SOBREDOSIS O ASFIXIA

SOBREDOSIS O ASFIXIA

1. Una controversia reveladora El debate que le plantearon sus colegas peritos del departamento especializado de Medicina Legal debió resultar sorpresivo y tensionante para el médico Nelson Téllez, patólogo oficial del proceso por la muerte de Doris Adriana.

13 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

Era un asunto que rebasaba la simple rutina y que aún para científicos que parecían imperturbables, cobraba mayor importancia, no solo por el peso publicitario de uno de sus protagonistas, Diomedes Díaz Maestre, sino por la reivindicación del derecho a la vida a la que estaban obligados.

El asunto no era ni mucho menos de poca monta: Para ellos, la causa central del deceso de Doris Adriana no era una sobredosis de cocaína, como lo consignó Téllez en el informe oficial enviado a la Unidad Primera de Vida de la Fiscalía.

Basados en los datos de la necropsia practicada en Tunja, los demás patólogos creían firmemente que fueron desestimados importantes signos hallados en el cuerpo de la muchacha y que indicaban que ésta murió asfixiada.

Le dijeron con franqueza a Téllez que por lo menos debió haber contemplado esa posibilidad, en aras del esclarecimiento pleno de la verdad.

En del debate participó incluso la jefe nacional de Patología del Instituto de Medicina Legal, Mary Luz Morales Rodríguez. Para probarlo, existe un oficio enviado por el propio Téllez al director del Instituto de Medicina Legal, Ricardo Mora, en el que deja constancia del desacuerdo planteado por la científica.

Era evidente que no había unidad de criterio en Medicina Legal sobre un caso tan sensible, aunque inexplicablemente esa controversia nunca se hizo patente en el proceso penal seguido al cantante, a sus escoltas, a Luz Consuelo Martínez y al celador del edificio Plaza Navarra.

Al final, pese a tratarse de un asunto tan delicado, todos prefirieron mantener la polémica en el ámbito privado y hacer así un ejercicio dialéctico, en círculo cerrado, como el que harían, por ejemplo, ingenieros que discrepan sobre la calidad de obra en un edificio.

A título de confidencialidad, algunos de estos peritos explican las razones que los llevan a disentir del dictamen oficial rendido por Téllez al fiscal Julio César Martínez, ante quien tuvo que sustentarlo en por lo menos dos oportunidades.

Para respaldar su hipótesis sobre la muerte por asfixia, provocada por medio mecánico (cubrimiento con una mano de nariz y boca o presión para estrangulamiento), los peritos describen así los signos hallados: 1. Hay hematomas y laceración en el labio inferior, con engrosamiento del mismo.

2. Se advierten petequias, es decir, pequeñas hemorragias, en la conjuntiva del ojo.

3. Presenta un hematoma intramuscular en el cuello.

4. Hay petequias en el tórax.

Según los expertos, todos estos son signos evidentes de una asfixia que, desde luego, nunca depende de la voluntad de la víctima.

En la réplica a sus colegas, Téllez adujo que su apreciación central tenía arraigo en las conclusiones del toxicólogo, para quien la sobredosis era evidente. En efecto, el toxicólogo, perito forense identificado con código 540-12, dice en su informe que en la sangre de Doris fue hallada cocaína en cantidad de 9,35 partes por millón y benzoilecgonina (principal metabolito) en 19,46 partes por millón.

Al explicar el significado de esas cifras dice que la dosis fue excesiva, pues la literatura científica señala que consumidores normales o promedios de cocaína presentan niveles de 0,1 a 0,5 partes por millón. Recalca entonces que está demostrado que con una parte por millón se presentarían convulsiones y fuertes efectos tóxicos. Así las cosas, la amiga y admiradora de Diomedes habría recibido una dosis ocho veces superior a los niveles tolerables para un ser humano.

Este punto resultó vital dentro del proceso, como quiera que la Fiscalía estimó en su momento que un consumo de droga tan excesivo no pudo haber sido voluntario. De hecho, al confirmar la detención decretada contra Diomedes el fiscal Martínez y su compañero de instrucción, Fernando López Urrego, lo sindican de participar en un homicidio agravado, entre cuyos elementos de dolo habría estado el de haber obligado a la joven a que consumiera.

Pero los patólogos que disienten del informe de Téllez recuerdan que pese a los notorios avances de la ciencia médica forense en Colombia, históricamente en el país Medicina Legal no ha dado oficialmente datos de dosificación de cocaína y entonces carece de tradición en este campo.

El primer caso en el que lo hizo precisamente es el de Doris Adriana Niño. Antes, en la investigación por la muerte del joven italiano Giacomo Turra, ocurrida en Cartagena, habló genéricamente de sobredosis, sin cuantificarla.

Esos mismos patólogos apelan también a la literatura científica para probar que no hay relación exacta e irrebatible entre dosis y muerte por consumo de cocaína, pues existen reportes de que con mínimas cantidades de la droga en la sangre, cualquier persona enfrenta riesgo de muerte.

