30 PROCESOS POR MALTRATOS A SOLDADOS

30 PROCESOS POR MALTRATOS A SOLDADOS

No aguanto más , exclamó el soldado Nelson Alberto Quevedo visiblemente cansado a uno de sus susperiores que lo tenía haciendo ejercicio desde hacia varios minutos cargando a la espalda el fusil de dotación y en la cintura los proveedores y dos granadas de mano y bajo el sol candente de Tolemaida (Melgar). Adelante, adelante!, No se queje y siga!, fue la única respuesta que recibió el uniformado de su superior.

24 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

Sin embargo, el soldado no resistió y ante el cansancio perdió el equilibrio y cayó desde una draga en donde estaba haciendo el ejercicio al río Negri donde se ahogó.

O usted me dice qué pasó con el fusil que se perdió a lo tiro al salto de Tequendama , le dijo un oficial de inteligencia a un soldado totalmente asustado, y no era para menos: el oficial lo había cogido de los pies y lo tenía frente al salto del Tequendama.

Minutos antes lo había amenazado con un arma, para obligarlo a decir en dónde estaba el fusil que se había perdido en el Batallón Rincón Quiñónez, con sede en Bogotá.

Otro soldado, Danilo Ramírez Forero, perdió la vida ahogado cuando su superior lo obligó a tirarse a un río, sin importarle que el uniformado le había advertido que no sabía nadar.

Por ese caso, la Procuraduría solicitó la destitución de las Fuerzas Militares del teniente Hernán Antonio Yepes.

Estos son sólo tres casos, de los treinta procesos que adelanta la Procuraduría Delegada para las Fuerzas Militares por suicidios, homicidios y lesiones personales y agresiones verbales contra soldados por parte de sus superiores.

A esto se suma la revelación que hizo el martes el inspector General del Ejército, mayor General Juan Salcedo Lora, según la cual su despacho adelanta en la actualidad investigaciones por el suicidio de 80 soldados.

Los casos Según los expedientes del Ministerio Público hay quejas por golpear a soldados en los testículos, cogerlos a culatazos de fusil por dormir durante la guardia, ordenar a la tropa golpear a uno de sus integrantes, encarcelar a soldados injustificadamente y por lapsos largos, ordenar a los uniformados disparar a los pies de un compañero y hasta introducir agua contaminada en los oídos de un militar.

De este último caso fue víctima el soldado José Alexander Chacón a quien posiblemente un superior le echó agua contaminada en uno de sus oídos provocándole sordera permanente.

Pero los casos más graves, a no dudarlo, tienen que ver con excesos y abusos de los superiores que terminan con la muerte de los uniformados o los dejan incapacitados de por vida.

Como posibles responsables de la muerte de los uniformados José Francisco Pérez, Carlos Daza Gómez, Edgar Arias Cantor, José Fernando Lemus, Javier Ortiz, Fernando Alberto Ricaurte, Diego Fernando Gil, Ricardo Alberto Carrillo, Javier Mauricio Quiroga y Aldemar Antonio Novoa, la Procuraduría investiga a varios oficiales y suboficiales de las Fuerzas Militares.

Fuentes del Ministerio Público le dijeron a EL TIEMPO que los abusos, por lo general, son obra de mandos medios y bajos, que no comprometen directamente al alto mando y que desde hace varios años las Fuerzas Armadas trabajan con seriedad para superar esta clase de atropellos y castigar a los culpables de los abusos contra los soldados.

Según las denuncias, una buena parte de estos soldados murieron después de haber sido golpeados por sus superiores. Es el caso del soldado Carrillo que prestaba servicio militar en el Batallón Ricaurte de Bucaramanga.

Contra un alto oficial del Batallón Boyacá de Pasto, y contra cuatro oficiales y suboficiales más, la Procuraduría solicitó sus destituciones en septiembre del año pasado por graves maltratos que posteriormente le ocasionaron la muerte al soldado Ayrton Solarte Rojas .

Otro caso es el del soldado Guillermo Barroso Bustamante del Batallón Ingenieros Caldas, quien fue castigado pegándole varios culatazos de fusil y golpeado en la cabeza, el pecho y la espalda.

El castigo físico fue tan severo que el soldado quedó incapacitado de por vida.

A este caso se suman otros que por su gravedad la Procuraduría investiga a varios uniformados por tortura física y sicológica.

Hay varios casos en que las propias Fuerzas Armadas han tenido que pagar indemnizaciones millonarias por maltratos a personal uniformado.

Es más, en la Procuraduría hay quejas de familiares de soldados que dicen que enviaron al cuartel a sus hijos como personas normales y regresaron locos o incapacitados sicológicamente por haber recibido maltratos de parte de sus superiores.

