GITANOS BARAJAN SU FUTURO

GITANOS BARAJAN SU FUTURO

Los gitanos leyeron su propio futuro y no les gustó lo que vieron.

09 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Sus mujeres, ataviadas con collares, pañoletas y faldones, descubrieron que si continúan al margen de la sociedad y no se juegan algunas cartas legales, llegará el día en que no subsistirán.

Luego de examinar las señales que el destino les envió a través de las líneas de sus manos, los astros, la ceniza del cigarrillo o de un pocillo de café, la comunidad gitana del país decidió apostarle a su futuro.

Por eso el pueblo rom, como se llaman a sí mismos, se reunió para analizar el pasado, presente y futuro de su casta. Lo hizo en Girón, uno de los más grandes y tradicionales asentamientos de gitanos en Colombia.

Para ellos, el futuro está en conseguir los derechos constitucionales y legales que han ganado otros grupos étnicos del país, como los indígenas y las negritudes.

Los rom buscan ser una comunidad tribal porque se consideran una parte del país. Sienten que también los afectan todos sus problemas.

El pueblo gitano está desapareciendo. A pesar de estar marginados de la sociedad, los problemas de Colombia también nos golpean y nuestra cultura se está debilitando , aseguró un gitano que participó en la reunión, el pasado miércoles y jueves.

En el encuentro participaron muchos gadyé, o personas no gitanas, como el senador indígena Francisco Rojas Birry, que a pesar de las diferencias que existen entre los dos pueblos, encontró similitudes con la lucha que por años libraron los indígenas colombianos por el reconocimiento y el respeto de sus diferencias culturales.

Vamos a apoyar desde el Congreso el proyecto de reglamentación de la cultura gitana, pero antes hay que acercarnos y conocernos más para que la reglamentación sea efectiva , dijo el parlamentario, que se comprometió con el pueblo rom a ayudarlo a encontrar su camino hacia el futuro.

Problema cultural La recomendación de Rojas sobre el acercamiento de los gitanos con las otras comunidades del país tiene su razón de ser.

Desde hace más de 500 años, cuando los primeros gitanos salieron de la India a errar por el mundo, la casta se ha esforzado en mantener alejados a sus hijos de los gadyé, y particularmente de la civilización blanca, para preservar la cultura y la pureza de su sangre. La consideran perezosa, amiga de lo ajeno y mentirosa. Hoy día, según los rom que se reunieron en Girón, estos conceptos están revaluados.

Este no es su único motivo de aislamiento. Gitanos y gadyé asumen que existen prejuicios de parte y parte, que durante años han distorsionado la imagen de una etnia de por sí desconocida.

No es cierto que vivamos en carpas y montemos circos con lanzadores de cuchillos y bailarinas. Compartimos los mismos espacios urbanos con los gadyé, pagamos arriendo o tenemos nuestras propias casas , dijo una gitana.

Precisamente por llevar una vida normal, los rom no son ajenos a los problemas del país.

Reconocen que ya no son los andariegos de las leyendas, porque la situación de orden público los obliga a viajar menos y a que sus familias tengan que permanecer durante más tiempo en el mismo sitio.

La crisis económica también los golpea y ha afectado hasta sus matrimonios.

Según las costumbres gitanas, cuando un patriarca pide la mano de la hija de otro para su hijo, debe pagar una dote, que generalmente está por el orden de los cinco millones de pesos.

La falta de recursos hace imposible la petición y por supuesto el matrimonio. Por eso hoy en día, las uniones entre gitanos son cada vez más escasas.

Con la problemática del país pisándoles los talones y cansados de la discriminación, lo único que quedó claro del encuentro de Girón es que el destino le indicó a este pueblo que su única posibilidad de futuro está en flexibilizar sus normas y tener una vida común con los gadyé. El destino se los señaló en la palma de la mano.

Casta con pasado Los rom o gitanos, se vincularon a la vida nacional desde la época de la Colonia. Provienen del norte de la India y se encuentran dispersos por todos los países del mundo.

En sus más de 500 años de existencia han sufrido innumerables persecuciones. La peor, quizá, fue la que les impuso el régimen de Adolfo Hitler, que los obligó a buscar asilo en América Latina, después de eliminar a más de medio millón de ellos.

A Colombia entraron por el puerto de Barranquilla y desde allí se asentaron en ciudades y pueblos como Bogotá, Cúcuta, El Poblado e Itagí (Antioquia), Girón, Cartagena y Cali, entre otros.

En el país, los rom son más de 10.000 y están divididos en subgrupos entre los que se destacan los Bolochoc, los Boyhan, los Churon, los Mihjais, los Janes y los Greco. Todos pertenecen al grupo Cíngaros Kalderash.

Representantes de cada una de estas congregaciones fueron los que se reunieron en Girón entre el miércoles y el jueves pasados.

El encuentro, el seminario taller Pasado, presente y futuro del pueblo rom (gitano) de Colombia , fue coordinado por la dirección de Etnocultura del Ministerio de Cultura y contó con la participación de gadyé de diferentes organismos estatales del orden nacional y departamental.

La meta es que las disposiciones consagradas en la Ley 21 de 1991, que dio reconocimiento a los pueblos indígenas y tribales, les sean aplicados también a ellos.

Fotos Hernando Flórez * Sólo la convivencia con las otras razas del país les asegurará un mejor porvenir a los gitanos.

* El pueblo rom, que supera los 10.000 miembros en Colombia, se reunió en Girón para buscar soluciones a sus problemas, que son los mismos del país.

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