Pero a la vez, se han dado casos, como los que refieren los médicos estadounidenses Roger E. Mittleman y Charles V. Wetli en un artículo titulado muerte causada por uso recreativo de cocaína y publicado en la edición número 14, volumen 252 de 1984 de la revista especializada JAMA. Según esos artículos, se han dado casos en los que varios pacientes se salvaron pese a haber consumido cocaína en niveles muchos más altos que los hallados en la sangre de Doris Adriana.

La publicación analiza casos conocidos por el Departamento de Patología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami.

Esto lleva a uno de los peritos que controvierte el informe del patólogo a hacer esta observación: La dosis que se da en el informe (una parte por millón) o un microgramo por mililitro como dosis letal, no es válida, ya que se han reportado en múltiples oportunidades niveles hasta de 20 microgramos por mililitro, con cuadros sin complicaciones ni desenlaces fatales, especialmente en adictos .

El doctor Téllez reconoce que en el caso de Doris Adriana existen las lesiones propias de una sofocación o estrangulamiento, pero las descarta como causa de la muerte, basándose en los resultados de toxicología y la posible dosis letal. De hecho, en su pronunciamiento oficial ante la Fiscalía y en sus posteriores ampliaciones ha señalado que las lesiones halladas en el cadáver no eran capaces, por sí solas, de provocarle la muerte a alguien.

Atribuye las lesiones traumáticas a lo que los especialistas llaman un episodio convulsivo por cocaína . Algunos de sus compañeros del Departamento de Patología no niegan la presencia de la cocaína, pero creen que la muchacha pudo haber sido sofocada o estrangulada mientras estaba bajo los efectos de la sustancia estupefaciente, evento en el que la resistencia de la víctima es necesariamente menor.

Para ellos, los golpes no tienen las características de las lesiones autoinfligidas, es decir, provocadas por la propia víctima.

Las petequias (las pequeñas hemorragias) son atribuidas por Téllez a livideces producto de cambios post-morten. Para él, la muchacha murió entre seis y diez horas antes del levantamiento del cuerpo. Para sus colegas de Departamento eso sería una contradicción porque las hemorragias petequiales por livideces post morten se presentan después de 24 horas del deceso.

2. Signos de violencia sexual El patólogo del caso no ha estado del todo solo en sus apreciaciones. El también médico Carlos Eduardo Valdés Moreno, jefe de la División Criminalística del Cuerpo Técnico de la Fiscalía, conceptúa que la causa de la muerte fue un paro respiratorio secundario a intoxicación por cocaína . Con todo, deja abierta la posibilidad de que el deceso no hubiese escapado a un cuadro de violencia física.

En un informe enviado al fiscal describe, entre otros, los siguientes hallazgos en el cadáver: equímosis y escoriaciones en el vestíbulo del labio inferior, escoriaciones en la rodilla izquierda, hemorragias petequiales en la cara anterior del cuello y el tórax superior, múltiples equímosis en los muslos y hematoma en la región frontal izquierda .

Pero su conclusión plantea dos posibilidades: Los hallazgos (...) corresponden a lesiones ocasionadas por elementos contundentes, que demuestran la ocurrencia de violencia física, que además podría o no estar correlacionada con el estado de excitación psíquica por intoxicación cocaínica .

Bajo el subtítulo violencia sexual , destaca en su documento estos hallazgos: escoriaciones en región lumbar derecha y en los glúteos, bluyín con los pasadores laterales desgarrados, múltiples escoriaciones pequeñas en hemiabdómen superior izquierdo y flanco derecho, escoriaciones lineales múltiples en región lumbar derecha, escoriaciones en genitales, ano hipotónico con despulimiento en sus pliegues y material blanquecino granuloso en introito vaginal y saco rectal.

Los hallazgos descritos -concluye- se correlacionan con lo que frecuentemente se observa en prácticas sexuales violentas, aún más si se considera el resultado de los análisis de las pruebas de DNA realizadas a las muestras obtenidas del canal vaginal, en donde se demuestra la presencia de espermatozoides correspondientes a dos individuos .

La comprobación en el laboratorio de que una de las muestras de semen correspondía a Diomedes, no era en sí misma reveladora. Al fin y al cabo él siempre admitió que esa noche tuvo relaciones sexuales con Doris. Sin embargo, el enigma se cierne sobre la segunda, comparada con muestras de sangre aportadas por los escoltas y el celador del edificio. Sus resultados fueron negativos, aunque hubo una extraña demora en la entrega de los correspondientes al escolta Héctor Mauricio Botía.

La duda llevó siempre a la familia de la joven a preguntar si acaso se estaría ocultando la presencia de alguien más en el apartamento.

Para mí -dice Rodrigo Niño- mi hermana fue accedida carnalmente de manera violenta.