Pero estas quejas no sólo han llegado a los estrados de la justicia disciplinaria.

La semana pasada la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia confirmó sentencias condenatorias contra varios uniformados que provocaron la muerte de un soldado y torturaron a otro por la pérdida de un fusil, que luego apareció. (Ver recuadro).

De los cuatro expedientes que adelanta la Procuraduría por presunto suicidio de soldados, hay uno que ocurrió en el Batallón Galán en el Socorro (Santander) el 23 de junio de 1993.

Según las primeras versiones, el caso parecía un suicidio, sin embargo, al adelantar la investigación se determinó que el uniformado aparentemente había sido asesinado por uno de sus compañeros que le intentó robar el fusil de dotación.

Al lado de estos casos de abusos y maltratos hay otros menos graves. Como el del oficial que ordenó a algunos de sus subalternos vender unas boletas de una rifa. Uno de los soldados no negoció las boletas y por esa razón su superior le confiscó su sueldo.

Otro oficial, aparentemente, consumió varios productos en el casino de una guarnición militar, y ordenó que la cuenta se la cargaran a uno de los soldados.

EL TIEMPO trató ayer de comunicarse, al menos en cinco oportunidades, con el mayor general Juan Salcedo Lora, Inspector General de Ejército máximo fiscal de esa institución, pero fue imposible.

Programa de la Procuraduría El procurador delegado para las Fuerzas Militares, Mauricio Fajardo Gómez, dijo ayer que es necesario que las Fuerzas Armadas hagan un mayor énfasis en la formación académica de los militares, especialmente en materias relacionadas con el respeto a los derechos humanos y a la dignidad de las personas.

El funcionario señaló que ahí deben jugar un papel definitivo las escuelas de formación de oficiales y suboficiales del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

Fajardo aseguró que desde hace varios meses, funcionarios de la Delegada para las Fuerzas Militares y de las procuradurías departamentales, municipales y provinciales han venido dictando conferencias a los militares sobre el respeto a los derechos humanos y la dignidad de las personas.

Este tipo de conferencias forman parte de un programa de prevención e integración que realizan la Procuraduría y las Fuerzas Armadas.

Hemos insistido mucho en lo que tiene que ver con el respeto y el buen trato que merecen los subalternos por parte de los oficiales y los suboficiales , dijo Fajardo.

Suspendido comandante del Batallón Por decisión del Comando del Ejército, el coronel Carlos Ignacio Pinzón Uribe, comandante del Batallón Guardia Presidencial, fue suspendido de sus funciones y trasladado a un cargo administrativo.

De otro lado, dos soldados que prestan servicio militar en el Batallón Guardia Presidencial dijeron a EL TIEMPO que el soldado Castro sufría mucho y tenía grandes problemas familiares.

El soldado de apellido Cobo dijo que Yo fui muy allegado a Castro. El comentaba sobre muchos problemas personasles en la casa. El era el encargado de un cuarto de los implementos de aseo y en ese lugar se la pasaba llorando y decia que tenía problemas porque sus padres estaban en proyecto de separarse .

Sobre el trato que recibía el soldado de parte del teniente Lozano, el recluta Cobo dijo que un día me dijo que estaba agradecido porque mi teniente Lozano le dio un uniforme que no le quedaba bueno, porque él es más gordo que Castro. Me dijo mi teniente Lozano es chévere .

Por su parte, el soldado Zuluga narró que Castro era un joven muy retraído. Yo estuve con él cinco días en la enfermería. Ahí lo conocí. Yo lo veía que era una persona sencilla, pero no se unía al grupo .

Un caso en la Corte Suprema La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia confirmó hace una semana condenas de cárcel contra los suboficiales del Ejército Gerardo Peña Infante y Jorge Corredor Bernal, por participar en la muerte de un soldado y torturar a otro.

La confirmación de la pena, con ponencia del magistrado Edgar Saavedra Rojas, se dio dentro de un proceso iniciado por la muerte de un soldado el 19 de julio de 1989 en el Batallón Boyacá como consecuencia de la pérdida de un fusil Galil, que luego apareció.

En el hecho, la justicia penal militar juzgó a dos suboficiales de la fuerza pública que incurrieron en excesos y produjeron las lesiones a dos soldados.

La sentencia de la Corte Suprema dice que cuando el Ejército inició la correspondiente investigación por la pérdida del fusil se ordenó la práctica de interrogatorios, los que fueron realizados por los comisionados, utilizando la tortura física, valiéndose de golpes, ataduras y sofocaciones que terminaron produciendo en el soldado Solarte Rojas insuficiencia respiratoria, que le produjo la muerte y al soldado Oswaldo Ceballos Pazmino algunas lesiones corporales .

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