EL SABANETA, UN HOTEL PARA UN INDIGENTE

EL SABANETA, UN HOTEL PARA UN INDIGENTE

Lo que hace 60 años, era el mejor hotel de Fusagasugá, a donde cada fin de semana llegaban cerca de 40 personas a pasar un fin de semana o una temporada vacacional, está convertido en un viejo recuerdo hecho ruinas, adornado con cartones y plásticos.

24 de octubre 1998 , 12:00 a.m.

Hoy, en El Sabaneta, el único huésped es José Ricardo Barajas, un indigente reciclador de la población, que desde hace tres años se radicó a vivir entre los escombros del hotel, que están abandonados desde hace más de 25 años.

Yo cuido esto, porque la gente lo estaba cogiendo para hacer cosas feas. Desde que llegue aquí, trato de mantenerlo limpio. Claro que aquí asustan. Por las noches siento llorar un bebe, escucho lamentaciones, pero ya me acostumbre a vivir con esos fantasmas , cuenta Barajas.

El sabaneta, en sus épocas mozas , tenía una arquitectura que rimaba entre los moderno y lo colonial. La armonía de sus jardines, sus gruesas columnas y sus pisos en madera de pino hicieron que este hotel, construido entre 1937 y 1938, según datos de Guillermo Guzmán, un historiador del municipio, obtuviera un premio de mejor arquitectura nacional en el año de 1945.

Esto es lo único que he podido conseguir en cuanto a información histórica de este lugar , dice Guzmán.

Del Sabaneta son muy pocos los datos que se tienen. Algunos dicen que sus primeros dueños fueron unos coreanos, otros en cambio desmienten esa versión y manifiestan que era gente de la Región y que ese predio está ahora en un juicio de sucesión. Lo cierto es que nadie en el municipio sabe con certeza quién fue su dueño y quién es el de ahora.

Refugio de alemanes Cuenta Guzmán que al finalizar la segunda guerra mundial, en 1945, donde Alemania resultó vencida, los ciudadanos alemanes de cada país, denominados refugiados de guerra, fueron trasladados a un solo lugar, a petición de cada mandatario. En Colombia, el refugio de ellos fue el hotel Sabaneta de Fusagasugá, donde permanecieron por más de un año, custodiados por la Policía colombiana.

Luego de que los alemanes se fueran de la ciudad, el hotel continuó recibiendo una gran demanda de turistas, pues su mayor atractivo radicaba en su piscina olímpica, con trampolines de varios niveles, que era la única que había en toda la región y por ello sus dueños optaron por construir cuatro cabañas de dos pisos, con balcones, para albergar a más veraneantes.

El Sabaneta era una casa de dos pisos, con un salón amplio, donde las familias más prestigiosas de la población como los Rincón, los Triviño, los Cruz, los García, entre otros, celebraban las festividades navideñas en ese lugar. El requisito, cuenta Guzmán, es que todos debían asistir vestidos de negro.

Hoy, lo único que queda del Sabaneta son unas paredes y muros caídos que guardan una historia.

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