3. Cómo consumió la droga? Para los peritos que se apartan del criterio del doctor Téllez, éste no logró precisar cuál fue la vía de administración de la cocaína.

Llaman la atención sobre el hecho de que no fue hallada droga en el estómago, lo que descarta una ingesta oral. La ausencia de lesiones de aguja o jeringa en el cuerpo excluye también la administración intravenosa.

Observan que dosis tan altas no se pueden conseguir por vía nasal y entonces se preguntan cómo pudo haberla consumido. La única alternativa serían las vías genital o rectal. La exploración respectiva no fue practicada. De hecho, el propio Téllez explica en su informe que en ocasiones resulta muy difícil identificar el uso de esas vías, ya que hay adictos que utilizan sitios como la vena dorsal del pene, en los hombres, y los labios menores, el periné u otros sitios ocultos, en las mujeres.

El fiscal le hizo al patólogo esta pregunta afín a esa duda: En qué tiempo un consumidor habitual u ocasional puede consumir las cantidades de droga encontradas en las muestras de Doris Adriana Niño García?.

No es posible -responde el especialista- hacer un pronunciamiento con precisión sobre este particular porque se desconocen varios elementos de juicio como son la vía de administración, la pureza y la dosis de cocaína, en cada administración y lapso entre cada dosis .

Cuando el investigador le pregunta si un consumidor habitual podría llegar a ingerir sustancias o drogas que produzcan dependencia en una cantidad o porcentaje como el señalado en el examen, Téllez hace una docta explicación sobre las diferentes formas de administración e incluyó en su respuesta este aparte: Aplicación por las mucosas genital y rectal: la absorción por estas vías es rápida y relativamente completa y se han reportado casos fatales luego de administración por este modo. No hay datos disponibles sobre concentraciones en sangre, aunque éstas en algunos casos aislados, que han sido estudiados, no han sido muy altas .

En una solicitud de aclaración al dictamen de Medicina Legal el fiscal insiste en indagar por la causa de la muerte de la joven. El patólogo recalca en el tema de la sobredosis y remata su respuesta con esta conclusión: En este caso, pudo presentarse un accidente, un suicidio o un homicidio, y la tipificación de dicha manera de muerte queda a discreción de la autoridad competente, de acuerdo con los restantes elementos de juicio que obren en el curso de la investigación .

Era Doris dueña de su voluntad momentos antes de su muerte? Debe concluirse -responde Téllez- que para el momento en el que Doris Adriana Niño García sobrepasó los niveles de cocaína capaces de generar un delirio tóxico y aún convulsiones (una parte por millón) y hasta alcanzar niveles 9 veces más altos para tales signos y síntomas, no estaba en capacidad de controlar sus decisiones, sus movimientos ni su voluntad .

Sus colegas, apegados a la experiencia y a la literatura científica que él mismo invoca, recuerdan que hay casos en los que una persona puede, por sus propios medios, llegar a niveles superiores.

Como si se estuviera anticipando a las dudas que más adelante le plantearían sus colegas del Departamento de Patología, Téllez escribió: ...Sí, debe decirse que Doris Adriana Niño García recibió lesiones antes de morir, por mecanismo contundente, aunque la intensidad de esas lesiones fueron leves e incapaces por sí solas de causar la muerte .

Luz Consuelo Martínez ha insistido en una versión según la cual Doris Adriana se entregó desaforadamente al consumo de aguardiente luego de darse cuenta de que ella estaba embarazada.

Medicina legal la contradice: Los resultados obtenidos indican que hay una positividad en sangre para alcohol etílico. Sin embargo, la concentración es muy baja (34mg%), como para poder afirmar con toda certeza que hubo ingesta de alcohol, dado que hay cierto grado de producción endógena de alcohol etílico . Esto último quiere decir que cuando se inicia el proceso de descomposición de un cuerpo, éste produce alcoholes.

Incluso su versión sobre el consumo voluntario y desmedido de la droga se estrella contra una de las conclusiones del patólogo: No hay elementos de juicio que sustenten que esta mujer era una consumidora habitual de cocaína dado que no se identificaron en su cuerpo los estigmas clásicamente descritos en este tipo de personas .

Hay algo que preocupa a todos: las muestras en Medicina Legal están agotadas y si alguien decidiera poner la controversia en blanco sobre negro, se encontraría sin mayores elementos para revaluar lo que se ha hecho.

En el capítulo de Medicina Legal queda flotando otra duda: una muestra de orina tomada al cuerpo de Doris Adriana en Tunja fue cambiada. Las conclusiones de la investigación interna anunciada por el instituto allí no se conocían hasta el momento del juicio a Diomedes.

La pérdida de la muestra supuso que la cadena de custodia se rompió y por eso el cadáver fue nuevamente exhumado en Bogotá para comprobar que no se estaba trabajando con otras muestras cambiadas. Quién estaba interesado en mantener ocultas las razones de la muerte? El episodio, más allá del fallo que den los hombres, quedó también bajo el escrutinio divino.

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