PICO Y PLACA TAMBIEN PARA EL TRANSPORTE PUBLICO

PICO Y PLACA TAMBIEN PARA EL TRANSPORTE PUBLICO

Escribo estas líneas el martes 18 de agosto por la noche. Ha sido el primer día del programa Pico y Placa , al que ha apelado la Administración Distrital para poner en cintura el sistema de transporte en Bogotá y, aparentemente, ha funcionado con éxito. Los bogotanos hemos demostrado una vez más disciplina cívica e interés en colaborar con un pequeño esfuerzo y generosidad de nuestra parte.

12 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

En efecto, del millón de vehículos particulares que hasta el día de ayer circulaban a todas horas por la ciudad, cuatrocientos mil han dejado de hacerlo en las horas pico, para lo cual sus propietarios han modificado su horario laboral o se han puesto de acuerdo con vecinos o compañeros de trabajo para compartir el carro. El 20% de los habitantes de Bogotá que tenemos el privilegio de movilizarnos en automóvil particular, hemos comprendido que buena parte de la solución temporal al trancón que vive la Capital se arregla con ese esfuerzo en favor de los otros cinco millones de bogotanos que deben transportarse en buses, busetas, colectivos y taxis.

El Alcalde Mayor sabe bien que esta es una solución temporal. La solución definitiva se logrará con la inversión de más de tres mil millones de dólares que ha destinado de su Plan de Desarrollo, aprobado por el Concejo Capitalino, para la construcción de nuevas vías y de un completo y articulado sistema de ciclo-rutas que costará más de cien millones de dólares.

Infortunadamente estas obras, junto con la primera etapa del metro, no operarán por completo sino por allá en el año 2005. Para entonces, el parque automotor de Bogotá habrá crecido en más de seiscientos mil vehículos (75.000 por año) por lo que, probablemente, la restricción por placas continúe en vigencia e incluso se haya ampliado.

Las soluciones planteadas han sido pensadas en grande pero tardarán en llegar. Las obras son lentas y la reforma al sistema de transporte público que se trabaja en el proyecto Transmilenio que incluye el ordenamiento de rutas, la reposición de vehículos por grandes y cómodos buses que reemplacen a los abusivos y todopoderosos de hoy, también demorará un tiempo. Esto, si las mafias del transporte público no logran desbaratar el proyecto por medio de presiones políticas y/o chantajes como la paralización del servicio, como usualmente ha sucedido.

En Bogotá existe la friolera de 638 rutas legalizadas y un número indeterminado de rutas piratas. Trescientas catorce recorren la carrera 10a.; de ellas, 54 van al centro; la Caracas tiene 294, 136 transitan por Las Américas, 151 comparten la carrera 24, 148 transitan por la calle 80 y 140 lo hacen por la carrera 30. Por la carrera 7a., las Autopistas Norte y Sur, la carrera 68, la calle 26, la Avenida 10. de Mayo y la calle 13 compiten más de 100.

Del análisis de esas 638 rutas y de los ochenta mil buses que las alimentan, así como del estudio de los orígenes y destinos que sirven, a los barrios que llegan y a la población que transportan, sólo es posible sacar una obvia conclusión que no es otra que la más aterradora y desordenada maraña de sobreoferta, falta de planeación y trato inicuo con los usuarios. De las fotografías que ilustran este artículo puede concluirse fácilmente que muchas de estas rutas están subutilizdas, no cumplen con los mínimos requisitos de seguridad e higiene para el usuario ni con las más mínimas normas de tránsito. Por todo esto y por mucho más, el negocio privado del transporte público debe meterse en cintura con la precisión de un cirujano plástico y el nervio y energía de un dictador.

Mientras estas medidas se toman, y estoy segura de que el Alcalde Mayor hará lo humanamente posible para lograrlo, me permito proponerle que someta al transporte público a un sistema parecido al de pico y placa que en buena hora nos ha impuesto a los particulares. Entre las 9 a.m. y las 5 p.m., horas en que la totalidad del parque automotor privado sale a las calles y en las que el servicio público es menos utilizado, podría hacerse la misma restricción por placas que se aplica a los particulares. Los empresarios del transporte público deberían construir terminales para su conductores, con baños, cafeterías y facilidades de recreación, reposo y esparcimiento para que en esas horas de baja demanda no rueden desocupados e inútiles por las calles produciendo desorden, congestión y la cada vez más grave contaminación ambiental.

En resumen: así como en las horas pico hay que privilegiar el transporte público, en las horas de menor demanda de este servicio hay que disminuir la sobreoferta de buses, busetas y colectivos para poderlos controlar mejor y así evitar la mortal carrera por el centavo . Menos buses pero más eficientes.

Fuentes: Alcaldía Mayor de Bogotá, Secretaría de Tránsito y Transportes y Proyecto Transmilenio .

Fotografía de JORGE VENEGAS

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