LA INTOLERANCIA FRENÓ LOS SUEÑOS DE ALEXÁNDER

LA INTOLERANCIA FRENÓ LOS SUEÑOS DE ALEXÁNDER

A los 21 años Alexánder Cuesta Valencia decidió aplazar sus sueños de ser un ingeniero mecánico para convertirse en un guarda de tránsito.

20 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Fue entonces cuando los comparendos, las infracciones y la responsabilidad de controlar un flujo de cerca de 300 mil vehículos en la ciudad, pasaron a copar su tiempo por más de siete años.

El no se resignaba a no convertirse en una prolongación moderna del oficio de su padre, un mecánico consagrado, y estaba decidido a reanudar sus estudios de ingeniería mecánica en enero próximo. Sin embargo, en un minuto la intolerancia convertida en ocho disparos terminó con esos sueños y hoy su ausencia solo deja silencio en su hogar.

Desde el lunes pasado cuando se supo que un taxista lo había asesinado, Liliana Viveros, su esposa, prefiere callar. Juan David, su pequeño de cuatro años, es su consuelo.

En su casa, localizada en el barrio El Trébol, sus padres y su hermano menor consideran que alimentar los buenos recuerdos de Alexánder es más importante que pensar en odios y rencores. Ellos no quieren pensar en cuáles fueron los motivos del asesino para acabar con la vida del mayor de sus tres hijos cuando cumplía con su deber.

Lo que se diga ahora no lo revivirá. Será la justicia divina la que decida qué va a pasar , dice Guillermo, hermano menor del guarda asesinado.

Y es que la familia sufre por segunda ocasión la pérdida de uno de sus seres queridos. Hace dos años en un accidente de tránsito pereció Mónica, de 23 años, su segunda hija.

Ahora, el dolor es más agudo con la absurda muerte de Alexánder, de 27 años, quien murió cuando intentó sancionar a un taxista infractor.

El lunes pasado como todos los días Cuesta Valencia salió muy temprano de su casa para cumplir con su trabajo y a las 6:30 de la mañana estaba listo para patrullar en el sector de Holguines, en el sur de Cali, zona que se le había asignado.

De acuerdo con versiones de testigos del crimen una vez inició su tarea, Cuesta Valencia detuvo algunos vehículos para agilizar la circulación en la vía. En ese momento apareció el taxi Daewo, de placas VBT 813 que ignoró la orden; el guarda inició la persecución que se extendió por varias cuadras por la calle 5a.

En su huída el infractor cruzó por la carrera 89, una diagonal que va a salir a la Pasoancho y una media cuadra antes de llegar a la calle 13, fue alcanzado por el guarda.

Cuesta Valencia obligó al conductor a detenerse y luego parqueó frente al carro. Fue cuando al iniciar los trámites de rigor, Nelson Afanador Plata, quien a la mañana siguiente se entregó a las autoridades, disparó ocho veces sobre su humanidad.

El agresor le disparó en la cara, la cabeza y los brazos.

Mariana Valencia, madre de Alexánder, dice que solo bastaron unos cuantos minutos para terminar con los ideales de una persona que apenas estaba conociendo la vida, disfrutando de su matrimonio de cinco años y que además no le permitieron al pequeño Juan David disfrutar del ingenio y la dulzura de su padre.

El era sentimental hasta el piso , dice con nostalgia su padre José Cuesta. Sus compañeros de trabajo lo recuerdan como un gran colaborador.

Siempre fue dedicado y sacaba adelante lo que se proponía. El era muy hábil. Por eso para financiar su excursión fabricó bicicletas que vendía a sus amigos; el soñaba con ser un gran mecánico , recuerda su padre.

El 7 de mayo de 1992 cuando Alexánder se convirtió en el guarda 200 de Cali, su familia le apoyó y respetó, pero en estos momentos que había decidido reanudar sus estudios con el fin de brindar un mejor nivel de vida a su esposa e hijo, se sentía más que complacida.

Sin embargo, Alexánder se convirtió en una víctima más de la violencia y hoy su recuerdo es lo único que alienta a la familia. Mientras tanto, se espera que mañana la Unidad Segunda de Vida de la Fiscalía defina la situación del presunto asesino del guarda de tránsito.

Apoyo ciudadano Con la de Alexánder Cuesta Valencia son ya dos las muertes de guardas de tránsito que se presentan este año en Cali como producto de la violencia.

El primer caso se registró el 7 de marzo pasado, cuando los pasajeros de un vehículo particular asesinaron a bala a Nilson Holguín, de 28 años, luego de que impusiera al conductor una multa por violar una norma de tránsito.

Se trata de casos desafortunados que han terminado con la vida de personas valiosas no solo para su familia sino para la ciudad por la labor que cumplían, dice Miguel Angel Cardona, jefe de Guardas de la Secretaría de Tránsito.

Y aunque es normal enfrentarse a insultos y hasta uno que otro maltrato de los infractores, podemos decir que contamos con la colaboración de las autoridades y la ciudadanía para cumplir con esta tarea , dice Cardona, quien asegura que son pocas las quejas que se presentan por el personal en este sentido.

El guarda es un trabajador cuyas únicas armas son una libreta de comparendos y un bolígrafo, así que seguiremos apelando a la colaboración de los caleños. Nosotros entendemos que la gente pueda enojarse cuando se le indica que tiene una multa de cien mil pesos pues se toca su bolsillo, pero es una situación que no cambiará y la tranquilidad es lo mejor en esos casos , dice el funcionario.

Son cerca de 400 guardas de tránsito que custodian el orden en las principales vías de Cali y que elaboran entre 600 y 700 comparendos diarios por infracciones a las normas de tránsito. Las multas oscilan entre los 17 mil pesos y los 80 mil pesos.

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