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INVIERNO VIEJO Y PENITENTE

INVIERNO VIEJO Y PENITENTE

El estilo sexy ya pasó de moda y llegó el color negro muy largo: los creadores presentaron sus colecciones de confección para el invierno boreal durante una semana en París poniendo a las mujeres en penitencia. La moda invernal está dominada por la corriente de la recuperación. Está la recuperación pobre la de los jóvenes creadores, quienes vuelven a los años 70 utilizando pieles de animales comestibles (conejos y ovejas); sacos viejos; guardapolvos usados y zapatos con plataforma.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
24 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

También está la recuperación rica revisada por diseñadores que prefieren los materiales nobles, los efectos de remiendos de patchwork y costuras visibles. El pret-a-porter de los grandes nombres parece más prudente.

Paralelamente a este tema de la ropa vieja se observan varias tendencias que influirán la calle comenzando por las siluetas estilizadas, estilo dandy o amazona; las redingotes sobre faldas largas de forma pareo derechas y con un tajo.

Ahora todos los modelos de pantalón son válidos. Desde el pijama hasta el calzón pasando por el pantalón trompeta (así se llaman ahora los pantalones pata de elefante ) y el estilo cigarrillo.

La temporada de los grandes fríos también inspiró la creación de amplios abrigos de piel, ponchos-cobijas y gabanes cómodos y capitoneados.

Todo se basa en los accesorios. Para dar un toque femenino a estas ropas tan estrictas es suficiente una camisa con chorreras o chalina y puños mosquetero, un chaleco larguísimo y un par de botitas acordonadas de tacón alto.

Contrastando con estas siluetas estilo Dickens, se vieron largos vestidos medievales en terciopelo y un alarde de muselina en combinaciones que recuerdan a la lencería ofreciéndole a las salidas nocturnas un nuevo romanticismo.

En cuanto a los colores, el negro encabeza las preferencias seguido de cerca por todos los matices del marrón, gris y ciruela.

Se descubre lo íntimo Chantal Thomass hizo entrar a sus modelos por el ojo de una cerradura gigante para simbolizar la revelación de la intimidad femenina en cada una de sus nuevas creaciones.

Todos los elementos de su guardarropa invernal mostraron un detalle de lencería. Pero cuando las modelos no exhibían su ropa interior se transformaban en Calamity Jane, en guardapolvo y trajecito rayado antes de creerse Leonor de Aquitania, cuando desfilaban en largos vestidos de terciopelo rubí o azul oscuro y con la cabellera elevada en un capirote medieval.

Más irreverente que nunca Jean-Paul Gaultier hizo una incursión en la vestimenta de los judíos ortodoxos. Hombres y mujeres que desfilaron en parejas, peinados con papillotes shtreimls (sombreros de piel y kippas), engalanadas con diamantes para la ocasión.

Acompañado por un violín gitano, Gaultier mostró trajes masculinos de corte impecable en lana rayada estilo tenis tweed y príncipe de Gales o kilts a llevar sobre los pantalones.

Las chaquetas cruzadas se abotonan bien alto o se detienen justo bajo los senos mientras que la cintura sube hasta ubicarse bajo el pecho. Todo esto aparece salpicado de extravagancias: maxijerseys adornados de lentejuelas, abrigos largos de piel y borceguíes.

La austeridad reinó en la colección de Karl Lagerfeld con su estilizada silueta vestida de negro terminada en un pequeña cabeza coronada por un casco de aviador.

El diseñador continuó sus variaciones sobre el tema de la chaqueta, ya sea de equitación o con faldones acompañada por una falda larga en tul de lana que apenas si vela las piernas. El cuerpo se insinúa por la noche gracias a las transparencias de las combinaciones de muselina y encaje con cortes geométricos.

Sonia Rykiel, la emperatriz de la malla, siguió fiel a sí misma con sus jerseys rayados, sus cardigans flexibles y sus faldas móviles que este año llegan al tobillo. Todo es muy largo, tanto los grandes abrigos cortados al sesgo como las chaquetas acampanadas de colores otoñales. Pero la noche se reserva a las transparencias, los pijamas bordados con una lluvia de estrellas o realzados por pasamanería.

El joven creador franco-sueco Marcel Marongiu desfila desde hace algunas temporadas con los grandes. La silueta de este creador es el resultado de grandes contrastes un busto grácil subrayado por chalecos complejos y caderas olvidadas bajo faldas muy amplias a veces superpuestas. Marongiu utilizó sus colores de predilección: todos los matices de beige, azul y rojo.

Yves Saint-Laurent puso el punto final a esos desfiles el viernes. El gran diseñador de la alta costura continúa cortando sus trajecitos por encima de la rodilla marcados por chaquetas de hombros bien delineados y una cintura estrecha.

La verdadera elegancia según Saint-Laurent es un saco negro sobre una falda coordinada. Por eso las ofrece acompañadas por grandes capas o abrigos en raso capitoneado. También vuelve a su dibujo pantera en vestidos con grandes cinturones, blusas cruzadas, pantalones masculinos con pinzas y nickers.

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