CARA Y SELLO DE UN AÑO EN PAZ

CARA Y SELLO DE UN AÑO EN PAZ

11 de enero 1998 , 12:00 a. m.

Es una apuesta a futuro Alvaro Arzú Presidente de Guatemala La violencia, el narcotráfico y el difícil diálogo con la oposición no empañan la visión del presidente de Guatemala, Alvaro Arzú, para quien el balance del primer año de su país en paz es positivo. Y lo dice sin titubear junto a la vitrina que guarda la antorcha con la que el 29 de diciembre del año pasado se encendió la llama que simbolizó el fin de un conflicto armado de 36 años entre la guerrilla de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (Urng) y el Gobierno.

Cuáles son los principales logros de este primer año en paz? El balance en general es bastante positivo. Se ha logrado equilibrar y reactivar la economía: bajamos el índice de inflación de un 11 por ciento a un 7,8 u 8 por ciento, lo que es importante porque éste es el impuesto más fuerte que paga la población de escasos recursos; bajamos las tasas de interés activo del 28 al 14; tenemos el mayor índice de reservas monetarias en la historia, de alrededor de mil 200 millones de dólares y estamos produciendo más de la mitad del petróleo que consume Guatemala. En materia macroeconómica incrementamos las exportaciones alrededor de un 25 por ciento y terminaremos este año con un punto más de crecimiento que el año anterior, alrededor del 4,3 por ciento en relación al PIB.

Cuáles son los obstáculos? El mayor obstáculo son las opiniones adversas de siempre que tratan de buscar notoriedad subrayando los escollos y problemas del proceso de paz. La comunidad internacional tiene una visión positiva, pero no ocurre lo mismo al interior de Guatemala. La población no siente que ha sido beneficiada.

El guatemalteco, después de tantos años de engaños y de intolerancia, es desconfiado. Sin embargo, tratamos de capitalizar su confianza, al demostrar en primer lugar que ésta es una oportunidad para nuestro país.

Los resultados de la paz se verán de manera gradual. Lo importante es que los recursos que se van teniendo se derramen en todos los sectores socioeconómicos del país.

El país salió de la guerra maltrecho, desprovisto de una clase política gerencial, capaz de desarrollar una alta política . Con quién dialoga? Nuestra mayor posibilidad de diálogo, parece mentira, es con la gente de la Urng. Hasta el momento ha sido con ellos con quienes nos hacemos entender mutuamente respecto a la importancia de ciertas medidas para el futuro del país. Hemos sido lo suficientemente claros para tener una perspectiva más allá del proceso eleccionario del 2000. Desgraciadamente, nuestras otras fuerzas políticas siguen aún sumergidas en los procesos electorales y solo piensan en los comicios presidenciales del 2000. Ellos capitalizan electoralmente cualquier traspié que dé el Gobierno, lo que nos ha impedido la posibilidad de implementar un diálogo franco.

Contribuye lo anterior al hecho de que no se logre poner un alto a los índices de violencia? Se estima que en Guatemala se cometen 10 asesinatos diarios La violencia actual se debe a que no se le combatió desde muchos años atrás y a que no había con qué tampoco. Las bandas surgieron y se afianzaron y delinquieron a su favor y antojo, pero ahora las estamos combatiendo.

Tradicionalmente Guatemala no era un país narcotraficante, pero ahora es común considerarlo un puente hacia Europa. A qué se debe esto? Geográficamente somos un país estratégico, un lugar de paso. Y para llevar a cabo una lucha efectiva se necesita la cooperación tanto de las naciones productoras como de las consumidoras.

Hablemos de la paradoja mexicana. Contribuimos a la firma de la paz en Guatemala, pero no podemos encontrar una solución conciliatoria para nuestro propio conflicto armado. De acuerdo a su experiencia, cómo enfilarnos en la dirección correcta? Cada país tiene sus propias coyunturas. Lo que se requiere es de voluntad política, que exista sinceridad en las actuaciones, que no se juegue con cartas debajo de la mesa, que ambas partes se tracen un camino teniendo en mente el interés nacional como la única divisa por delante. Pero no hay recetas en esto.

Podemos aportar nuestra experiencia, logros y errores y así se lo hemos hecho saber al Gobierno de México, tal como se lo ofrecimos al Presidente Ernesto Samper, de Colombia.

A su juicio, qué experiencias positivas son rescatables del surgimiento de la guerrilla? Experiencias positivas creo que hay pocas. Sin embargo, después de ese vía crucis de 36 años existe una mayor conciencia social.

La que se construye, es la paz de Arzú o la paz de Guatemala? Va a dejar un país consolidado en la democracia? Estoy totalmente seguro de que sí. El periodo de la globalización y el del avance democrático, el de los tratados de mercado internacionales es un barco que ya zarpó. No nos están preguntando si nos queremos o no subir en él, sino que o nos subimos o nos quedamos en tierra. En ese caso, de Guatemala sólo quedaría el paisaje. Los grupos guerrilleros se han ido acoplando a los nuevos tiempos que nos tocó vivir. Aquellas actitudes intemperantes y un tanto radicalizadas que sostenían en el pasado se han ido cediendo en una buena medida. Han visto con mucha claridad que si bien es cierto que tienen que mantener sus posiciones ideológicas, sociales, debemos circunscribirnos a los nuevos tiempos, unos tiempos que nosotros no dictamos pero a los que debemos adaptarnos. Esos tiempos van a ser difíciles y se va a necesitar de mucho ingenio creativo.

