LA REGISTRADURÍA Y LA DEMOCRACIA

LA REGISTRADURÍA Y LA DEMOCRACIA

La forma mediante la cual la democracia se hace posible, son las elecciones. Por ese procedimiento las mayorías participantes definen a los dirigentes, las posiciones y el contenido de las normas y reglas de juego con las cuales se gobernará a toda la sociedad. En ese sentido, los que no participan se someten a que otros les definan su vida. Por eso no hay nada más negativo y triste en la existencia política del ser humano que no ejercer sus derechos al voto. Pocos de los abstencionistas lo hacen realmente porque no creen en el Sistema y desean otro mejor. Para que las elecciones se puedan llevar a cabo, se requiere una organización que maneje un sistema de participación masivo y extendido a todos los rincones del país. Esto significa un gran método de información que haga posible de manera veraz, transparente y oportuna, conocer la decisión de millones de personas por sus preferencias políticas. Un sistema de esa magnitud requiere ser manejado con modernas tecnologías, ello es con

26 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

En los últimos años la Registraduría Nacional se ha venido modernizando, con grandes limitaciones económicas y en consecuencia, con grandes limitaciones tecnológicas. Esta fundamental institución para la democracia, no ha sido objeto de gran atención por parte del Ejecutivo y de los más interesados, los partidos políticos. Sólo se acuerdan de ella en el momento de las elecciones.

Los equipos de computación que posee son insuficientes y en consecuencia para cada elección se contrata con particulares la entrada de los datos al sistema. Eso equivaldría a que los bancos o corporaciones financieras contratasen la entrada de datos de sus movimientos en ventanilla con particulares. Qué tal?...

Por otra parte, el sistema de programación está escrito en lenguaje Cobol, lo cual equivaldría a decir que García Márquez escribe sus obras en arameo o latín.

No tiene el sistema bases de datos, lo que equivaldría a entrar a una biblioteca a hacer una consulta sin que existan ficheros de referencia. Además, el manejo de los archivos se hace sin controles ni auditorías externas ni internas. Antes el sistema puede más o menos funcionar! Frente a esa realidad, la ciudadanía no puede olvidar que hace unos meses algunos de los congresistas del país negaron la posibilidad de automatizar la votación y establecieron la grotesca figura distorsionante de que los votos en blanco no se suman para establecer el cuociente electoral.

La Registraduría no ha contado con el respaldo ni los recursos para modernizar el sistema de almacenamiento de las tarjetas de registro de las cédulas de los colombianos. No fue suficiente la experiencia de la Corte Suprema de Justicia para aprender el gran daño que significaría para el país si se queman los archivos hechos en papel y no en medios de seguridad mayor. En síntesis, la Registraduría ha avanzado pero no ha llegado a los años 50 del siglo XX.

En ese contexto hay que ubicar la actual realidad de las elecciones en Colombia, agregándosele otro problema: el de las emisoras que, queriendo cumplir la misión de informar, terminan distorsionando y confundiendo a la ciudadanía con datos no oficiales, pero con la pretensión de serlo.

Por todas estas limitaciones es por lo que se producen hechos que degradan la valoración ciudadana por el proceso electoral. Se necesita darle mayor importancia a la institución, financiarla, modernizarla y proporcionarle un claro régimen legal.

No me cabe duda de que las actuales elecciones han sido manejadas limpiamente, es decir, sin dolo y con buena fe por parte de la Registraduría, pero ha habido deficiencias tecnológicas, descuidos operativos y su proceso se ha realizado sin auditoría. Esto hay que corregirlo, para que las elecciones presidenciales de mayo se efectúen de manera totalmente transparente. El tiempo es muy corto para hacer grandes cirugías, pero es suficiente para que se tomen medidas. El Consejo Nacional Electoral debe involucrarse en toda esta problemática.

La moraleja más clara de esta experiencia consiste en reconocer que es imposible vivir hoy sin entender y atender la más poderosa fuerza dinamizadora de la existencia operativa de la sociedad contemporánea: la informática.

La consideración de que como el problema es técnico hay que dejárselo a los técnicos, es una grave equivocación. Hoy nada funciona en la sociedad sin computadores y sin software. Estos, quiérase o no, influyen determinantemente en las posibilidades democráticas del hombre.

El gran reto del futuro está en lograr la completa automatización del voto, de manera que el ciudadano no sea víctima de las torpezas de los sistemas manuales, sin necesidad de inscripciones, ni diligencias previas.

Urge también una gran campaña de didáctica política para instruir acerca del proceso de elecciones, sobre todo a nuestra población campesina y a los analfabetos.

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