MÉDICAMENTE, CLINTON NO ES CULPABLE

MÉDICAMENTE, CLINTON NO ES CULPABLE

No hablo ni como jurista ni moralista. Lo hago en mi condición de médico de la mente humana.

17 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Las características del comportamiento sexual de Clinton son de indudable cepa compulsiva. Una de ellas es la promiscuidad o actividad sexual con varias mujeres (donjuanismo en los hombres y mesalinismo en las mujeres). Lo fundamental es la irresistibilidad del deseo compulsivo, que, aunque tenga objetivos diferentes, de acuerdo con la clase de compulsión, tiene tal fuerza impositiva que la persona es incapaz de reprimirse o controlarse. La fuerza etimológica de la voz latina compulsio significa eso, apremio, fuerza que se hace a uno compeliéndolo a que realice un acto aun por encima de su voluntad. Este carácter de irresistibilidad no está ausente en ninguna compulsión, sea la drogadicción, la glotonería, la delincuencia, el alcoholismo, etc.

El año pasado, este diario publicó el caso de un ciudadano norteamericano que sufría de pedofilia, compulsión erótica en la cual la persona siente acción por violar niños. Este hombre confesó que había violado y estrangulado a 200 niños, y les pedía a los jueces que lo castraran porque él no podía controlarse aunque fuera consciente del mal que hacía y de los riesgos en que incurría: este es el poder irresistible de una compulsión! En el presidente Clinton se advierte con toda evidencia ese carácter, y aun ocupando un cargo tan delicado, que sabe que los ojos del mundo están por sobre él, realiza su compulsión promiscua. Un día con una, otro día con otra. Por qué se enredó con Mónica Lewinsky? Por afinidad. Los compulsivos se acercan. Mónica es compulsiva, a no dudarlo: desde su niñez tiende a la obesidad por glotonería compulsiva; su sexualidad es perversa; el hecho de que hubiera recogido una gota de semen de Clinton indica una inclinación criminosa compulsiva con vistas a un futuro chantaje.

La compulsión de Clinton es más creíble si se tiene a mano el árbol genealógico, siendo que las compulsiones son heredadas de una fuente originaria alcohólica, mutagénica, de la que, de manera similar, se hereda el alcoholismo, pero Clinton no es alcohólico, aunque la información en que me baso habla de que es un alcohólico secreto , entre otras cosas por su nariz roja. Sin embargo semejante, de esa fuente alcohólica se heredan compulsiones como el onanismo, la drogadicción, el juego, etc. En un cuadro estadístico que realicé a partir de 100 árboles genealógicos de familias compulsivas, el alcohol se hereda en un 42,6 por ciento, la glotonería en un 7,4 por ciento; la delincuencia en un 6,0 por ciento; la drogadicción en un 4,6 por ciento; la promiscuidad en un 4,2 por ciento; el juego en un 2,1 por ciento.

Lo que para mí tiene un gran valor clínico en el árbol genealógico de Clinton (publicado por la revista Dinero, 31 de agosto de 1998) es el siguiente comunicado de la CIA: Además, hay otros hechos: su hermano ha sido drogadicto. Su madre es una jugadora empedernida y su padrastro es alcohólico .

El dato del padrastro no nos interesa, pues él no tiene vínculos genéticos con Clinton. De lo que sí estamos seguros, después de investigar muchos años y de haber recogido 400 árboles genealógicos, es de que, detrás de personas que padecen compulsiones, como el donjuanismo de Clinton, la drogadicción de su hermano y el juego intenso de su madre, deben existir antecesores alcohólicos, seguramente por el lado materno, sin descartar el paterno.

Todo médico sabe que un padecimiento que se hereda y que tiene ese carácter impositivo en la conducta, una conducta que se realiza sin libre determinación, aunque se tenga conciencia de lo ilícito del comportamiento, es una enfermedad, sin lugar a dudas. Por cierto, el alcoholismo tiene ya ese carácter de enfermedad; por qué no habrían de ser enfermedades sus derivados? El presidente Clinton padece, sufre su compulsión, así, paradójicamente, la goce.

Lástima que en los Estados Unidos ni en otros países se haya hecho una investigación como esta. Sabrían que cuando una persona es víctima de una compulsión, puede ir hasta el delito, hasta el perjurio, sea robar para seguir jugándose o jugando; sea mentir para ocultar su acto. El presidente Clinton, como todo paciente de esta naturaleza, es inimputable.

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