QUIERE UN INVESTIGADOR EN CASA

QUIERE UN INVESTIGADOR EN CASA

Con qué jugaba usted cuando era pequeño? Las mamás, seguramente con muñecas y los papás con carros y juegos desarmables.

09 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Qué pasaba cuando desarmaba algo en su casa? La cantaleta de todos los adultos, cierto? Y si preguntaba mucho? No preguntes más, que cansón . Le decían algo así por el estilo? Bueno, y si se quedaba mirando cómo caminaban las hormigas...

Todas esas cosas que le impidieron decir o hacer le hubieran ayudado para formarse como investigador en cualquier área del conocimiento. Tal vez a usted no le interese ser un Rodolfo Llinás, un Jorge Reynolds o un Albert Einstein, pero lo cierto es que las personas que investigan tienen más oportunidades, eso sin contar lo mucho que se desarrolla su pensamiento.

Eso lo sabe Joane Fernández Vargas, un muchacho de 23 años, de Samaná (Caldas), que comenzó a investigar por puro aburrimiento, pues dice que en su pueblo no se hace nada. Hoy es una de las grandes promesas de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia (ACAC).

Nuestra propia historia personal demuestra como dice Carmen Helena Carvajal, subdirectora de programas de la ACAC que nos educan para no tocar , pues siempre nos están diciendo desde chiquitos: no pregunte tanto, no coja esto, por qué desarmó aquello...

Carvajal tiene contacto con jóvenes y colegios a quienes sí les interesa curiosear con las ciencias. Camilo Armando Moscoso, de 16 años, es uno de esos jóvenes. Está en décimo grado en el colegio San Bernardo De La Salle, de Bogotá, y desde hace dos años está en el cuento de investigar.

Todo empezó porque quería hacer un telescopio con sus amigos y no encontró información suficiente en su colegio. Fue a la Universidad Nacional y al Observatorio Astronómico y a punta de averiguar aquí y allá encontró lo que necesitaba.

Ahora está con la idea de calcular la rotación del sol para presentar un proyecto en Expociencia. Además, tiene puesto todo su empeño en el grupo científico de su colegio que está conformado por varios subgrupos: biología, astronomía, física, energías alternativas y paleontología. Cada grupo lo conforman de 10 a 15 estudiantes.

Cómo formar investigadores Gloria Cristina Chon, de 20 años, prefiere investigación social. Hace unos años, con sus compañeras de colegio, decidió mejorar las condiciones de su barrio, que está ubicado en el sur de Bogotá. Con ellas empezó por averiguar cómo había nacido el barrio y después montaron talleres de sensibilización con niños y adultos para mostrarles que la manera de mejorar las cosas está en uno mismo.

Así, por ejemplo, les hablaron de la importancia de no arrojar basura a los ríos, de no talar árboles, de interactuar con los demás, de escuchar y de sentir.

Hoy siente que lo que hizo por su barrio y por otros de la localidad de Usme sirvió mucho a los habitantes de esa zona. Por eso cree que la investigación es una alternativa para surgir como persona, porque permite demostrar capacidades para hacer algo. Además, el trabajo en todo sentido es positivo .

Ejemplos como estos hay muchos, pues ya existen avances en algunos colegios del país (ver recuadro). El profesor César Orlando Martínez es uno de los que ha colaborado en este sentido. Dice que a través del trabajo con sus alumnos ha aprendido cómo se forma un científico.

Así, no duda en decir que lo importante para estimular a los estudiantes a investigar es permitirles que su espíritu vuele, no importa que tengan las ideas más locas. Una vez me dijeron que querían hacer un aparato similar al de la película La mosca, que desintegraba a las personas. Me asusté, pero después entendí que esa idea permitiría que los estudiantes investigarán diferentes áreas , dice.

Los alumnos de César no hicieron el extraño aparato, pero sí aprendieron mucho sobre física, biología y química. Así mismo, se han hecho expertos en a consultar en bibliotecas, periódicos e Internet.

