LA CULTURA VA A LA U

LA CULTURA VA A LA U

La cultura se ha tomado las aulas en las universidades y centros de educación superior, y no lo ha hecho de un manera violenta o sumisa.

31 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Su protagonismo ha llegado a tal extremo, que es imposible pensar en un modelo educativo y pedagógico que no tenga en cuenta la capacidad de seducción de sus manifestaciones, el sentimiento de identidad que despierta y la forma como se convierte en un elixir para el cotidiano día entre libros, trabajos y parciales.

La cultura, es entendida no como un cúmulo de manifestaciones artísticas hechas con el propósito de aliviar el espíritu con una marcada tendencia lúdica, sino como un elemento esencial en el proceso de formación del profesional, que trabaja otras áreas del saber para complementar el trabajo teórico y práctico de cada programa o carrera.

Todas las universidades, manejan con algunos esquemas parecidos, planes de extensión educativa en los que la cultura se erige como la principal fuente de labor.

En el sur occidente colombiano, esa labor cultural desde el alma mater ha tenido el apoyo incondicional de los programas y curriculum de cada centro de educación superior.

El trabajo tiene un carácter complementario, se basa en modelos de cursos y áreas específicas como las artes plásticas, la música el deporte, la literatura y el cine.

Existe un concepto que dice que la cultura es todo lo que el hombre hace a través de su intelecto, este concepto de origen inglés rompió esquemas sobre todo en lo referente a la elitización cultural a través del arte y dio pautas para una apropiación más amplia en todos los sectores sociales.

Universidades como la del Valle, Icesi, Autónoma de Occidente, Libre, San Buenaventura o Javeriana trabajan en diferentes departamentos de Bienestar o de Servicios Estudiantiles con el ánimo de administrar de una manera positiva el tiempo libre de los estudiantes y brindar oportunidades de expansión espiritual.

Los espacios para la divulgación y apreciación artística han alcanzado el reconocimiento del estudiantado, las plazoletas, los auditorios y las pantallas sobre las que se proyectan los ciclos de cine se llenan; se practica las danzas o se rompe la monotonía con los brochazos y pincelazos de la pintura y la palabra escrita de la literatura o poesía; que no son solo para un pequeño grupo de iluminados sino que alcanzan una dimensión totalizante, en la que de una u otra manera se ven implicados todos los estudiantes.

Espacios como la Biblioteca Central de la Universidad del Valle, la galería Restrepo Barco del Icesi o los auditorios para el cine club de la terraza en la Autónoma o en la Santiago, dan cuenta de una conciencia frente a la cultura como dinamizador de relaciones interuniversitarias, pero a la vez como generador de nuevas formas de ver la realidad y la misma carrera profesional.

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