de las declaraciones de Gabriel García Márquez al periódico mexicano La Jornada, el miércoles 24 de agosto de 1989, cuando le preguntaron si reconocía a sus personajes. No los reconozco, los conozco. No los había conocido, los conocí ahora. Yo me imaginaba cómo eran, pero nunca los había visto. Ahora los vi .

18 de mayo 1991 , 12:00 a.m.

Según cuenta Tejera, este fue uno de los momentos más importantes en la historia de Rajatabla. Al culminar la presentación, García Márquez bajó a saludar al elenco. Los espectadores que asistieron a esa función no sabían a donde mirar. Repartían su atención entre el escenario y el puesto donde estaba Gabo . Nadie deseaba perder un solo gesto de aprobación o desagrado del escritor.

Ese día también llovió, porque siempre llueve en el Macondo de Rajatabla. A veces aguacero, a veces llovizna. En el escenario, el agua golpea el marco de la puerta y la ventana de la casa donde habitan el coronel, su esposa y un gallo.

Tras esas cuatro paredes, el Coronel lleva 56 años esperando una pensión que nunca llega. Todos los viernes va a la oficina de correos a averiguar por su carta. Esta esperanza, casi indecente, es como la de nosotros los latinoamericanos , afirma Carlos Giménez, director del grupo.

El trabajo de Rajatabla comenzó hace dos años cuando fueron invitados a participar en el Festival de dos mundos , en Espoleto (Italia). Fue un honor para los teatreros de Rajatabla, primeros latinoamericanos que lograron esta distinción en los 32 años de historia del Festival.

Sin embargo, los organizadores pusieron dos condiciones. La obra tenía que ser de García Márquez y estrenada en Espoleto.

Carlos Giménez se inclinó desde el principio por El coronel no tiene quien le escriba, obra que considera la mejor del Premio Nobel colombiano.

García Márquez, al conocer el propósito del grupo, les comentó que era el menos teatral de sus escritos. Les aconsejó que intentaran con Crónica de una muerte anunciada.

Desoyeron el consejo. Giménez afirma que Cien años de soledad le dio fama a García Márquez, pero fue en El coronel no tiene quien le escriba donde hizo literatura .

El trabajo fue arduo. García Márquez leyó dos proyectos de guión antes de aceptar el tercero.

En Latinoamérica, el Grupo Circular del Uruguay tenía los derechos para teatro de la obra. Fue necesario negociar con la representante de García Márquez, Carmen Balcells, para evitar cualquier problema legal.

La obra se presentó por primera vez en el Teatro Nuovo de Espoleto, con excelentes comentarios. Según los miembros de Rajatabla la expectativa que crearon fue enorme. El Coronel se agotó en la librerías de la pequeña ciudad italiana.

La imaginación caribeña descrestó a los europeos. Un periódico italiano, impresionado por el efecto de la lluvia contra el marco de la puerta, afirmó: Este grupo es dueño de una gran tecnología hidráulica . La realidad es bien distinta y bastante simple. El efecto se logra con dos mangueras similares a las que utilizan los bomberos. Una gota de realismo mágico pero a la inversa.

En el montaje de Rajatabla todo gira alrededor del Coronel dice Giménez. Las paredes van y vienen para darle entrada a la oficina de correos, la casa del Compadre Sabas, y la gallera, donde la esperanza se debate con la frustración. Pasado, presente y futuro son relativos, como en la teoría de Einstein. Lo único permanente es una hamaca y el coronel.

Rajatabla lleva dos años presentando la obra en todas partes del mundo. Doscientas funciones ante un público diverso y heterogéneo. La 201 fue como regresar a la primera. Esta vez los espectadores eran los compatriotas de García Márquez, los habitantes de Macondo. Los actores respiraban nerviosismo. En pleno mediodía cantaron los gallos, desubicados. La rápida rueda de prensa dio paso al ensayo general.

A los 8:30 p.m subió el telón del Teatro Nacional La Castellana. La lluvia mojó la ventana de la habitación del Coronel. Hora y media después, emocionado, el público aplaudió de pie... Por fin vieron al Coronel.

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