De igual forma, han entendido que pueden manejar su tiempo como quieran, siempre y cuando cumplan con sus tareas. En este aspecto precisamente está la otra recomendación del profesor César. El considera que lo mejor es comenzar con grupos de investigadores en los colegios, de manera informal, sin horarios ni reglas.

Ese mismo consejo lo da a los profesores, que deben aprovechar sus horas libres para dedicarles tiempo a los jóvenes que de verdad quieran investigar, ya que el horario de clases no es suficiente.

Por eso Alvaro Niño, maestro del Instituto Técnico Centro Don Bosco, recomienda que solo los profesores por vocación le jalen a esto. Mucho más si se tiene en cuenta que deben recurrir a su creatividad para enseñarles a investigar a sus estudiantes a partir de cualquier cosa.

El, por ejemplo, ya ideó la forma de enseñarles música y ponerlos a investigar sobre este tema a partir de un trabajo con vasos de agua.

Para padres y maestros Muchos son los problemas que tienen los jóvenes y los profesores que quieren investigar. Lo más usual es: falta de tiempo en los horarios de clases, de elementos en los laboratorios, de información en la biblioteca y de plata para comprar los implementos que necesitan.

Pero todo eso se supera cuando lo que sobran son ganas. Aquí, algunas recomendaciones para encauzar esas ganas de los niños y los jóvenes: Hacer que las aulas escolares sean verdaderos laboratorios donde siempre se experimente.

Permitir que pregunten lo que quieran y motivarlos para que lo hagan. Eso significa que maestros y padres no deben inspirar miedo en ese sentido.

Permitir que creen sus propios conocimientos y motivarlos para que no memoricen.

Estimular su creatividad.

Mostrar confianza en lo que hacen. Eso se demuestra dándoles un espacio en la casa y en el colegio para que experimenten y puedan enseñar el producto de su investigación.

Comprar a los pequeños, sin importar su sexo, juguetes de toda clase. La idea es que niños y niñas puedan experimentar con juegos de armar y desarmar, de fuerza, de concentración...

Hacer que vean la naturaleza a partir de investigaciones que ellos mismos realicen sobre su entorno.

Colegios que investigan Desde hace tres años, Daniel Gamboa pertenece a un club muy especial. No tiene nada que ver con el billar, el fútbol o el cine, muy usuales entre los jóvenes de su edad (acabó de cumplir 18 años). El club de Daniel se llama Albert Einstein. Ya se imaginarán de qué se trata.

Este joven estudia en el Instituto Promoción Social de Villeta (Cundinamarca), que hace tres años creó este novedoso club, el cual está integrado por 45 estudiantes de distintos grados.

Marco Antonio Noriega, profesor de ciencias, asegura que todos ellos trabajan en diferentes proyectos científicos para lo cual tienen que investigar bastante.

El primer lunes de cada mes se reúnen para presentar sus ideas y recibir las tareas que les asignan los profesores. De esta manera, hace poco realizaron una molienda ecológica, es decir, un trapriche en miniatrura que utiliza la luz solar. El objetivo es aprovechar otro tipo de energía, no contaminar el medio ambiente y ayudar al sector panelero, la industria más desarrollada de esta zona del país.

La Escuela Pedagógica Experimental, ubicada vía a la Calera, también está en el cuento de incentivar la investigación entre sus alumnos. Según Dino Segura, director de la escuela, la idea nació porque las directivas de la institución no querían una enseñanza tradicional que se centrara en transmitir los conocimientos de los libros. Deseaban que sus estudiantes construyeran su propio conocimiento.

Así, en este momento existen 17 proyectos de diferentes áreas en el que participan estudiantes de todos los grados. Los proyectos pueden desarrollarse en períodos largos (hasta tres años) o cortos (varios meses) dependiendo de la complejidad y la edad de los estudiantes, pues los más pequeños quieren resultados de manera pronta.

Los jóvenes cuentan el resultado de sus investigaciones en publicaciones de colegios y universidades y, además, exponen sus proyectos en ferias como Expociencia, que se realiza cada dos años.

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