JUAN FISCHER, DIRECTOR EN NUEVA YORK

JUAN FISCHER, DIRECTOR EN NUEVA YORK

En medio del matorral desordenado de cabellos negros que corona la cabeza de Juan Fischer relucen unas pocas canas. Cabellos blancos que se vuelven plateados con la luz y que contrastan vivamente con el aire juvenil que se desprende de Fischer mientras sonríe e ilumina sus ojos. No es difícil adivinar que buena parte de esas canas vistosas le crecieron en Nueva York, donde está viviendo desde hace 10 años y donde terminó a mediados de este año una película sobre la experiencia latina en Nueva York titulada El séptimo cielo.

04 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Está hablada la mitad en español y la mitad en inglés, pero la intención es que en cualquiera de los dos idiomas se entienda sin subtítulos , explica.

La película partió de la experiencia latina que impresionó a Fischer desde su llegada a la ciudad. La idea era mostrar lo latino desde otro contexto diferente al cliché y crear personajes que mostraran una vida interior. La película nació un poco con la idea de explorar la situación de latinos inmigrantes como yo , señala.

Después de una larga experiencia como actor (participó entre otras en La sombra del deseo, Brillo y Los cuentos del domingo) que Fischer veía, de alguna manera, como un preámbulo para dirigir, encontró la historia que quería ver en imágenes en la inesperada transformación de un amigo suyo. El sujeto, que normalmente andaba en chancletas y sudadera, llegó de visita vestido todo de paño y con corbata; había perdido en una borrachera diez mil dólares que había ahorrado su hermano ( para ver lo que se sentía tener tanta plata en el bolsillo ) y ahora buscaba trabajo para devolvérsela.

Una historia de ese calibre era lo único que esperaba Fischer para ponerse a trabajar. A partir de esa anécdota y nutriéndose de su propia experiencia latina en Nueva York, Fischer se sentó a escribir el guión. Cuando lo terminó, le preguntó a otro amigo que había estudiado cine en California si valía la pena meterse a una de esas escuelas de cine antes de ponerse a rodar. Su respuesta fue enfática: no.

En las escuelas gringas el 70% es oficio, a diferencia de las europeas que tienen más énfasis en la carreta . Todo lo que iba a ver en la carrera podía aprenderlo en las calles, con una cámara de 16 milímetros, alguna gente que colabora detrás de cámara por amor al arte y un par de sandwiches, y un reducido grupo de actores de los más diversos orígenes étnicos entusiasmados con el proyecto y la posibilidad de trabajar.

En el elenco figuran españoles, colombianos, peruanos y cubanos, reunidos para dar una imagen global del choque entre la cultura latina y la estadounidense. En un escenario aún más peculiar: la ciudad de Nueva York, donde los problemas de asimilamiento se ven magnificados por esa mezcla de culturas y costumbres que se han transformado para poder convivir, a veces con sorprendente armonía, otras veces con inexplicable rencor.

Así, el tapiz latino que parece homogéneo a primera vista se fracciona mientras más de cerca se lo mire, gracias a los pequeños preconceptos que reinan al interior de cada comunidad.

Los puertoriqueños se sienten mejores que los dominicanos; los dominicanos mejores que los haitianos porque son del mejor lado de la isla, y los colombianos se sienten mejores que los puerorriqueños porque dicen que hablan un mejor español. Como minoría los latinos somos casi del mismo tamaño que los afroamericanos, pero ellos tienen a su Spike Lee , apunta Fischer.

En las escuelas gringas el 70% es oficio, a diferencia de las europeas que tienen más énfasis en la carreta . En síntesis lo que le dijeron fue que todo lo que iba a ver en la carrera podía aprenderlo en las calles, con una cámara, alguna gente que colabora por amor al arte y un par de sanduches, y un reducido grupo de actores de los más diversos orígenes étnicos entusiasmados con el proyecto y la posibilidad de trabajar.

Así ensambló un elenco que incluye españoles, colombianos, peruanos y cubanos, reunidos para dar una imagen global del choque entre la cultura latina y la estadounidense en un escenario de lo más peculiar: la ciudad de Nueva York, donde los problemas de asimilamiento se ven magnificados por esa peculiar mezcla de culturas y costumbres que conviven juntas, a veces con sorprendente armonía, otras con inexplicable rencor.

Así, el tapiz latino que parece homogéneo a primera vista se fracciona mientras más de cerca se lo mire, gracias a los pequeños preconceptos que reinan al interior de cada comunidad.

Los puertorriqueños se sienten mejores que los dominicanos, porque dicen que hablan un mejor español; los dominicanos mejores que los haitianos porque son del otro lado de la isla, y los colombianos se sienten mejores que los puertorriqueños porque también hablan un mejor español. Como minoría los latinos somos casi del mismo tamaño que los afroamericanos, pero ellos tienen a su Spike Lee , apunta Fischer.

Pero aún así, explica Fischer, la experiencia latina en estados Unidos se repite sin importar el origen del inmigrante. Uno se vuelve una especie de hispano genérico, metido en un limbo cultura , apunta. Pero eso es una cosa que también está pasando a nivel global gracias a la televisión que es igual en todas partes, es una especie de nuevo idioma .

El uso de los dos idiomas en su película es no solamente una manifestación de ese limbo cultural al que se enfrentan los latinos sino una profecía sobre el futuro de ambas lenguas en Estados Unidos. Este va a ser el idioma del próximo siglo, ni siquiera un español-español, sino un espanglish .

De esta condición mixta también parte la realización misma de El séptimo cielo. Realizada con un presupuesto minúsculo (con los ahorros de Fischer y su tarjeta de crédito), al mejor estilo de cine independiente gringo, busca ahora la ayuda del Ministerio de Cultura para la etapa final de su película, pasarla de 16 a 35 milímetros y sacar diez copias para que recorran el país.

El séptimo cielo ya pasó por el Festival de cine independiente de Nueva York y fue reseñada ampliamente en un periódico de la ciudad, y Fischer ya habló con distribuidores en Colombia para ver las posibilidades de pasarla a mediados de año.

Tanto para que la gente vea la experiencia neoyorquina del latino raso, como para que los cineastas se reencuentren con las posibilidades del cine independiente, también raso.

En Colombia hay una cantidad de gente haciendo sus películas de manera independiente. Se han dado cuenta que para hacer cine no se necesitan tres millones de dólares sino una historia que contar .

Por eso hay que estar pendiente. Puede ser que detrás de la llegada de un amigo demasiado bien vestido haya una película que solo espera un espectador para ser filmada.

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