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DALÍ: PERSISTENCIA DEL RECUERDO

DALÍ: PERSISTENCIA DEL RECUERDO

Quizás no haya parajes más disímiles que Figueres, una montañosa población agrícola de la región de Cataluña, situada en las estribaciones de los Pirineos españoles, y St. Petersburgo, un típico poblado norteamericano ubicado justo en medio del estado de la Florida, sobre la costa del Golfo de México. Aun con sus restaurantes de comida rápida, la ciudad estadounidense tiene un elemento que la liga con su contraparte europea; una coincidencia, un punto en el que sus líneas se tocan, una sola palabra que se expresa por sí misma: Dalí.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
25 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

Es muy probable que Salvador Felipe Jacinto Dalí y Domenech, el joven y ambicioso pintor nacido en Figueres, que en el primer cuarto de este siglo veía el mundo de una forma más que realista, jamás hubiera imaginado que muchos años después, una de las más completas muestras de su trabajo durante más de cuarenta años estuviera abierta en una población casi desconocida e, incluso, en los ámbitos del mismo Estados Unidos.

Quizás tampoco los habitantes de esta pintoresca ciudad --una de las muchas con gran población de jubilados que existen en el centro y sur de la Florida-- llegaron a imaginar algo similar. Lo cierto es que esta urbe, vecina de Tampa y a pocas horas en auto de Miami, no solo ofrece el escaso ambiente turístico no multitudinario de Estados Unidos, sino un motivo de vista con propósito claro.

Allí, en una construcción de líneas simples de un blanco contrastante con el azul intenso del Golfo de México, el museo Dalí de St. Petersburgo atesora 93 óleos, más de 100 acuarelas y dibujos, cerca de 1.300 obras y documentos, junto con una extensa biblioteca y un archivo sobre la vida y obra del artista catalán.

Aunque gran parte de la exposición está constituida por óleos, éstos son solo el comienzo de una completa colección. También hay libros ilustrados, ensayos, poemas, diseños de ropa, muebles, ballets y óperas, creados por el artista y una completa documentación que muestra a Dalí como uno de los mayores artistas del siglo XX.

Esta exposición que no tiene igual en alcance y diversidad, fue donada al pueblo de la Florida por Reynolds y Eleanor R. Morse, coleccionistas conmovidos y eruditos de la obra daliniana.

La muestra contiene una impresionante retrospectiva de los trabajos del maestro surrealista y es el resultado de 47 años de fiel dedicación de los esposos Morse. Incluye muchas piezas surrealistas del principio de la década de los años treinta por las cuales Dalí es más conocido.

La muestra permanente ofrece un panorama de la diversidad creativa del pintor durante su evolución. El impresionismo y el cubismo; su período de transición, el famoso surrealismo, y sus últimos trabajos en los que muestra su preocupación por la religión y la ciencia.

Tributo de amistad La primera vez que los Morse vieron el trabajo de Dalí fue en 1941, en una exhibición itinerante. Dos años después compraron el primer cuadro, por el cual pagaron US$ 1.250 y US$ 1.500 por el marco, que era una antigedad holandesa, seleccionada especialmente por Dalí.

Fue allí cuando decidieron conocer al extravagante pintor y pactaron una cita en Nueva York. Solo un año después, ya tenían tres cuadros más, lo cual parecía una locura.

Aunque la pareja estuvo interesada en las obras de Picasso y Magritte, Dalí siempre fue más estimulante. Según los expertos, la colección de óleos tiene un costo superior a los US$ 350 millones y no se adquirió con fines de lucro. De los óleos coleccionados durante más de 40 años, solamente se vendió uno, por petición expresa de Dalí.

Cuando los Morse fueron de visita a España, poseían 20 cuadros, más que cualquier otra persona o institución en el mundo. Su labor de cuidadoso seguimiento de la obra del artista se dedicó también a conseguir los primeros ensayos artísticos, de manera que actualmente es la mejor fuente de información a nivel mundial.

La colección se abrió al público en marzo de 1971 en el ala de un edificio de negocios en Ohio. Cuatro años más tarde, el volumen de la misma y los impuestos amenazaban la galería, así que comenzaron la búsqueda de un museo a quien donarla, con la condición de mantenerla junta.

En un principio ninguno aceptaba esos términos. A comienzos de 1980, un artículo en el Wall Street Journal captó la atención de un abogado de San Petersburgo, James W. Martin, quien de inmediato consiguió el apoyo de los habitantes.

La labor de convencimiento fue difícil, porque Austin, Texasy Denver, Colorado, también la querían en su jurisdicción; pero el trabajo de Martin fue más eficaz para conseguir dos millones de dólares para el manejo de la sede.

Fue así como en noviembre de 1980 la preciada carga llegó a un antiguo almacen de este poblado y creó un surrealista punto de atracción en el mapa de la Florida.

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