EL PADRE QUE MOVIÓ A PUTUMAYO

EL PADRE QUE MOVIÓ A PUTUMAYO

Durante más de diez horas la caravana que partió el sábado desde Puerto Caicedo y que llegó a Santa Rosa, en la bota caucana, acompañó los despojos de un hombre que por 16 años le entregó su vida a los campesinos del Putumayo.

15 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Desde recónditas veredas cercanas a la carretera que une al Putumayo con el Cauca fueron saliendo campesinos que dejaron el azadón para batir sus pañuelos blancos al paso del cortejo del padre Alcides. Apostados a la orilla del camino los indígenas de Sibundoy hicieron lo mismo, y en honor del sacerdote asesinado, rindieron un homenaje a su memoria, a su trabajo.

Pero quién era el hombre de corazón grande y estatura pequeña que fue capaz de movilizar a cientos de campesinos e indígenas a lo largo de la carretera entre Mocoa y Popayán, durante más de diez horas? Para Jairo Lara, un amigo que compartió con él muchos años en el Putumayo, Alcides fue un hombre que nunca se involucró en ningún conflicto, pues siempre estuvo pendiente de solucionarlos .

Y así dirimió las peleas. Cuentan quienes lo conocieron que una vez ofició una misa en medio de una pelea familiar. Al final, ambas partes se reconciliaron.

Por eso a Teófilo Henríquez, un campesino de 79 años, poco le importó la incomodidad de viajar en un bus escalera por más de 18 horas para ir al entierro del Padre.

Pero el padre Alcides no solo logró convocar una multitudinaria manifestación de afecto en torno a su muerte. Su labor, el trabajo con los campesinos y las organizaciones que pudo crear para dejar la semilla en una tierra que adoró, fue su legado.

En 1982, cuando llegó a Puerto Caicedo, una pequeña población al sur del Putumayo, encontró la misma situación de otras zonas rurales del país: una marcada incidencia machista. Desde entonces, puso en práctica sus lemas y decidió abrir espacios para que los campesinos de la zona entendieran la necesidad de capacitar a la mujer.

Con frases como : Los oficios no tienen sexo y que La mujer aprenda a salir de su miedo , que fue soltando en la misa diaria de las siete de la noche, el padre Alcides comenzó un trabajo con las campesinas de la zona que lo llevó a crear después la fundación Nuevo Milenio.

A través de Milenio surgieron grupos que lograron montar, con recursos internacionales gestionados por él, una cooperativa sólida, la recuperación y conservación de las cuencas hidrográficas, investigaciones sociales y el apoyo a las mujeres viudas de la violencia en su zona.

En estos últimos meses estuvo trabajando en un plan de agricultura orgánica para la producción de frutas de la amazonía y así montar una fábrica de compotas y mermeladas. También quedó lista la licencia aprobada para una emisora comunitaria. Faltan los equipos, y su voz.Doña Evangelina fue la única persona que lo atendió. Ella se ocupó de la ropa y los quehaceres de esa casa que él también convirtió en hospedaje para sus amigos. Ella también murió a su lado, tratando de protegerlo cuando comenzaron los disparos en medio de su última misa el viernes en la noche.

Hace un mes, cuando volvió de visitar a su familia en el Cauca, el padre Alcides saltó, literalmente, de la emoción. Como un niño chiquito brincó sonriente y haciendo fieros a sus amigos de Puerto Caicedo, les dijo que había estado con los suyos. Ayer, volvió a ellos.

FOTO: EL TRABAJO DEL PADRE ALCIDES estuvo dedicado a las mujeres víctimas de la violencia. Su misión era dejar una semilla para el desarrollo social.

Claudia Cerón / EL TIEMPO

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