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UNA CIUDAD PARA... HACER DE TODO!

UNA CIUDAD PARA... HACER DE TODO!

Durante esta época Cartagena, como un verano en Marbella (España) o en Cannes (Francia), se convierte en el sitio ideal para dejarse ver en prendas ligeras y cortas, para casarse para siempre, para descansar y hacer deporte, para comer bien y bailar cerquita.

Todos, desde el presidente de la República hasta el más montañero de los turistas (pasando por ministros, actrices y escritores) aprovechan su estadía en La Heroica para ponerse los mochos y las sandalias, para broncearse y ponerle color al cuerpo.

Es una época que gracias al pequeño veranillo que se mete siempre a mediados de año, se vuelve propicia para practicar deportes como el windsurf, el surf y la navegación a vela.

En el Laguito, al frente de la Escollera en un sitio conocido como la V , se reúnen los aficionados al windsurf y a unos cien metros, frente a las playas del Caribe, los corredores de olas con sus tablas hawaianas.

Mientras la violencia del mar y el tamaño de las olas ahuyentan a los turistas de las playas, esos deportistas marinos hacen de las suyas, aprovechando esas condiciones extremas que sólo se presentan una vez al año.

Este espectáculo, donde las maniobras sobre las olas desafían las leyes de la naturaleza, es digno de admirar desde cualquier espolón o balcón. Aparte de esa ola frente al hotel Las Velas, los surfistas corren otras olas, como una que llega detrás del hotel Hilton y otra que revienta en el sector conocido como La Tenaza, al frente de las murallas y de la avenida Santander.

Para los que quieren alquilar veleros, precisos para salir a conocer el archipiélago de las islas del Rosario o el de San Bernardo, o también yates para salir a pescar marlins y pez vela a 40 millas de Cartagena, se deben dar una pasada por los muelles que quedan sobre la avenida Miramar, en el barrio de Manga.

Pero como para pescar no hay que salir en lancha, sino tener suficiente tiempo, además de una caña, sedal y anzuelo, hay otros que tienen la paciencia necesaria para pararse toda una tarde en La Tenaza, donde pueden sacar pargos, sábalos y róbalos.

Incluso a veces aquellos que caminan por esa avenida que está en medio del mar y las murallas, que lleva de Bocagrande al aeropuerto, pueden tener la sorpresa de ver un cardumen de delfines jugueteando frente a ellos, como invitándolos a tirarse al mar.

Otro plan que se puede hacer en Cartagena es salir temprano a trotar y caminar por la playa de Bocagrande, o patinar por el paseo peatonal de la bahía interior, que quedó pulido y liso, sin divisiones, para disfrutarlo en toda su extensión.

Mientras, otros salen en bicicletas y alquilan motos para recorrer los sectores turísticos de la ciudad, sin sentir el acoso de los vendedores ambulantes.

Para los enamorados fugaces están las murallas, desde donde se puede admirar el atardecer del sol con más colores de los que son y besarse sin parar, al ritmo de las olas que vienen y se van.

Otros enamorados, los que quieren que ese sabor a mar y ese romanticismo de Cartagena se quede con ellos para siempre, escogen una iglesia para casarse. Entre las preferidas para jurarse amor eterno se encuentran la iglesia de San Pedro Claver, la de Santo Toribio, la de Santo Domingo y la Ermita del Cabrero.

Para el que quiera darse un paseo por la historia no es sino que penetre al Corralito de Piedra, donde se sentirá inmediatamente transportado al pasado, a los siglos 16, 17 y 18.

Una vez allí se puede caminar por las cerca de 40 calles que lo componen y visitar el Palacio de la Inquisición o la casa del Marqués de Valdehoyos, dos lugares insignes de la historia de Cartagena.

En medio de ese paseo a los siglos de los virreyes y los esclavos, existe en Cartagena una atracción que ya tiene fama en el resto del mundo, como lo reconoció el New York Times, que es la de sus anticuarios.

Precisamente a finales de año y desde hace más de 10 años se lleva a cabo en la ciudad el Décimo Salón Nacional de Anticuarios, evento que reúne las piezas más originales de anticuarios de todo el país.

Ahí se pueden apreciar cerca de 4.000 artículos, como pinturas, muebles, vajillas, mapas, esculturas y tallas en marfil (elaboradas antes de la prohibición de su comercio).

En este mismo centro, encantador y cosmogónico en cada una de sus esquinas, quedan varias plazas, como la de San Diego, la de Santo Domingo y la de Bolívar.

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