ROSARIO DE PERLAS

A todas las personas y entidades preocupadas por fomentar entre los jóvenes el hábito de la lectura, hoy en graves apuros, pienso que se les está escapando una incomparable oportunidad para lograr avances muy notables en este benemérito empeño. Bien sabemos que es la televisión uno de los grandes y peligrosos rivales del libro. Pues bien: no sé qué están esperando los abanderados de la noble causa del papel encuadernado e impreso para aprovechar el deplorable nivel de calidad que muestra en la actualidad la televisión colombiana, y atraer a la juventud hacia el milagro de la inmersión en la palabra impresa. Yo estoy convencido de que de la actual programación no es difícil rescatar hasta a los más contumaces y empedernidos adictos; hasta a aquellos que se duermen sobre un pozo de babas luego de horas de sandez y chabacanería televisadas. La proliferación de culebrones ha llegado a convertir nuestra televisión en el más repulsivo serpentario, y la de programas de entretenimiento en un

07 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Por supuesto, es preciso reconocer algunas notables excepciones en la programación de Señal Colombia y tal vez (no sé si me equivoco) una que otra en los canales comerciales. Así que la consigna del momento es: todos a apagar televisores y a leer! *** Muy buena la crónica de Diego Hernán Cárdenas en EL TIEMPO del 26 de julio sobre los secretos del apagón de Corelca. Sólo tengo que observarle a Diego Hernán la magnitud del error en que incurrió al comentar que a soto boche, los voceros oficiales... etc. . Esta es una locución italiana que se usa en nuestro idioma con la equivalencia exacta de en voz baja y que se escribe sotto voce.

*** Atención, amigos de Semana: Leo en su Confidencial de la entrega del 27 de julio una nota titulada Reestructuración que termina diciendo: La idea es devolverle ese poder a los ministros . Pues resulta que han caído ustedes en un error que se ha vuelto crónico entre nosotros y que es un grave pecado de lesa concordancia: la idea no puede ser devolverle ese poder a los ministros, sino devolverles dicho poder, puesto que los ministros son varios y no uno solo.

* * * Y a José Antonio Sánchez, de El Espectador, quiero recordarle, a propósito de su nota sobre la historia del lentejismo en Colombia, que Domingo Sarasty no fue ningún liberal lentejo, sino que entró a formar parte del gabinete del presidente Laureano Gómez con legítimos e incuestionables títulos como jefe godo en su departamento de Nariño.

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