UN PERIODISTA DE TODO CORAZÓN

UN PERIODISTA DE TODO CORAZÓN

Si le va bien, José Cervantes Angulo tendrá cinco años más de vida. Y él lo sabe. Es tal vez el único periodista en el mundo que con corazón trasplantado ejerce a plenitud esta profesión, caracterizada por las carreras, la preocupación y el estrés. No siente angustia de morir, pues ha hecho todo lo que ha querido. Esta vida extra hay que vivirla bien, pero sin excesos, tratando de estimular a otros a que sigan en la lucha y no flaqueen , sostiene.

26 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

No se ha vuelto a enamorar (su esposa vive en los Estados Unidos), sino que se ha dedicado a criar a sus hijos (tiene seis y tres nietos) al lado de su madre, Sofía, y una hermana.

Vive en el barrio Los Nogales, al norte de Barranquilla, donde tiene dos máquinas de escribir y unos cinco mil libros. Su sala está repleta de fotografías en momentos en que recibe premios y distinciones. Le gusta la música clásica, estilizada, y lee bastante.

Cervantes, quien pasó parte de su niñez acompañando a su padre, que era operador de una draga en el río Magdalena, y sólo pudo terminar su bachillerato porque se casó muy joven, recibe con jovialidad las visitas. Dice que lleva una vida normal, pero no puede comer grasas sino frutas, carnes magras y asadas, y debe mantener un peso de cien kilos.

Ha tenido los contratiempos normales en operaciones como la suya, como los rechazos y enfermedades por baja en las defensas, pues es propenso a adquirir virus y microbios. Acude semanalmente al Instituto de los Seguros Sociales (ISS) y a donde su médico, el cardiólogo Rodolfo Vega Llamas, quien descubrió la enfermedad de su pasado corazón (cardiomiopatía dilatada, que consiste en que se agranda cada vez más).

Celebra su cumpleaños dos veces: el primero de noviembre, para recordar que llegó al mundo hace 49 años en el barrio Abajo de Barranquilla, y el 22 de diciembre, cuando le cambiaron su corazón enfermo por el de un hombre de 22 años, Omar Yépez, quien falleció en un accidente de tránsito.

Siente que forma parte de la familia de Yépez, unos humildes paisas que le dicen cada 22 de diciembre que oran fervientemente por su salud porque sienten que su hijo sigue vivo en él.

José es todo corazón en su nueva vida. En el trance se hizo un autoexamen, vio que había cometido muchos errores y decidió enmendarlos.

El trabajo es vida Es uno de los dos editores de la edición dominical de El Heraldo, de Barranquilla, donde ha trabajado durante 22 años y aspira a jubilarse. Fue corresponsal de EL TIEMPO por diez años, hasta 1982, y hoy mantiene una actividad intelectual tan prolífica como en los tiempos en que escribió sus cinco libros, una montaña de notas periodísticas y multitud de informes, reportajes o notas para radio y televisión, que le valieron varios premios de periodismo.

Su rutina ha cambiado, pues antes era un periodista inquieto que viajaba mucho y tenía una vida social intensa. En verdad, no parece haber cambiado tanto. Está en el estadio, en los clásicos infartantes; apoyando a sus compañeros en los asuntos del día porque su agite para la edición dominical son los viernes y sábados, haciendo reportería por teléfono, recorriendo las calles, viendo películas de terror y bailando en las fiestas, aunque no toma ni fuma.

Un día normal de trabajo empieza a las 5 de la mañana, cuando se levanta a oír noticias y leer los periódicos. Hace algunos ejercicios, desayuna y luego sale a echar una vuelta por la ciudad. Llega a la redacción de El Heraldo, entre las 9 y las 10, en donde para la mayoría de sus compañeros jóvenes se convierte en el maestro.

Es prodigiosa la forma tan rápida como hace las cosas , comenta Alix López, de la seccion económica. A Laurian Puerta, con quien comparte responsabilidad en la edición dominical, le llama la atención el que un hombre en sus circunstancias se vea tan encarretado en sus proyectos periodísticos y literarios. Su imaginación asombra a todos. El mismo dice que tiene la ventaja de que las fuentes no se le niegan porque se interesan por su salud y ahí mismo le pide los datos que busca.

Quería vivir No rehusa contar su experiencia. En 1987, tras dejar el cargo de jefe de prensa del entonces gobernador Fuad Char, comenzó su problema con el corazón, pues sufría de hipertensión. En el ISS le decían que era estrés, nada serio.

Pero en vista de que seguían los problemas, y ante un primer diagnóstico de que la cosa era seria, viajó a Estados Unidos a finales de 1990 y comienzos de 1991, y allá el médico barranquillero Enrique Hannavergh confirmó el diagnóstico y le dijo que si no se operaba pronto, corría el riesgo de morir. La cardiopatía se le manifestaba con sudoración, dolores de cabeza y asfixia.

De dónde sacar el dinero si en Estados Unidos la operación costaba en ese entonces 100 mil dólares? Sus deseos de vivir pudieron más. Sentía que faltaban muchas cosas por hacer y eso lo llevó a buscar contactos con varias personas, entre ellas la entonces directora general del ISS, Cecilia López Montaño.

Y se fue para Medellín, donde se encontró con colombianos talentosos en la Clínica Santa María pero tuvo que esperar durante ocho largos meses al donante. Fue muy cruel llegar a la certeza de que alguien tenía que morir para que le diera un soplo de vida. Pero le dio fuerzas concluir que no podía hacer nada para evitar la muerte de su salvador.

Escondía su profesión y sus antecedentes para no llamar la atención hasta cuando, después del transplante, llegaron sus colegas a entrevistarlo, y él mismo, con su puño y letra, escribió 15 días después de la operación unas crónicas describiendo su experiencia, las cuales fueron publicadas por El Heraldo, con fotografías tomadas por uno de los porteros. Entonces todo el mundo se enteró de que se trataba de un periodista.

Pluma fluida José Cervantes está culminando dos nuevos libros. Uno es Vivo con un corazón ajeno , la historia de su caso, que publicará en seis meses el Círculo de Lectores, y el otro es la biografía del narrador deportivo Edgar Perea, que saldrá antes del Mundial de Fútbol.

En el primero le dedica un capítulo a los médicos que lo atendieron, en particular a Alberto Villegas ( El hombre que ayuda a Dios ), pionero en los transplantes de corazón, y quien ha operado a cincuenta personas, de las cuales cuarenta viven; y a Carlos Tenorio, que lo atendió antes y después de la operación y es un caza-corazones.

Anteriormente le han publicado Subversión, itinerario siniestro de las luchas guerrilleras en América Latina ; Yo, el Magdalena (Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 1989); Asesinato en el país del cóndor ; y La noche de las luciérnagas .

Se ha ganado dos premios CPB, tres Simón Bolívar, tres segundos lugares de Simón Bolívar y el Pedro Joaquín Chamorro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

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