EL TERROR PASADO POR UNA FOTOCOPIADORA

EL TERROR PASADO POR UNA FOTOCOPIADORA

El que pega primero pega dos veces. Ese principio popular lo tuvo en cuenta el director Wes Craven para realizar un segundo capítulo de la cinta La máscara de la muerte (que se estrenó en la ciudad en diciembre del año pasado) y llenarse los bolsillos con una nueva aventura de adolescentes y un psicópata desenfrenado que durante todo el metraje se dedica a eliminarlos sistemáticamente uno a uno.

08 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Este juego mortal, que se convirtió en un éxito arrollador en Estados Unidos y marcó la falsa creencia de un renacimiento del género de terror dentro de la gran industria cinematográfica, ha conseguido de nuevo aparecer en las pantallas pero dejando ver una debilidad argumental que antes que ser original o novedosa repite de manera aburrida la misma fórmula que la hizo un éxito de taquilla.

Una adolescente pueblerina (Neve Campbell) es acosada por un sicópata que llama a sus víctimas por teléfono y se disfraza de espanto antes de eliminarlas, convirtiéndola a ella y a quienes la rodean en el objetivo durante el filme; visto así, ese no es más que un estereotipo manejado por otros filmes del género como Viernes 13, Touris trap o Halloween, pero con una pizca de humor negro y frescura que le daba un sentido original a la trama.

Esta cinta que costó siete millones de dólares gustó tanto que las ganancias superaron los cien millones, convirtiéndose en el éxito del verano y en el nuevo fetiche de adoración de los amantes de las emociones fuerte.

Una segunda parte era necesaria y así se hizo, dando como resultado este filme donde vuelve la heroína (Campbell) a ser atemorizada por el sonido del teléfono y el acecho de un desquiciado del cual solo hasta el final se descifra su identidad.

El problema no es que se haga una segunda parte, el problema es que esta maneja las mismas situaciones, sin ofrecer nuevos caminos de desarrollo a la historia.

Por momentos hay escenas impactantes y sustos premeditados que levantan del asiento, pero en términos generales el espectador que ya ha visto la primera parte se encuentra con una fotocopia de la misma, en la que la única diferencia son los actores... las nuevas víctimas.

La máscara de la muerte 2 es un juego predecible de asesinatos y de burla a un género que a principios de los ochenta tuvo su época de esplendor, una época en la que este cine de bajo presupuesto se centraba en cintas donde estudiantes sufrían las consecuencias de algún compañero desequilibrado y en la cuales desde el principio se sabía quién era la primera víctima, quién el héroe pero solo al final se le quitaba la máscara al malo.

Recomendada para quienes quieren acabar el estrés a punta de palomitas de maíz o para los que no vieron la primera parte, pues de esa forma si se puede entender como algo novedoso y hasta interesante.

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