PARA QUÉ LA ACCIÓN

PARA QUÉ LA ACCIÓN

Para qué la acción es el título en español de Pirro y Cineas, el primer ensayo filosófico de Simone de Beauvoir. La obra se abre con el relato de una anécdota de Plutarco: Pirro, rey de Epirus, enumera un día a su consejero Cineas todas las tierras que pretende conquistar. Cuando Cineas después de escucharlo, le pregunta qué aspira hacer después, éste le responde: descansar.

05 de enero 1998 , 12:00 a.m.

En ese caso, le dice Cineas, para qué te vas? Por qué no descansas ahora mismo? La respuesta de Cineas en un principio parece sensata, pero se sabe que esta actitud puede conducir al inmovilismo, a la inercia, a la pasividad. En oposición a Cineas, Pirro desea elegir y quiere actuar. El hombre debe dar un sentido a su existencia piensa, y esto sólo se logra por medio del trabajo, de la lucha, de la acción y del compromiso.

Simone de Beauvoir observa que el ser humano está orientado hacia algo diferente de sí mismo y lo define como un ser trascendente, como alguien que se halla en constante movimiento hacia algo que está fuera de él. El hombre es un proyecto , afirma y se apoya en esa hermosa frase de Heidegger que reza: El hombre es un ser de lejanías; está siempre más allá; un hombre es infinitamente más de lo que sería si se lo redujera a lo que es en el instante .

De acuerdo con esta afirmación, Simone de Beauvoir cree que el individuo se proyecta hacia la consecución de una meta, pero una vez lograda, ésta pertenece ya al pasado, y se convierte de inmediato, en un nuevo punto de partida. La persona trabaja, lucha, conquista, desea, ama, pero siempre está esperando un después.

Cuál es entonces la medida del hombre? Qué fines puede proponerse y qué esperanzas le están permitidas? Nuestras relaciones con el mundo, responde ella, no están decididas de antemano, no están dadas, no son fijas; las debemos crear minuto a minuto; la casa se transforma en nuestra casa si la habitamos y la tierra en nuestra tierra si la trabajamos.

El cielo es para quien sabe volar; el mar es para quien sabe nadar o navegar; somos nosotros los que decidimos actuar, pero es claro, advierte, que en la infinita variedad de tipos humanos, hay algunos que ambicionan trabajar toda la tierra, mientras que hay otros que encuentran una matera demasiado vasta.

Un hombre que ha confundido su destino con el de su pueblo, podrá decir ante una derrota: esta es mi derrota; pero si en cambio, ese mismo individuo ha vivido en esa misma tierra sin amarla, sin identificarse con ella y sin realizar ninguna acción que la mejore, no verá en los acontecimientos que sucedan sino algo externo, que sólo lo afectará si interrumpe sus hábitos y sus costumbres. Con mucha frecuencia encontramos personas más bien perezosas que en lugar de ejecutar acciones verdaderas se contentan con falsas apariencias; la mosca del coche pretende ser ella la que lo ha conducido hasta la cima de la montaña , agrega Simone.

La literatura ha descrito con frecuencia la decepción del hombre que acaba de alcanzar el fin que había deseado en forma tan ardiente. En este sentido sus observaciones hacen eco, aunque en un registro diferente, del grito de Fausto cuando descubre que en medio del placer, sigue anhelando, nunca satisfecho, un nuevo deseo. O de Nietzche, que a su vez estaba fuertemente marcado por las aspiraciones de Fausto y proclama que el placer se encuentra sólo en la batalla.

Es así que ella declara que el renunciar a la lucha es equivalente a renunciar a la trascendencia, o a ser uno mismo. El ser del hombre no es algo fijo, inmutable, como el ser de las cosas. La paradoja de la condición humana está en el hecho de que cada meta puede ser transcendida .

En la primera parte de la obra, la autora condena a aquellos que evocan el placer epicúreo del momento creyendo que el instante puede ser capturado y conservado, y expresan: alejémonos del mundo, de las empresas y de las conquistas; no formemos ningún proyecto; permanezcamos en nuestra casa en reposo, en el seno de nuestro goce.

Pero resulta que un goce inmutable, que permanezca largo tiempo igual a sí mismo, no es ya sentido como una plenitud; acaba por convertirse en una costumbre, en un hábito, en algo ya dado. El momento sólo puede ser disfrutado, concluye Simone, si, por extraña paradoja, es rechazado en favor de un futuro que aún no ha llegado.

En la segunda parte del ensayo establece algunos principios éticos, acepta la noción de libertad que había proclamado Sartre, y expresa el postulado fundamental del existencialismo: sean las que sean las circunstancias, tenemos una libertad de acción que nos permite superarlas . Aunque existan fuerzas exteriores y el mundo que nos rodea pueda imponer ciertos límites al ejercicio de nuestra libertad, siempre podremos realizar nuestro ser, si logramos hacer una elección libre dentro de nuestra situación particular. Termina expresando, además, que cada una de nuestras elecciones y el ejercicio de nuestra libertad, se convierte en un acto del cual somos responsables ante los ojos de los otros. Es decir proclama la responsabilidad sin límites de cada hombre.

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