ASÍ SE TEJIÓ EL ATAQUE

ASÍ SE TEJIÓ EL ATAQUE

Mientras el presidente Andrés Pastrana y el jefe máximo de las Farc, Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo , se estrechaban las manos como símbolo del acercamiento entre el nuevo gobierno y el grupo guerrillero, el Bloque Oriental pulía el plan de guerra de fin de gobierno que, según cálculos del Ejército, se empezó a diseñar a finales de abril.

09 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

A esas alturas, jueves 9 de julio, todos los frentes ya habían recibido la orden de planear la contraofensiva de fin de gobierno. Las instrucciones eran precisas: despedir la era Samper haciendo un gran despliegue de fuerza y poderío.

La elección de los puntos de ataque se delegó a los comandantes de frente: la orden fue la de emplearse a fondo y es entonces cuando la capacidad de iniciativa empieza a contar. Más aun, cuando va a haber una rejeraquización de frentes ante un eventual proceso de paz , asegura un analista.

Eso explica porqué el Bloque Central de las Farc, calificado como un frente come vacas dedicado al secuestro y a acciones terroristas se aventuró a bajar de la loma y a atacar en terreno plano, como ocurrió en Natagaima (Tolima).

Según el Ejército, la munición empleada para la ofensiva empezó a entrar hace por lo menos un mes a través de Centroamérica y de Ecuador y se estima que su costo sobrepasó los 200 millones de pesos.

Lo más seguro es que utilizaran milicianos en el ataque porque, aunque no son combatientes, se necesita que almacenen la munición y los cilindros de gas que utilizaron como bombas .

Miraflores, según los estrategas, fue elegido por razones políticas pero también por su posición geográfica: Está en plena selva, lejos de los centros de concentración de tropas, sin vías de fácil acceso y con la mejor autopista para la movilización de tropas: el río Vaupés .

Políticamente, significaba recuperar el terreno perdido con la Operación Conquista , que aunque estaba dirigida al narcotráfico tuvo el doble efecto de bloquear a la guerrilla.

Estaban ciegos Y a ese panorama de factores propicios se unió uno más: el de la población civil. Según los estrategas, quien tiene a la población civil a su favor, gana la guerra. Y en Miraflores, si bien los civiles no estaban en contra de los uniformados, la neutralidad que observaron tuvo consecuencias, pues a pesar de conocer días antes un panfleto donde se advertía de la toma, no informaron a las autoridades.

Aunque parezca absurdo, gran parte de la responsabilidad de la inteligencia recae en los informantes de la población civil asegura el estratega militar. Es la única manera de hacer inteligencia de combate en el área. Pero delatar a la guerrilla en una zona como Miraflores es delatar a los amigos .

Por eso los militares no tenían ni ojos ni oídos y por eso 1.200 hombres pudieron deslizarse por el río Vaupés sin que nadie viera nada.

Además, en Miraflores se concentra parte del campesinado que se vio afectado por la erradicación de cultivos ilícitos de los que deriva su sustento. La cuenta de cobro por esa decisión política se la pasaron a los uniformados .

El resto corrió por cuenta del ágil sistema de movilización de la guerrilla lanchas rápidas e incluso apoyo aéreo de sus excelentes comunicaciones y del eterno factor sorpresa.

La táctica militar Y mientras la guerrilla planeaba su ataque, qué pasaba con la Policía y con el Ejército? Qué pasó con su capacidad de respuesta? Dónde estaban los hombres que tenían a su cargo la inteligencia de campo? Tenían un plan de combate para enfrentar ataques sorpresa? Disponen de planes de contingencia que les permita prever la movilización de apoyos aun con mal tiempo, como el que reinaba en Miraflores? Las respuestas a estos interrogantes plantea, de entrada, un debate de fondo sobre la capacidad táctica y operacional de las unidades militares y de Policía que, pese a sus esfuerzos, están sufriendo derrotas consecutivas en la confrontación que les está planteando la insurgencia.

Según los estrategas consultados, los uniformados acantonados en Miraflores estaban convencidos de que tenían movilidad, pero no contemplaron factores como el terreno de jungla y la movilización por río. Adicionalmente, no previeron el mal tiempo y pensaron que el apoyo llegaría fácilmente.

Los militares activos también afirman que muy seguramente no existía un plan coordinado entre Ejército y Policía en caso de un ataque. Tampoco se pensó en distribuir estratégicamente las tropas. Los uniformados estaban muy cerca y esto les restó capacidad de movilización y de respuesta. En otras palabras, no existía unidad de mando entre las dos fuerzas.

Por los resultados del ataque, es muy posible que tampoco se tuviesen planes de seguridad para evitar sorpresas, enfrentar sabotajes, asaltos, emboscadas y tomas.

Y el resultado de ello ya todo el país lo conoce.

*Por ser miembros activos de las Fuerzas Armadas o parte de procesos de acercamientos de diálogo con la guerrilla, los analistas pidieron mantener sus nombres en reserva.

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