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UN LUGAR PARA CUBA

UN LUGAR PARA CUBA

Qué puede y qué debe hacer Cuba, esa pobre isla azucarera, en los tiempos que se avecinan? Cómo podemos acceder a ese primer mundo tan cerca y tan lejos de nosotros? Los cubanos podemos recuperar esa especie de atlantismo que existió en algunas de nuestras mejores cabezas en el siglo pasado, y aspirar para Cuba a un lugar en el concierto de las grandes naciones del planeta, admitiendo el carácter esencialmente europeo de nuestra naturaleza social, al que se suma un enriquecedor ingrediente africano, y abriéndonos sin temor a las mejores influencias norteamericanas, tal y como hoy hace México en su mercado común con Canadá y Estados Unidos, institución a la que la Cuba futura le convendrá adherirse. En la proximidad del siglo XXI, la forma de ejercer el nacionalismo consiste en tomar para nuestra nación, sin prejuicios, todo aquello que de otras naciones contribuya a la felicidad colectiva. En el planeta que vivimos ya no sirven los viejos símbolos. Europa occidental se mueve hacia

Nosotros, sin miedo, tenemos que imitar lo mejor del Japón, lo mejor de Europa, lo mejor de Estados Unidos, acoplando siempre la imitación a nuestra idiosincrasia y a nuestra raigambre histórica y renunciando de una vez por todas a la retórica tercermundista y populista que tantos adeptos ha tenido en América Latina.

La mayor riqueza potencial de Cuba no es el azúcar, con precios casi siempre deprimidos, y un futuro muy amenazado por otros edulcorantes tal vez más baratos o fáciles de obtener. Y ni siquiera el turismo es algo que a corto plazo pudiéramos calificar de gran riqueza potencial, puesto que se trata de una industria de lento crecimiento que requiere enormes inversiones, sujeta a muchos factores externos. Seamos francos y claros: la gran riqueza cubana no está en la Isla, sino en el hecho fortuito de que a 90 millas de sus costas yace el mercado más rico del planeta, y en él, hoy, afortunadamente, hay decenas de miles de mercaderes cubano-americanos capaces de crear a toda marcha una red de vasos comunicantes que logre que todo cuanto se produzca en Cuba y sea exportable pueda ser absorbido por ese gigantesco universo de ricos consumidores, siempre que se consiga que Estados Unidos permita que Cuba se integre sin limitaciones en su circuito económico.

El futuro cubano hoy permite prever que una inteligente política de estado fomente el consumo de productos isleños en el territorio norteamericano con todo el vigor de que sea capaz la nueva clase empresarial cubana, y en especial la de aquellos que dominan las técnicas de mercadeo y desarrollo de compañías por franquicia en Estados Unidos. No hay duda de que sembrar y exportar flores o frutas puede ser una buena actividad para un país como Cuba. Pero, qué ocurrirá si se articula la demanda con una cadena creciente de florerías y fruterías creadas mediante franquicia en Estados Unidos, utilizando para ello a inversionistas cubano-americanos afincados en todo el territorio de la Unión? Se multiplicaría progresivamente la demanda norteamericana de productos cubanos, con la esperanza de que poco a poco, y en la medida en que la sociedad cubana consiga refinarse y hacerse competitiva, esas exportaciones fueran siendo cada vez más complejas, como ocurrió con los famosos cuatro dragones de Asia.

Hay quien cree que peligra la nacionalidad de un pequeño país, débil en el orden económico, cuando intenta vincular su comercio de una manera tan estrecha con una superpotencia de las dimensiones de Estados Unidos, pero esos son miedos absolutamente artificiales. No hay nada más resistente que las nacionalidades, como puede observar cualquier persona que hoy mire sin pasión el mapa europeo. Ahí están, intactas, naciones y etnias sometidas durante siglos al control directo de grandes potencias.

Qué sentido tiene para los cubanos no aceptar el liderazgo norteamericano en materia económica? El mismo que tendría para los habitantes de Liechtenstein tratar de ignorar a Alemania o para los de Mónaco marcar distancias puntillosas con relación a Francia. En la Cuba futura, cuando se juzgue el peso de nuestra sociedad en el concierto de las naciones, habrá que tener un equilibrado sentido de la realidad y de las proporciones.

No hay razón alguna si exceptuamos nuestra incapacidad para pactar y para actuar racionalmente en el orden político que nos impida convertir a Cuba en un pueblo realmente próspero y apacible, situado en las filas de un primer mundo cuyo modelo debe estimular a los cubanos a actuar en la dirección correcta. Para esa larga marcha debemos prepararnos, porque para Cuba parece que ya va siendo hora. (Firmas Press).

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