LA SINFÓNICA EN CUARENTENA

LA SINFÓNICA EN CUARENTENA

22 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Los directivos del sindicato de la Sinfónica del Valle colocaron una pancarta en la Sala Beethoven el día del último concierto, cuya reseña estaba pendiente en esta columna. El texto es igual al título de este escrito. Aunque la palabra cuarentena tiene varias acepciones, parecería que se trata de un período de reflexión, por la crisis de los auxilios gubernamentales.

Ojalá la reflexión sea en serio sobre el propio futuro de los músicos como profesionales y del grupo sinfónico como expresión cultural líder en la ciudad.

Por la instalación de la pancarta se produjeron algunos incidentes en el recinto, cuando algunos asistentes tomaron partido con expresiones en Forte , y la iniciación de la velada se dilató porque había división de opiniones entre los músicos.

El ambiente era tenso, cuando afortunadamente salió al podio el director Francesco Belli, para iniciar la interpretación de las danzas concertantes de Igor Stravinsky, el mejor músico de este siglo. Se trata de una obra de cámara escrita para vientos y cuerdas.

Fue evidente la dificultad que tuvo Belli para concentrarse y dar comienzo al concierto. Yo no pude mantener mi mente en la música, por cierto no muy fácil de digerir, si es que el oído pudiera tener esa función. Sin embargo puedo recordar los temas variados del tercer movimiento y la actuación de los cornos en el cuarto. Es valioso que se ofrezca la oportunidad de escuchar lo contemporáneo así sea eventualmente y se involucre a los músicos en repertorio no tradicional.

Cuando se oyeron los primeros compases del concierto para flauta, oboe, clarinete, fagot, corno y cuerdas, el ambiente era diferente, como lo era el tipo de música del italiano Giorgio Ghedini, fallecido en 1965, poco antes de Stravinsky.

La partitura para los solistas ofrece al oyente la posibilidad de disfrutar los timbres de cinco instrumentos bien diferentes, algunas veces al unísono y otras en cortas intervenciones de los solistas Remo Ceccato, Jorge Pinzón, Asdrúbal Vinasco, Adolfo Gómez y Félix Morgan.

La obra tiene contrastes notorios en la armonía de los cinco movimientos, de los cuales el Allegro podría calificarse como el más cercano al modernismo muy al estilo Belli el final del adagio con un hermoso pianíssimo de las cuerdas, bien los solistas y un Allegro para el cierre con buen sonido.

La obra final nos trasladó al siglo pasado con una composición del autor de la famosísima Carmen, George Bizet, de quien se escucharon las suites números 1 y 2 de la música incidental para La Arlesiana . La orquesta pudo desarrollar su potencial sonoro en muchas oportunidades y llevó alegría, buen ritmo y melodías conocidas a los oyentes que llenaban la sala y aplaudieron con entusiasmo el final de la Farándula .

Muchos detalles podrían reseñarse en estas suites llenas de colorido. Sin duda se destacó el flautista José Luís Trujillo por su actuación en la segunda; lástima que en el bellísimo dúo con el arpa los instrumentos no estaban exactamente afinados.

Que no haya problemas adicionales y que el próximo jueves se llene de nuevo la sala Beethoven.

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