PA LANTE

Acabo de leer en un periódico local que el carbón se traga a Santa Marta. Y que un buen ciudadano, a quien llaman la voz antimuelle de esa ciudad, defiende a su tierra, a capa y espada, de lo que ya es casi imposible de detener: la contaminación atmosférica y en volumen producida por el polvo de carbón que el malhadado muelle carbonero está produciendo. Admiro a ese caballero y me declaro su colega de desgracia: yo llevo más de treinta años diciendo que el famoso puerto marítimo de Barranquilla con sus Bocas de Ceniza y su inmarcesible canal de acceso (que cada dos o años permite la cantaleta de los 40 pies de calado) es un cáncer económico, ecológico y social de nuestra ciudad, pero los sabios , que son tantos, me hacen pensar en que yo, tal vez pueda ser muy macho, pero ellos son muchos.

10 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Naturalmente que el dueño de la ciudad, que no es barranquillero sino de corazón ( qué tal que también lo fuera de hígado y de riñones?) hace y deshace de ella acompañado por la corte de adulones que defienden su puesto en nombre de un civismo respetabilísimo.

Todo parece indicar que las playas donde uno se asoleaba y bañaba en unas aguas límpidas están ahora ennegrecidas, que los aviones se atosigan en sus turbinas con el polvo de carbón, que todo está cubierto, como lo estaba la tierra faraónica cuando una de las siete plagas, de un polvo negro que desluce muebles, empaña vidrieras, indigesta peces, destruye corales, etc., pero, eso sí, el carbón sigue exportándose a precios de rebaja, porque ya el cuento del petróleo iraní se acabó, porque el Tío Sam halló la manera de salvar la dignidad patria sin deteriorar la provisión de combustible.

Todo este doloroso preámbulo para decir, como preocupa a quienes creemos saber de biología y de ecología en particular, ese proyecto del superpuerto para dedicar parte de él al carbón. Parece que no consideran suficiente haber acabado con el estuario más rico de América, después del Amazonas, con los llamados tajamares (de ahí que considere genial la frase de Amira de la Rosa: puñalada del río sobre el mar ), amén de las hermosas playas turísticas de Sabanilla, Salgar, Miramar, Puerto Colombia, en las cuales, desde mucho antes de El Rodadero y Bocagrande, venían a pasar sus vacaciones todos los interioranos importantes y tenían sus residencias veraniegas personas de la sociedad barranquillera.

Desde luego que el superpuerto es más lógico que el Terminal Marítimo y que, puestos a seguir ignorando el río Magdalena como la mejor vía de transporte de carga del país (que unido al Cauca abriría un porvenir económico insospechado, con la ventaja de que eso sería mucho menos oneroso que el soñado canal interoceánico...) y negarle a Barranquilla su derecho a ser un puerto fluvial fabuloso como se lo asignó la Naturaleza, el superpuerto es menos dañino para el país que seguir enterrando millones en el sedimento...

Ahora, para las diez de últimas nuestro ecólogo mayor, desde su Ministerio, ha dado permiso provisional para ese proyecto. Manes de la genialidad colombiana, como si la Naturaleza aceptara esas pruebas provisionales.

Pero, pa alante. Hay intereses creados y por crear, que hacen de ese puerto carbonífero, que acabará por matar lo poco que queda de vida y paisaje en las playas, desde Sabanilla hasta Santa Verónica, uno de los más sanos, provechosos y prometedores pasos del progreso de la Puerta de Oro de Colombia . Y que alguien se atreva a decir que no

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