CÓMO CAYÓ EL FORTÍN MAYOR DE MIRAFLORES

CÓMO CAYÓ EL FORTÍN MAYOR DE MIRAFLORES

El sopor de la noche y el ruido de cascada que produce en su avance el río Vaupés hacía que el lunes los 21 hombres que integran la patrulla mixta de Ejército y Policía estuviesen relajados.

06 de agosto 1998 , 12:00 a.m.

Eran las siete de la noche y la guardia, como de costumbre, estaba destacada frente a la ribereña base militar del batallón Joaquín París.

Las primeras explosiones acompañadas por ráfagas fueron sorpresivas y no dieron tiempo siquiera para activar las alarmas. Una gruesa columna de guerrilleros, que parecían desembarcar del río como fantasmas, redujeron rápidamente la leve resistencia e hicieron cautivos a los miembros de la patrulla.

La primera avanzada de las Farc tenía como objetivo el fuerte militar. Sus comandos ascendieron los 600 metros que separan el cuartel del río, pero a mitad de camino se encontraron con los primeros cordones de contención militar.

En medio de los combates, otras columnas insurgentes, dispuestas de manera perimetral, abrieron fuego desde la selva contigua no solo contra la base del Ejército, sino contra su objetivo central: el fortín antinarcóticos de la Policía.

Señal de alerta A las 7:30 de la noche los operadores de comunicaciones que estaban de turno en el edificio de la Dirección General de la Policía recibieron el primer parte desde Miraflores.

La comunicación hablaba inicialmente de un agente muerto y tres soldados y dos agentes heridos. Venía acompañada de un S.O.S en demanda de refuerzos y apoyo aéreo porque la magnitud del ataque crecía aceleradamente.

Mientras la base de antinarcóticos, que según palabras del propio director de la Policía, general Rosso José Serrano, se ha convertido en el símbolo de la guerra contra el narcotráfico, era sometida a un intenso fuego de rockets y morteros, el mal tiempo en la zona se convertía en el principal aliado de los guerrilleros.

Con angustia y desespero los oficiales del alto mando en Bogotá eran advertidos de que sobre la región se abatía una tormenta eléctrica y que un denso y bajo techo de nubes hacía imposible pensar en operaciones aéreas.

Serrano y su comandante de antinarcóticos, coronel Leonardo Gallego, tuvieron que limitarse a enviar ordenes y palabras de aliento por el sistema de radioteléfono y hacer sugerencias sobre la aplicación de los dispositivos tácticos y estratégicos.

...Ni palomas mensajeras Como plan de emergencia, optaron por concentrar las operaciones en San José del Guaviare la base más cercana y en la madrugada del martes fueron enviados los primeros refuerzos, bajo el mando directo de Gallego.

A las 10:10 de la mañana de ese día cuatro helicópteros UH-1H y Bell 212 de la Policía sobrevolaron Miraflores y asistieron a las ya menguadas tropas durante la última fase de los combates que duraron 26 horas.

La tripulación de una de las naves recogió el último reporte de los hombres que combatían en tierra contra más de 1.000 hombres de cuatro frentes de las Farc.

El dramático parte daba cuenta de 21 miembros de la fuerza pública desaparecidos, dos muertos y cinco heridos. A partir de ese momento se perdió toda comunicación.

El mal tiempo arreció y los pilotos del pequeño escuadrón de apoyo no tuvieron alternativa distinta a la de regresar a San José. Lo hicieron, entre otras razones, porque el combustible escaseaba y entonces les quedaba muy poca autonomía de vuelo.

Algo muy malo debe estar pasando , dijo en su despacho, con voz temblorosa, el general Serrano. Y agregó: Es que después de un combate, por mal que nos haya ido, mis hombres suelen comunicarse conmigo así sea a través de palomas mensajeras .

Serrano y el comandante de las Fuerzas Militares, general Manuel José Bonett, se encontraron en la Escuela de Cadetes José María Córdova, donde se realizaba la ceremonia de despedida al presidente Ernesto Samper. Allí ambos recibieron un reporte mucho más inquietante: en el área estaban desaparecidos más de cien hombres entre contraguerrilleros del Ejército y antinarcóticos de la Policía.

Barreras doblegadas La descomunal fuerza del ataque doblegó las barreras de protección de la base antinarcóticos.

Las minas antipersonal dispuestas preventivamente a su alrededor volaron con las descargas de los rockets y las mallas dispuestas para hacer misiles y rockets terminaron por ceder.

En un paraje situado a dos kilómetros de allí, donde en el pasado hubo una chagra sembrada de coca, aterrizaron tres helicópteros Black Hawk con setenta soldados profesionales. La naves fueron recibidas a tiros, pero la tropa logró ganar posiciones.

Eran las nueve de la noche del martes cuando la Cruz Roja recibió un informe de radioaficionados que afirman haber visto cuarenta heridos que buscaban refugio en el interior de la iglesia.

A esa hora la munición de las tropas regulares se había agotado. Algunos de los combatientes de Ejército y Policía lograron camuflarse en las selvas, pero otros cayeron rápidamente en manos enemigas.

Ayer, a las 9:25 de la mañana, los organismos de seguridad captaron parcialmente una comunicación de las Farc. Jorge Suárez Briceño, El mono Jojoy , daba el parte de guerra al secretariado de la guerrilla y hablaba de 30 muertos, 50 heridos y cien militares y policías secuestrados. (Ver recuadro).

Desde esa hora 50 hombres de antinarcóticos y patrullas militares intentaban ingresar al área sin éxito.

Las minas que protegían la base volaron ante las demoledoras descargas de los rockets. Las mallas antimisiles fueron destrozadas.

LES PELEAMOS CON HONOR DICE EL SOLDADO ESCALANTE Soy el soldado Escalante Rodríguez Luis Hernán, regular del batallón Joaquín París y recuerdo lo que pasó esa noche en Miraflores...

Estábamos en un contacto con la guerrilla, les estábamos dando duro. Eran como las diez de la noche cuando me cayó una granada y sentí como un trancazo en la mano. Me partió el brazo y perdí el conocimiento, hasta que a la mañana siguiente mis compañeros me recogieron.

Hasta cuando caí había dos heridos. Nos defendíamos como fieras. Eramos como cien y ellos muchísimos más, como mil, y por eso trataban de tomarnos ventaja. Y deben estar tan adoloridos como nosotros porque les dimos verracamente, les peleamos con honor.

Vamos por la base antinarcóticos gritaban algunos de los guerrilleros gritaban las Farc porque nos tienen jodidos con la papa .

Era una pelea desigual en la que ellos, pese a que eran diez más en números, mostraron cobardía: tomaron a varias personas del pueblo como escudos y se atrincheraban en las casas .

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