EL EMPLAZAMIENTO

EL EMPLAZAMIENTO

Hay actitudes que son reveladoras de una formación, de una tradición y de una cultura. El cuestionario que me hizo remitir el senador Nader Nader, con el emplazamiento de la Comisión V del Senado, no solo atropella la sintaxis, sino también la dignidad de la prensa. Y la del Congreso, de paso. No se pueden formular ciertas preguntas sin caer en la difamación. El periodista profesional no estará obligado a revelar sus fuentes , dice la ley 51 de 1975. El secreto profesional es inviolable , dice el artículo 74 de la Constitución. Son normas constitucionales o legales muy claras. Salomón Nader, caminando sobre la Constitución con botas muy gruesas, ignorando declaraciones del Círculo de Periodistas de Bogotá y de la Sociedad Interamericana de Prensa, pretende acogerse al artículo 137 de la Carta, que solo concede al Congreso la facultad de convocar a un ciudadano, para atropellar fueros universales de la prensa. Si un cuestionario va en contravía de la ley, no puede ser atendido por

26 de marzo 1993 , 12:00 a.m.

Detrás de este caso, lo que veo surgir es la confrontación entre dos Colombias: una, el viejo país respetuoso de la ley, de la palabra escrita, de los principios, de las ideas, de la forma; y la otra, la Colombia de los arbitrarios, de los voraces, de los emergentes, que todo lo presumen comprable y que actúan con la brutalidad de un capataz.

Yo vengo, como millones de colombianos, de la honesta, antigua y profunda Colombia rural. Mi padre fue senador, como Salomón Nader. Hombre pobre y de principios (por ellos fue 13 años al exilio), perdía dinero editando revistas de ideas y poemas piedracielistas. Nunca realizó contratos con el departamento del cual era jefe liberal. Sus hijos tampoco. Heredamos su vocación y su falta de astucia comercial. En su pueblo boyacense de brumosos atardeceres, mi abuelo leía tratadistas franceses de Derecho y mi bisabuelo, otro hombre modesto, autores antiguos, por culpa de los cuales bautizó a su hijo mayor con el nombre estrambótico que, por herencia, llevo encima.

El senador Nader no parece haberse formado bajo tal influencia cultural y el peso de esos valores. Su ámbito es otro. Cierto toque despótico y un sentido mercantil, de pronto muy antiguo en su caso, inspiran evidentemente sus crudas suspicacias. Cuánto dinero le dieron?, me pregunta. Es como si todo, inclusive la conciencia de un periodista, fuera considerado por él como una mercancía negociable.

Por convicción, y no por otra cosa, me ocupé de Cerromatoso. Creo que el senador Nader y su compadre (lo son de verdad), el ministro de Minas, Guido Nule Amín, con cierta desmesura en su afán de obtener cuantiosas regalías, han perjudicado gravemente al país y al departamento de Córdoba. Tratando de sacarle más huevos a la gallina de los huevos de oro, la estrangularon.

La compañía Cerromatoso S. A., que asocia al IFI y a la Shell, se propuso construir un segundo horno para la explotación del níquel. Ganaba ella, desde luego, al aumentar su producción en un 50 por ciento; ganaba el país, con mayores reintegros por exportación y mayor recaudo de impuestos; ganaba Córdoba: más regalías, más empleo, mayor utilización de contratistas locales y una inversión nueva, en su territorio, de 135 millones de dólares.

Un ministro competente y honesto (también él de la Colombia profunda), Juan Camilo Restrepo, llegó a un acuerdo con la compañía, muy ventajoso para el país: incrementaba en un 61 por ciento el monto de las regalías. No puso a negociar a caciques regionales, sino a técnicos responsables. Dejó el acuerdo listo para la firma de su sucesor. Y su sucesor, el señor Nule Amín, lo desconoció. Desconocerlo, tras meses de laboriosas negociaciones, ha sido grave para el prestigio de Colombia entre los inversionistas extranjeros, porque nada es más contraproducente para el país que modificarles a éstos, con cada cambio de ministros, las reglas del juego.

Nule Amín guardó en su escritorio el convenio dejado para su firma por Juan Camilo Restrepo y apareció con otro, seis meses más tarde, aumentando las regalías de un 8 por ciento a un 16 por ciento sobre la producción que excediera 43 millones de libras; imponiendo un examen anual de los planes de extracción de mineral y, cosa estrambótica, delegando esta función en ese nido de caciques y clientelistas que es una gobernación de Córdoba. Ante semejantes exigencias, la compañía congeló el proyecto. En realidad, lo amortajó. Quedó muerta la gallina de los huevos de oro. Detrás de estas exigencias, es muy probable que estuviese Salomón Nader. El compadre, el ministro y el suegro de su secretario general, Rafael Anaya. En todo caso, en el convenio presentado por el ministro Nule quedaron muchas cosas propuestas por el senador.

En sí ello no es reprochable, si Salomón Nader no tuviese ideas algo estrafalarias sobre Cerromatoso. El senador abruma a sus desamparados colegas con un alud de cifras. Ostenta un vistoso y a lo mejor influyente nacionalismo. En su proyecto de ley de regalías, del cual es ponente, propone que las nuevas regalías de Cerromatoso suban a 12.5 por ciento, dejando una parte de ellas a cargo del IFI, lo que es inconstitucional, pues las regalías corren por cuenta del explotador del recurso y no del accionista. Nader evalúa el costo del material en boca de mina, deduciendo solo los gastos de manejo, transporte y portuarios, como en el carbón o el petróleo, y no los de procesamiento, que son muy altos, lo que falsea el estimativo real de las regalías. También, cosa insólita en la historia mundial de la minería, fija por ley un precio mínimo del níquel como si este no estuviese regulado por el mercado internacional. Es lo que podría hacer un Mobuto o cualquier otro general africano al frente del poder con resultados catastróficos. Finalmente, en su suicida ley de regalías, establece de hecho una expropiación a Cerromatoso, imponiendo que para cualquiera nueva instalación (como sería el caso de un segundo horno), el 65 por ciento de las acciones sean de la Nación.

Los contratos de asociación solo son viables dando y dando, de lado y lado, y no extorsionando al socio. Pedir cosas desmesuradas para que algo quede en la rebaja, debe ser una astucia aceptable en una plaza de mercado. Pero no es un procedimiento recomendable con la inversión extranjera, que ante semejantes pretensiones simplemente abandona a Colombia como país incierto y poco seguro en todo sentido. Que un alegre senador, desaforadamente, quiera obtener para los municipios donde ejerce un cacicazgo el máximo de regalías, sin una clara visión del interés nacional, se explica. A lo mejor está en su derecho. Pero que un ministro le acolite semejantes locuras, con el único resultado de liquidar un gran proyecto industrial, y solo para no llevarle la contraria a su querido compadre, es menos comprensible. Qué es lo que hemos ganado con ello? Qué gana el país y qué gana el departamento de Córdoba con el abandono de este segundo horno? Además, queda otra pregunta: Qué se han hecho los 48 millones de dólares que ha recibido Córdoba por concepto de regalías? Alguien se interesó en este tema. Decidió investigarlo: el doctor Amaury García Burgos. Fue asesinado, y su familia y sus amigos no dudan de que fue como consecuencia de esta investigación emprendida por él. Es de esperarse que el Fiscal, el Contralor y el Procurador adelanten las correspondientes investigaciones. El doctor Amaury García era un hombre limpio. Pertenecía a la vieja Colombia de rigores y principios. Y tenía por este problema las mismas inquietudes que he expuesto.

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