TE QUEREMOS NEGRO MEYER

TE QUEREMOS NEGRO MEYER

Dos horas antes de su muerte, el músico barranquillero Luis Carlos Meyer escuchó la canción Micaela, su máxima inspiración. Se encontraba en la sala de emergencia del hospital Nuestra Señora de la Misericordia y la máscara de oxígeno empañaba su rostro. Era la una de la tarde del 7 de noviembre de 1998.

09 de noviembre 1998 , 12:00 a.m.

Me acerqué a su oído y entoné la letra de Micaela. Meyer abrió los ojos y comenzó a respirar con más fuerza. No podía mover sus brazos porque tenía varias cobijas sobre su cuerpo para protegerlo del frío. De su boca salía el olor inconfundible de las personas que se aproximan a la muerte.

Luego le dije que sus canciones era muy hermosas y que ya podía descansar tranquilo. ETu música ha pasado a la historia porque el Ministerio de Cultura de Colombia imprimió sus partituras y un libro sobre su vida. Estuviste en Barranquilla. Te queremos negro MeyerE, le dije mirándolo a los ojos.

Sus pulsaciones seguían aumentando. Entonces le dije que moviera la cabeza si estaba entendiendo lo que le quería decir. Movió la cabeza de arriba a abajo e intentó decir algo. No pudo. Puse mis manos sobre su pecho y su cabeza y besé su frente.

La doctora Bonnie Arquilla, encargada de la sala de emergencia, me trajo un documento para que lo firmara. En la mañana del sábado, cuando Meyer fue trasladado del asilo de ancianos al hospital, habíamos acordado que no era necesario resucitarlo en caso de que su corazón se detuviera.

EPara qué prolongar más su dolorE, dijo Arquilla.

Entonces no me muero El pasado viernes en la tarde había visitado a Meyer en el asilo de ancianos Laconia Nursing Home. Estaba alerta y dijo no le dolía el cuerpo. Era difícil entenderle porque la lengua le pesaba debido a los sedantes que estaba tomando para calmar sus dolores. El cáncer renal había invadido sus huesos.

ETengo que cuidarme para regresar a ColombiaE, dijo con dificultad. Pero lo que más me sorprendió fue cuando puse un casete con su música. Cuando sonó la canción Mi gallo Tuerto, dijo sin vacilar: EEsa es de José BarrosE. Sonrió.

Los últimos 5 años de El Rey del Porro fueron muy difíciles. Sin familia y amigos, fue llevado a vivir a un asilo de ancianos donde nadie sabía que había sido un gran cantante, El Rey del Porro, el primer músico que llevó los ritmos de la costa Atlántica colombiana a otras naciones.

Aunque su vida cambió cuando la enfermera puertorriqueña Elba Medina se interesó en ayudarlo y el periódico El Diario/La Prensa publicó un artículo sobre su hallazgo el 23 de octubre del año pasado. Meyer revivió, su estado de ánimo mejoró, trató de caminar otra vez y volvió a cantar. Sin embargo, estaba haciendo un último esfuerzo.

Cuando estábamos en la sala de espera del aeropuerto de Miami el 16 de julio de este año, rumbo al homenaje en el teatro Amira de la Rosa de Barranquilla, Meyer me dijo Eme estoy muriendoE. Le contesté que tenía que llegar a Barranquilla y asistir al concierto en su honor. EEstá bien... entonces no me mueroE, dijo El Rey del Porro.

A Barranquilla llegó deshidratado y cansado. Casi no se sostenía en su silla de ruedas. El doctor que lo atendió en la Clínica Bautista se sorprendió de que aún estuviera vivo. Como el gobierno de Colombia no se comprometió a repatriarlo debido a su estado de salud, pues regresamos con Meyer a Nueva York.

Sus últimos días los pasó postrado en una cama, aunque nunca perdió el apetito. Prefería el pescado y la Coca Cola. Algunas veces estaba alerta y tatareaba la letra de sus canciones, pero en otras ocasiones parecía como si ya no estuviera entre nosotros. No respondía a estímulos, fijaba la mirada en el techo y dejaba la boca abierta. Había perdido su dentadura.

Su música era lo único que lo mantenía con vida. Prácticamente perdió la memoria. Sus recuerdos eran momentáneos y nunca se le olvidó el nombre de su mamá, Julia Castandet, de su padre Isaac Meyer y de su sobrina Olga Elisa de Romero. Todo muertos.

Meyer murió a los 82 años y será velado mañana martes en la funeraria Coppola de Queens. La repatriación de su cadáver aún depende del gobierno de Colombia y de las autoridades de la ciudad de Barranquilla.

Adiós negro Meyer.

UN NOMADA DE LA MUSICA TROPICAL Después de 45 años Luis Carlos Meyer regresó en junio pasado a Barranquilla. Durante buena parte de ese tiempo estuvo llevando el porro a distintos países americanos y, sobre todo, a las grandes ciudades de Estados Unidos.

Durante su visita le impusieron la Cruz de Boyacá y la Gran Orden del Ministerio de Cultura en el Teatro Municipal Amira de la Rosa.

Sin embargo, el homenaje no se quedó allí y hace pocos meses el Ministerio de la Cultura editó un volumen especial con las partituras de las cinco canciones más famosas de Meyer, encabezadas por Micaela y con una biografía, cuyo autor es Javier Castaño, corresponsal de EL TIEMPO en Nueva York.

Castaño descubrió la historia de Meyer cuando escuchó la escuchó de boca de la enfermera puertorriqueña Elba Medina, quien lo atendía en el ancianato Laconia.

Según cuenta Castaño en su biografía, Meyer nació el 21 de septiembre de 1916 en Barranquilla. Su padre había nacido en Trinidad y su madre en Martinica.

Su primeras apariciones como artista ocurrieron a mediados de la década del 30 en la emisora Atlántico, de Barranquilla. En 1940 se estableció en Bogotá, donde vivió durante 15 años, en los que viajó por el Caribe y México, donde la Sonora Matancera grabó por primera vez la canción Micaela, en 1944.

A Nueva York llegó por primera vez en 1956, pero después se encaminó a Canadá, donde cantó y vivió hasta 1969, año en que regresó a la capital del mundo .

Desde ese año cantó en distintos lugares nocturnos. En 1988 intentó suerte en Los Angeles, ciudad donde vivió hasta 1992, cuando regresó a Nueva York y comenzó la última etapa de su vida: la de dormir en la calle, la de los refugios para pobres y salas de urgencias. La del ancianato Laconia y el olvido casi perfecto, que rompió el oído crédulo de la enfermera Medina.

Pie de foto Pocos meses antes de su muerte Meyer visitó a Barranquilla y vio cómo el Ministerio de Cultura editaba las partituras de sus principales obras y una biografía.

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