EL LEGADO DE QAP Y DE AM-PM

EL LEGADO DE QAP Y DE AM-PM

Con dignidad y con la frente en alto se despidieron los noticieros QAP y AM-PM por la fuerza de una ley fabricada sobre medidas para silenciarlos , según palabras del propio Gabriel García Márquez. Sus últimas emisiones se convirtieron en testimonios elocuentes de las perversidades que ha logrado ejecutar la llave devastadora consolidada a punta de alianzas clientelistas y politiqueras entre el gobierno y las mayorías parlamentarias.

05 de enero 1998 , 12:00 a.m.

De esa manera, fundidos en un solo bloque, se han ido devorando progresivamente un país bueno que, sin embargo, se resiste a sucumbir ante la fatalidad.

QAP y AM-PM pagaron con su salida del aire, el costo de su independencia. Sus propietarios y sus directores deben sentirse orgullosos de la firmeza con que defendieron sus principios, del profesionalismo con que ejecutaron sus faenas, del patriotismo con que enfrentaron a los enemigos de Colombia.

Quedan para la historia, las grabaciones de sus emisiones archivo necesario de los años de tormenta cargadas de compromiso con el país, de fortaleza espiritual, de integridad periodística.

* * * No pongo en duda la alta calidad de la oferta informativa de la televisión colombiana. Los nuevos noticieros y los que ya están al aire cuentan con excelentes equipos humanos. Por lo demás, el avance tecnológico aplicado al servicio de la información ha alcanzado logros verdaderamente significativos.

El gran reto colectivo de los noticieros de televisión, entonces, se ubica en la búsqueda de los caminos para conquistar, simultáneamente, dos destrezas: la de reconocer las señales, alentadoras y esperanzadoras que florecen por todos los rincones de Colombia, por una parte, y, por la otra, la de enfrentar la corrupción pública y privada sin tapujos ni ataduras, con información objetiva, veraz y oportuna.

Así, los noticieros de televisión podrán contribuir a serenar los espíritus y a prepararlos para recorrer caminos de paz por la vía de la conscientización y el aprestamiento ciudadano. A la paz no se llega ignorando la guerra. A la equidad social no se llega ignorando la pobreza. A la justicia no se llega ignorando la impunidad.

La televisión debe ser instrumento de la verdad, en cuya búsqueda debe comprometerse sin reservas, debe ser herramienta de educación para la tolerancia, la convivencia y la democracia, debe ser, en fin, aliada inquebrantable de la comunidad en la reconstrucción de Colombia.

* * * Cuando sus malquerientes esperaban oír de Gabo un nota oportuna sobre QAP, apareció al aire leyendo un texto preciso y contundente, cargado de ilusiones y de futuro.

Lo transcribo, otra vez, como un homenaje afectuoso a la familia entrañable de QAP y, también, a manera de constancia para que cuando nuestros hijos y nietos vivan en la Colombia que hemos soñado, entiendan bien cuánto les costó construirla.

La fecha prevista para esta despedida era el 31 de diciembre del 2003, pero nos vemos obligados a adelantarla seis años por la fuerza de una ley fabricada sobre medidas para silenciarnos. Sin embargo, nuestra gloria grande no es haber provocado la venganza oficial sino saber que habríamos podido evitarla con una simple llamada telefónica de sumisión o complacencia.

Como experiencia personal, mi mejor recuerdo de estos años es la muchachada alegre y creadora que hizo sus primeras armas entre nosotros, o maduraron en esta casa las que ya tenían. El ejemplo de su vocación clarividente, de su índole invencible, de su espíritu ético en el paraíso de la corrupción, nos sustentaron día a día, la certeza de que el periodismo seguirá siendo en el tercer milenio el mejor oficio del mundo.

A los millones de amigos que estuvieron con nosotros cada noche, en las maduras como en las verdes, quisiera decirles cuánto nos honra que su fidelidad haya sido una de las causas de nuestro castigo.

A los que no nos quisieron, les pediría no apresurarse esta noche con un brindis por nuestro informativo, pues más pronto que tarde un QAP reincidente estará en sus pantallas, más avizor y libre que en estos malos tiempos de guerras.

A unos y a otros, de todo corazón, un buen año para la paz.

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