MONTECRISTO, UNA POBLACIÓN CON ESTIGMA

MONTECRISTO, UNA POBLACIÓN CON ESTIGMA

Las secuelas de una guerra van mucho más allá de la destrucción causada por los balazos o por los bombardeos; más allá de los hombres mutilados, los niños huérfanos y las viudas desconsoladas.

08 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Quémenlo!, Préndale fuego!... Candela! , gritan a veces los pasajeros de los jeeps o camperos que son usados a manera de taxis en los municipios de Bolívar, cuando se cruzan en la carretera con un bus de transporte interdepartamental.

Lo que para ellos no pasa de ser un chiste lleno de humor negro (negrísimo), para los propietarios de las compañías de buses representa la ruina y la quiebra, así como el desempleo y el hambre para cientos de trabajadores, debido a la quema de decenas de vehículos con los que producen el dinero para subsistir.

Tiempo Caribe fue testigo de uno de estos malos chistes cuando apenas se iniciaba el viaje a Montecristo para cubrir los detalles de la guerra que se vive en este municipio enclavado al pie de la Serranía de San Lucas.

A medida que se avanza hacia el Sur de Bolívar, la tensión aumenta. Ya en Magangué, un hombre que viajaba en el mismo bus en el que iba el personal de la prensa, dijo sin preámbulos: Van para Montecristo, verdad? y, a continuación, sin esperar una respuesta para su pregunta--afirmación , puso en su cara una de esas expresiones que hacen pensar que uno se está dirigiendo a un funeral o un lugar donde le aguarda la desgracia.

Les aconsejo que no se metan en ese polvorín , fue el comentario del hombre al despedirse, cuando se levantó de su asiento para pedirle la parada al conductor del bus.

Para llegar a Montecristo desde Magangué, el medio más expedito --y casi que el único-- es la chalupa, pero todas las embarcaciones deben detenerse al llegar a Guaranda, luego de tres horas de navegación, primero por el Río Magdalena y, después, por el Cauca.

Hermoso y tétrico La escala en Guaranda, antes de seguir en viaje a Montecristo, es necesaria para aprovisionarse de más combustible pero, por estos días, no es nada seguro que se pueda continuar adelante con esta travesía.

En primer lugar, no hay muchas personas dispuestas a subir a Montecristo últimamente, así que de Guaranda no salen chalupas regulares de pasajeros hacia ese destino.

Si para el viajero resulta urgente llegar a Montecristo, éste debe asumir el costo que representa alquilar una chalupa expreso , la cual tiene un valor que usualmente oscila entre los 400 mil y 500 mil pesos, dependiendo de los últimos rumores que hayan llegado sobre la guerra que se libra en ese municipio y sus alrededores.

Estos rumores están en boca de todos. Al menos, de todos los guaranderos, quienes durante estas madrugadas han sido espectadores inopinados de un espectáculo que ellos califican de hermoso, pero triste y tétrico : ver en las madrugadas cómo los montes de la Serranía de San Lucas (al otro lado del río Cauca) se iluminaban con cada nueva detonación, causada por los bombardeos de la Fuerza Aérea, mientras las casas de Guaranda se estremecían por la onda explosiva.

También fue usual, durante las pasadas noches, el ver las luces de bengala que lanzan al aire las tropas para enviarse señales e informar sobre sus avances y sus retrocesos por la accidentada región. Todo un escenario de guerra.

Así las cosas, no resulta fácil encontrar un chalupero dispuesto a seguir hacia Montecristo.

Es frecuente que sus embarcaciones sean retenidas y que ellos mismos sean puestos al servicio de las fuerzas que se disputan el dominio de la región --llámense estas fuerzas paramilitares o asesores externos; guerrilleros o militares--.

Quien tiene el fusil es quien manda , explicó de manera breve, pero clara y precisa, uno de estos navegantes fluviales, quien no quiso dar a conocer su nombre por obvias razones.

La Ciénaga Grande Una vez vencidos estos obstáculos, ya en camino de Guaranda a Montecristo, es fácil que al viajero le cueste creer --cuando se interna por las ciénagas y los caños que rodean a Montecristo-- que un lugar tan hermoso (la hermosura es la belleza en grado superlativo o enorme y los alrededores de Montecristo bien merecen este adjetivo) pueda estar tan lleno de odio y violencia.

La biodiversidad de especies tanto de la fauna como de la flora en la ciénaga de Montecristo (que en los mapas se denomina Ciénaga Grande ), así como en su entorno; las fértiles quebradas y los imponentes cerros de San Lucas, hacen pensar al recién llegado que se halla frente a una de las potencias mundiales del ecoturismo.

Pero, cuidado llega a poner su pie donde no debe al bajarse de la chalupa, extasiado por tanta belleza a su alrededor!, porque puede perder una pierna o, en el peor de los casos, la vida misma, por pisar una mina.

Así lo advierten sin ambages los militares apostados en los distintos retenes fluviales que se encuentran a lo largo de la vía acuática que conduce a Montecristo. Una pierna de palo no viene mal , comentó un infante de la Marina. Otro chiste malo! Una vez se desembarca en Montecristo --un pueblito cuyas atractivos definitivamente no están en sus pobres construcciones ni en sus humildes ranchos-- resulta un ejercicio tensionante caminar por las calles.

Es preciso moverse con mucho cuidado, preferiblemente por los escasos tramos pavimentados o por donde se ven las huellas de las botas de los militares, para no pisar una de las trampas que dejaron los del Erp.

Por todo lo anterior, resulta apenas lógico que a medida que el viajero se aleja de Montecristo, sienta que deja atrás un lugar infernal, un sitio estigmatizado, y no el paraíso que debería ser este municipio de acuerdo con sus tesoros naturales.

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