AQUÍ NO ESTÁ EL DIABLO, SINO DIOS : GALLEGO

AQUÍ NO ESTÁ EL DIABLO, SINO DIOS : GALLEGO

Vengo de parte de la población civil. Ellos tienen miedo y quieren que alejen las bases militares del pueblo, confesó el padre de Miraflores, Manuel Manzera.

10 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Cómo me voy a ir? Es como si viniera la Iglesia Protestante y le pidiera, padre, que usted se fuera, le contestó el coronel Leonardo Gallego, director de la Policía Antinarcóticos. Aquí no está el diablo, sino Dios.

No meta a Dios en esto, le respondió el sacerdote, que lleva tres años escuchando los pecados de esta población.

La conversación se dio el viernes en la pista de Miraflores, cuando sacerdote y oficial intercambiaron opiniones sobre el futuro de la población.

Aunque las Farc destruyeron la base militar y el puesto de la Policía Antinarcóticos y retuvieron a 54 policías y 75 militares, el coronel Gallego fue enfático: De aquí no nos vamos. Venimos a restablecer y reanudar los ataques contra el comercio de drogas .

En Guaviare, según la Policía, está sembrado el 65 por ciento de la coca del país y se procesan al año cerca de 20.000 kilos de base, que representan unos 200.000 millones de pesos. Pese a estas cifras, los pobladores aseguran que para ellos es un negocio como cualquier cultivo, que no son delincuentes.

Les cayó la sal El padre Manuel, que se quedó sin iglesia durante el ataque, es el lazarillo de estos habitantes que buscan un mejor futuro entre los cocales y la violencia.

Celebra las misas en las esquinas, recorre las calles bombardeadas, con su camisa blanca impecable y pantalón negro. Padrecito la bendición , le grita un joven. Padre no se vaya a ir, no nos deje solos , le ruega una comerciante.

El sacerdote sostiene que su misión es ser neutral en el conflicto. Busco proteger a la población civil , asegura.

Los pobladores no quieren que la guerra se les meta por los tejados, piden que la base militar sea la de antes, que pongan una estación de bomberos y una escuela custodiada por la iglesia.

Los habitantes piensan que les cayó la sal. Hace quince días una veladora prendida en un cuarto de un billar ocasionó un incendio que dejó una cuadra en cenizas. Varios locales comerciales perdieron todo y dos perritos murieron entre las llamas. El lunes pasado fue la toma.

No olvidan la zozobra de dos días que hizo vomitar sangre en una trinchera a María Olga, que tuvo que salir en medio de las bombas a una droguería, donde le dijeron que se le había rebotado la úlcera.

Tampoco olvidan las ráfagas que cayeron en las cocinas y las granadas que no estallaron y que tuvieron que marcar con palos para que nadie las pisara.

En las tardes recuerdan la odisea en los andenes, mientras cuidan que los niños no jueguen con alguna bomba abandonada. Pese a la tormenta que vivieron, saben que no viene la calma.

todo por una letra El viernes en la tarde, un joven fue a comprar 500 pesos de pan. Norman, el tendero, le dijo que mejor llevara churros , un pan con azúcar que costaba lo mismo. Un militar que pasaba por la calle entendió chulos , nombre que les dan los guerrilleros a los uniformados. Se devolvió, le pidió papeles y le pegó tres palmadas. No hubo explicaciones. La esposa del tendero, con cuatro meses de embarazo, recibió un empujón por meterse.

El padre Manuel apareció y les pidió respeto a la población civil. No podemos involucrar a gente inocente en el conflicto , le dijo al militar.

Los pobladores tienen miedo porque a todos los consideran guerrilleros. Recuerdan el 18 de septiembre del año pasado, cuando llegaron los paras , nadie sabe cómo, y mataron a cinco personas del pueblo.

Ahora dicen que volverán. Que por las calles andan extraños armados. En la noche, cierran temprano. Las cantinas apagan la música, las putas se quedaron sin clientes.

Los habitantes de Miraflores no olvidan la zozobra de la guerra y no creen que la calma venga al pueblo tras la tormenta que vivieron la semana pasada.

foto Milton Díaz Enviado especial de EL TIEMPO

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