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CÓMO SE DEFENDIÓ NUEVA YORK

CÓMO SE DEFENDIÓ NUEVA YORK

Escribir sobre el temporal que rompió los moldes de una primavera ansiada en los Estados Unidos, se presta para hablar acerca de la solidaridad popular y las medidas preventivas tomadas por el gran país ante los fenómenos de la naturaleza. Allá como aquí, se culpó al Niño de los trastornos invernales. Le achacaron el producir presiones barométricas que permitieron alcanzar elevadísimas temperaturas y nevadas de volumen no esperado, en lo que se confiaba fuera el comienzo primaveral. El país se conmovió, y los servicios informativos se dedicaron a dar noticias sobre la gran tormenta. Se la calificó como la más grande del siglo, y el mundo externo, Bosnia, elecciones en Francia, sondeos de paz, etc., desaparecieron de televisión y periódicos. O por lo menos pasaron a un tercer plano. Recogidos en sus casas, los habitantes de Nueva York donde la tormenta fue realmente arrolladora veían por televisión cómo las calles se cerraban, los taxis dejaban de circular y algunos valientes peatones

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
24 de marzo 1993 , 12:00 a. m.

La nevada fue inclemente y es de admirar la predicción que, gracias a los modernos sistemas de satélites, se hace sobre las condiciones del tiempo. Si anuncian lluvias para determinada hora, éstas caen, no se dude. Cuando dicen que la tormenta cesará, el anuncio es certero. Casi se puede medir con diferencia de minutos o segundos el pronóstico difundido por radio, televisión o periódicos. Entre otras cosas, The New York Times entregó sus ediciones sin la primera sección, porque los distribuidores no pudieron llegar a los sitios de expendio. En los almacenes aparecieron sombrillas, abrigos y zapatos especiales para caminar en la nieve. También muchos de los habituales residentes sacaron sus esquíes a las calles y avanzaron por las aceras, como si estuvieran en un campo deportivo de invierno.

Lo que vendrá después de la tormenta no es halageño. Los ríos crecerán inmensamente por el deshielo, y se producirán las inundaciones. El costo del invierno y el deshielo alcanza cifras fabulosas, como casi todo lo que ocurre en este país. La tormenta del siglo le va a crear situaciones conflictivas a la economía norteamericana. En La Florida se perdieron las grandes cosechas de cítricos, y en los Estados del sur infinidad de siembras que estaban comenzando, se vieron perjudicadas.

Vivir la gran tormenta es ver a un país recibir castigos inesperados, pero que los soporta, les busca soluciones y, además, el entender que a los norteamericanos, por encima de las guerras en que directa o indirectamente se ven comprometidos, de los problemas internacionales y de cualquier hecho que no ocurra en los Estados Unidos, lo fundamental es el interés por el cotidiano desarrollo de la vida nacional, sus problemas, sus éxitos y sus necesidades. Pasada la gran tormenta, el país recobrará su normalidad y otra vez se verá al presidente Clinton, no recorriendo los hospitales u organizando socorros para los damnificados, sino volviendo a sus disputas con el Congreso o buscando soluciones y tratando de analizar la crisis en que se encuentran los países amigos, como Francia e Inglaterra.

A nuestros queridos gringos les preocupan fundamentalmente en casos como éste los problemas personales y de la comunidad. Lo demás queda a un lado, creando una zona de olvido que tal vez es lo que permite el acuerdo comunitario en ciudades como Nueva York, tan difícil de conseguir en otras partes del mundo.

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