Ha sido un triunfo Ricardo Ramírez Líder de la Urng Ricardo Ramírez, presidente de la Junta Directiva de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (Urng) y más conocido por su alias, Rolando Morán, admite que la aplicación de los acuerdos de paz enfrenta obstáculos como el retraso en la reinserción de la guerrilla. Pero aún así, el líder más antiguo de los otrora rebeldes, asegura que valió la pena dejar la lucha armada y que la única alternativa para los grupos alzados de América Latina es la lucha política A un año de distancia considera un triunfo o un fracaso haber firmado la paz? Se siente decepcionado? De ninguna manera puede ser un fracaso. Los tratados de paz constituyen la agenda por la cual ha sido posible iniciar el desarrollo de la democratización. Abren las puertas de una época distinta, dirigida a construir una nueva nación. Así es que no cabe la menor duda de que es un triunfo.

Cuál es el principal logro de esta etapa de posguerra? La apertura del ambiente político nacional a una participación mucho mayor del pueblo en todos los intereses, reivindicaciones y demandas que tiene.

Entonces, valió la pena dejar la lucha armada para emprender la lucha política? Sí, yo diría que la lucha armada cumplió un papel y que ahora vivimos en una nueva época. Un guerrillero se convence de que hay que dejar la lucha armada por una cuestión de apreciación política, al observar cuál es el contorno internacional, precisar cuáles son las necesidades estratégicas de la nación y qué es lo que se plantea para el futuro. Pero si no se tiene una agenda global, un proyecto nacional, no siempre es fácil percibir estas cosas.

Desde el principio concebimos este objetivo y nos pudimos dar cuenta después de años de guerra y bastante tiempo de negociaciones que la única salida en estos momentos del mundo, de Guatemala y de América Latina, es la lucha política y la constitución de una verdadera democracia en todo sentido, no sólo en cuestiones de carácter electoral.

Qué rescataría de haber combatido por 36 años como líder del movimiento guerrillero? Que lo que tenemos no se hubiera podido lograr sin esa época de movimiento armado que obligó a la ruptura de las estructuras opresivas.

Qué perfil tiene la Urng como partido político? Creemos que no tenemos que adherirnos a las tendencias que ya existen. Debemos crear un modelo de desarrollo de una nueva nación con características propias. Obviamente una guerrilla que ha luchado por la libertad no puede ser de derecha.

Qué anomalías ha registrado la aplicación del cronograma establecido en los acuerdos? Los acuerdos tienen un cronograma que dura cuatro años. Hay retrasos, deficiencias y dificultades, sobre todo en el área de la reinserción completa, justa, de la Urng en la vida civil. Otro aspecto clave que nos preocupa es el de la reforma tributaria, porque si no se cumple a tiempo no habrá recursos para poner en práctica los programas pactados. Ahora, el cumplimiento de los acuerdos no puede ser inmediato. Se crearon muchas expectativas. Por no haber sido suficientemente informados, grandes sectores de la población pensaron que los acuerdos tendrían un efecto inmediato.

El movimiento revolucionario se originó por la carencia de tierras. Se terminó la guerrilla, pero sobrevivió el problema...

El conflicto de la tierra no se ha resuelto, los esfuerzos son muy limitados y se circunscriben a la situación de los desmovilizados de la Urng. La situación tendrá que modificarse a mediano plazo sobre la base de medidas como el catastro, la imposición de las tierras ociosas y la utilización de las terrenos del Estado para suplir la gran necesidad de sectores que han sido desposeídos o marginados a su acceso.

Cuáles son los grupos que más resisten el proceso de paz? Los de gran poder económico. Los acuerdos de paz sientan las bases de una transformación global que afecta intereses de círculos muy poderosos. Estos círculos intentan echar a perder la única oportunidad que tenemos de salir de una situación de pobreza y analfabetismo propias de una nación del siglo pasado. No hemos dialogado con los sectores recalcitrantes, pero con el empresariado que tiene una visión moderna del progreso, sí.

Cómo es su relación con el Presidente Alvaro Arzú? Mantenemos una relación que se deriva del hecho mismo de que somos signatarios de la paz, dos protagonistas que tienen que garantizar su cumplimiento. Tenemos acuerdos y divergencias en los tiempos de ejecución de los proyectos, pero estamos dispuestos a negociar. Nunca ha sido difícil para nosotros dialogar con el Presidente.

Existe en un mundo globalizado espacio para las revoluciones? La globalización es un efecto del desarrollo histórico similar al de la revolución industrial. El problema no es estar en favor o en contra, el problema es cómo insertarse dentro de ella para que favorezca a las clases necesitadas, a los países marginados y no sirva de instrumento de explotación de unas pocas naciones desarrolladas y de unos pocos grupos elitistas.

Si la globalización se convierte en un instrumento de desarrollo y de progreso para nuestros países, no tiene por qué tener efectos negativos.

La lucha armada no es una opción que se tome a la deriva porque la preferimos, se toma cuando ya no hay ninguna posibilidad de lograr por medios políticos un camino de institucionalidad y de justicia, se toma para forzar las circunstancias y crear climas propicios que solucionen las cosas con un espíritu de concertación y de diálogo.

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