LAS LUCHAS DE MILOS

LAS LUCHAS DE MILOS

Uruguay y Argentina en San José!! Conoce usted el estilo uruguayo?

15 de marzo 1998 , 12:00 a.m.

El pequeño cartel rosado, aún en buen estado después de 47 años, comienza con estas dos frases. Se anuncia el gran clásico de la fecha de algún domingo de 1951: Cúcuta Deportivo Vs. Deportes Quindío. En el primero jugaban cinco uruguayos que salieron campeones mundiales con su selección en el Maracanazo de Brasil. Y el rival de turno era el equipo de Armenia, con algunos jugadores de la Selección Argentina. Era la época de El Dorado en Colombia.

El quinteto de charrúas era de lujo: Schubert Gambetta, Eulises Terra, Eusebio Tejera, Juan Tulic y Juan Taibo. En la cuarta línea aparece otro nombre: Draigolovich (realmente es Dragoilovich, y su nombre es Milos). Seguido se lee, en el papel tamaño carta: el más peligroso y efectivo delantero .

Cuarenta y siete años después, el dueño del elogio saca el cartelito de un sobre de manila. Lo mira... Cierra los ojos y comienza a hablar. Una tras otra; las anécdotas van saliendo con su gruesa y profunda voz. La claridad mental es convincente, al igual que su español. Y tiene que ser así, pues Milos Dragoilovich es el traductor del actual técnico de Santa Fe, Slodovan Zecevich, que esta tarde enfrenta en El Campín a Bucaramanga, subcampeón de Colombia.

Su historia va más allá en Santa Fe: fue jugador en el 55 (del Cúcuta pasó a Deportivo Samarios y luego aterrizó con los rojos) y, tras su retiro, se convirtió en socio. Además, introdujo la escuela yugoslava de técnicos a finales de los sesenta. Y ahora es traductor y padre espiritual del grupo.

Milos Dragoilovich nació el 21 de noviembre de 1927 en Kraguevac, ubicada a 80 kilómetros al sur de Belgrado. La fiebre por el fútbol es entendible. Allí existen cuatro equipos: uno de primera división, dos de tercera y una de cuarta.

Agua por pan Milos no solo habla del fútbol. Antes de cumplir 15 años ya era guerrillero de su patria contra la Alemania Nazi, en la Segunda Guerra Mundial. Después salió exiliado en el régimen del mariscal Tito y vio muchos amaneceres desde un campo de refugiados italiano. Su nueva familia estaba integrada por sus compatriotas anticomunistas en la Guerra Fría.

Pero sentía que sus verdaderos hermanos eran quienes amaban el fútbol. Sólo así se divertía. Y jugaban por un pedazo de pan. No como ahora, que todo es plata , afirma. Cuando se integró la Selección Yugoslavia de exiliados, el pago al sudor dejado en la cancha era un pedacito de la comida donada por el resto de 28 mil compañeros de destierro en Tranif, una ciudad entre Salerno y Nápoles.

Recuerda un día en especial. Ganaron un partido y ese día, el presidente de la Selección les dijo: Va a haber fiesta . Después de un par de horas regresó con comida... Había vendido tres tubos de agua que arrancó del camerino.

Llegada a Perú Y aunque la orden de Tito era hacerle la vida imposible a esos apátridas traidores del régimen , el panorama mejoró y los aliados de la Guerra los liberaron y les dieron becas y empleos. Corría el 47. Milos jugó en la segunda división del Ternana, el equipo de Terni. Luego embarcó para Alemania un par de meses. Pero decidió probar suerte en América, y tras un viaje de cuatro meses llegó al Perú.

En Lima trabajó en una fábrica textil. Ya en Milán había adquirido el título de técnico en esta especialidad. Y el dueño tenía un equipo aficionado. De paso, era uno de los socios del club Sport Boys. No podía decir que ya había jugado, pues llevaba cuatro meses sin entrenar, los mismos que duró su viaje.

Le ofrecieron jugar como profesional, pero tenía un impedimento: por ser exiliado, el castigo de su gobierno era una prohibición mundial. La FIFA, sin embargo, quiso ser autónoma y no atendió esa ley. Después de dos años, cualquier exiliado podía jugar fútbol profesional. Ciento sesenta días después de llegar a Perú ya era parte del Sport Boys.

Aún recuerda a su primer técnico: Juan Huapaya, el mismo que entrenó una Selección Colombia en unos Panamericanos a mediados de la década de los cuarenta.

El Dorado El viento despeina el blanco cabello de Milos, pero se lo acomoda con la mano izquierda. Recuerdo el debut contra Alianza Lima. Ganamos 5-1. Ese día hice dos goles . Actuaba de 10. En ese tiempo esa camiseta correspondía al interior izquierdo.

Llegó el llamado de El Dorado . La época, a comienzos de los 50, donde varios de los mejores del mundo vinieron a Colombia. Había 293 extranjeros de doce nacionalidades (Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú, Chile, Italia, España, Austria, Checoslovaquia, Hungría, Rumania y Yugoslavia). Colombianos? Sólo 153.

Hace una nueva pausa. Enciende un cigarrillo en la oficina del cuerpo técnico de Santa Fe, en La Florida, en el occidente bogotano. Cuando fumo, trabajo mejor. En un experimento médico descubrieron que funcionan bien mis sensores cerebrales y la imaginación se me vuelve más intensa .

Cariño rojo Milos se encariñó con Santa Fe por el color rojo, pues su primer equipo en Yugoslavia tenía un uniforme similar.

Observa una foto del 50 de Perú. Mire cómo se define. El peso del cuerpo -explica- hace la buena dirección de la bola. Eso lo aprendí de Ferenc Puzkas . Ese día ganaron 5-1, también con dos goles suyos.

Llegan más gratos recuerdos. Como un partido contra Boca Juniors en mayo del 51. Jugaban de visitantes contra Boca Juniors de Cali (actual Deportivo Cali). La base era la selección paraguaya. Esa tarde de domingo ganaron 3-2, con tres anotaciones de Milos. El presidente de Millos, Alfonso Senior, les brindó un almuerzo porque el equipo azul había ganado su encuentro y, así, alcanzaba en la punta al Boca Juniors. Al día siguiente los propios jugadores de Millos los esperaron en el aeropuerto, los llevaron al hotel Granada y les reconocieron, con el almuerzo, la hazaña.

En 1955 jugó 3 meses en forma gratuita para Santa Fe. Y recuerda una anécdota. Fernando González Pacheco, el animador de TV, se sentaba en el estadio de la Ciudad Universitaria. Me decía: Milos, déjame jugar 20 minutos del entrenamiento . Y no lo hacía mal... . Otro que no se perdía práctica roja era Yamid Amat.

Ya terminaba El Dorado. Milos se quedó en el país y siguió adelante con su granja avícola. Atrás quedaba la vida de futbolista. Aunque cada domingo, desde hace 43 años, acompaña cada vez que puede a Santa Fe. Es su padre espiritual.

Esta tarde, cuando Santa Fe enfrente a Bucaramanga, continuará con su rutina. Observará el primer tiempo desde el palco presidencial y en el intermedio bajará al camerino para hablar con mis jóvenes y Zeka . Ganen o pierdan, hay que hacer la conferencia . Y seguirá comparando a este Santa Fe con aquel del 71. Los de hoy son muchachos de potrero con deseos de surgir.

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