LOS CABRERA, UNA FAMILIA CON EL BATE EN EL CORAZÓN

LOS CABRERA, UNA FAMILIA CON EL BATE EN EL CORAZÓN

Primera entrada El balón de fútbol, los patines o los héroes de plástico nunca tuvieron espacio en el cuarto de los hermanos Hólber y Orlando Cabrera.

02 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Desde que eran un par de mocosos correntones, que vivían en el barrio El Socorro, de Cartagena, solo sabían de bates, manillas y pelotas de béisbol; juguetes que les enviaba desde Venezuela su padre, el pelotero y hoy entrenador Hólber Cabrera, quien en la primera mitad de la década del 70 jugaba béisbol en el vecino país.

Hombre, que yo me acuerde nunca tuve un carro, siempre era el bate y la bola , reconoce hoy a sus 23 años, Orlando Cabrera Ramírez, el quinto beisbolista colombiano en llegar a las Grandes Ligas de Estados Unidos. Está al servicio de los Expos de Montreal, de Canadá.

Su hermano, Hólber Alexis, es dos años mayor que él y se encuentra en la categoría Triple A y para este año fue invitado a los entrenamientos de primavera de los Indios de Cleveland.

Ambos juegan por estos días la Copa Cerveza Aguila con los Indios de Cartagena.

Segunda entrada La pasión por la pelota caliente nació en los Cabrera, como les llaman popularmente en Cartagena, desde la cuna. Tenían tantas bolas y manillas que los partidos que se organizaban en la calle no se hacían sin ellos. Eran, literalmente, los dueños de la pelota.

Cuando jugábamos bola de media , los que ponían todo éramos nosotros. Siempre nos iban a buscar temprano porque si no jugábamos no había partido , confirma Orlando.

Tercer entrada Hólber empezó a practicar béisbol, en serio , a los cinco años. Orlando se inició aún más joven. Tenía apenas tres años pasaditos cuando su madre le enseñó sus primeros lanzamientos.

Orlando llegaba a los entrenamientos con un bate en una mano y el tetero en la otra , dice orgullosa Josefina, su madre.

Los Cabrera se iniciaron en el equipo Los Criollitos, luego pasaron a Los Gatos, después vino la Universidad de Cartagena, el club Comfenalco, la novena de Getsemaní y por último, los Expos.

Cuarta entrada A estas alturas del juego, Hólber ya había firmado con una organización grande (Los Expos) y padecía los fríos inviernos de Montreal. Era 1991 y solo tenía 16 años cuando llegó al equipo por donde alguna vez pasó su padre.

Para Orlando las cosas fueron más complicadas. Oye chiquito, qué tu vienes a hacer aquí? Tu papá pago pa que te firmaran? . Con estas cariñosas palabras lo recibieron sus compañeros de los Expos cuando llegó a República Dominicana en agosto de 1993. En la isla duró solo tres meses y fue trasladado a Estados Unidos en 1994.

Quinta entrada Durante un mes, los Cabrera jugaron juntos en el equipo Triple A de los Expos, pero el turno del gran ascenso le llegó primero a Orlando. Fue el 2 de septiembre del año pasado. Al día siguiente bateó su primer imparable y hasta el final de la temporada regular participó en 16 juegos, tuvo 20 turnos al bate y conectó cuatro imparables.

Junto con Rentería sería protagonista de un hecho histórico para Colombia. Dos peloteros criollos se enfrentaban en un juego de Grandes Ligas.

Sexta entrada Cuando se le pregunta a Hólber si siente alguna frustración por no haber llegado a las ligas mayores primero que su hermano, responde que no.

Entre otras razones, dice, porque ya aprendió la lección de sacrificio que le dio su hermano y reconoce en esto hubo negligencia mía por no trabajar más en el gimnasio y no poner dos campañas buenas seguidas .

Séptimo entrada La suerte también ha jugado en el equipo contrario de Hólber. A principios de 1996, se fracturó el pie izquierdo y tuvo que parar toda la temporada.

En ese momento viví una encrucijada muy fea porque no sabía qué pasaría. Si volvería a juzgar béisbol bien?. El desenlace fue favorable, Hólber se recuperó, jugó en 1997 una de sus mejores temporadas.

Octava entrada Los Cabreras son vistos en Cartagena como un ejemplo para el béisbol nacional.

Salieron de abajo, son unidos, trabajan duro y nunca han tenido roces por culpa de las rivalidades que se pueden tejer cuando se compite por alcanzar un puesto prestigioso en el Olimpo de las ligas mayores.

Hoy más que nunca estamos unidos. El ya consiguió su meta y quiere que yo consiga la mía , agrega Hólber.

Novena entrada A esta altura del juego, uno está en la cima y su único sueño es mantenerse y hacer historia en Grandes Ligas. El otro sabe que si no sigue trabajando duro, posiblemente no tenga la feliz suerte de su hermano menor.

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