NO NOS CALLAN FÁCILMENTE A LOS GENERALES

NO NOS CALLAN FÁCILMENTE A LOS GENERALES

Las cosas que dice el general Bonett! ( y las que no dice!) y ese, su cierto tono levemente desolado pero mamagallista y, además, la rápida frase que centellea como un látigo, y el hecho de hablar inglés, y leer latín como un cura de bonete y olla y hasta griego y de saber de Arístides, de Aristófanes, de Aristeo y Aristómenes y de estar seguro de que Onassis se llamó Aristóteles por Aristóteles y no a la inversa, y de tararear en pie de igualdad La piragua de Guillermo Cubillos y Aída y Tosca y de ser espectador habitual de todo el teatro que pasa por su vera, y saber que su destino (antes del final) serán las tablas y la filosofía, y de ser oriundo de Ciénaga, un sitio donde nada tenía límites, de tal manera que él no los conoce ni los acepta. Todo eso hace de él un resultado atípico del Ejército colombiano, tan acostumbrado a los hombres de cuartel, a las voces de mando, a las órdenes perentorias, a los kepis sobre los ojos, al cumplimiento estricto, a las botas charoladas, al un,

05 de julio 1998 , 12:00 a. m.

Bueno, pero no se trata de hablar de guerra. Se trata de hablar de alguien que no se detuvo en el aprendizaje de la táctica y la estrategia, sino que se dedicó juiciosamente a las humanidades, que sabe de historia, que recuerda las lecciones de Pedro, su padre, y las enriquece con sus propios sueños e investigaciones, que puede demostrar que los muertos de las bananeras fueron siete y no los tres mil que noveló Gabo. Cuando se trata de pensar en lo que vendrá, nuestro General abriga proyectos distintos de los de la mayoría de sus congéneres, que no van más allá de montar una empresa de vigilancia privada manejada por ex sargentos. De allí que estará listo desde el siete de agosto para terminar sus estudios de Filosofía que dejó truncos por cosas de la vida, y de teatro y de historia del arte. Y retoñará las famosas tertulias en Ciénaga. De manera que volveremos a oír hablar de él cuando dirija una nueva versión de Marat-Sade o de Moliére (que hoy relee) o de cualquiera de las piezas del teatro negro o del absurdo, que interpretan cabalmente a Colombia.

Se habrán preguntado ustedes por qué habla tanto nuestro General? Yo diría que habla porque es protagónico, aunque lo niegue, porque le seducen las letras de molde y porque le gusta estar en la pomada. Pero también porque respeta la sociedad civil y sabe tratarla con el guante de hierro y seda que ella necesita. Sabe tratarla y sabe hablar. Habló cuando exaltó a Lisístrata y su paro sexual, y armó un tierrero de todo el carajo que le dio la vuelta al mundo porque involucra la vida común y corriente (y, la de hacer el amor, la más hermosa.), de la totalidad de los colombianos de cualquier bando, facción o partido. Habló también en la Cátedra Colombia, en la que puso al Ejército en contacto con quienes tienen capacidad suficiente para analizar los diversos aspectos de nuestro conflicto eterno. Gracias a ella los militares descubrieron que ni García Márquez era comunista (tampoco era pastranista); ni Antonio Caballero, un anarquista. Y por ese camino abarcó otros aspectos: hace poco declaró a El País, de Madrid, que en Colombia el Estado no tiene capacidad para imponer el orden, y su cabeza no rodó. Al parecer, el país ya se acostumbró a oír hablar a sus generales.

Padre socrático El recuerdo de mi padre se divide en dos: primero, su tremenda sabiduría: no conozco a ningún otro hombre de tanta sabiduría. Creo que era como Sócrates, porque lo que le gustaba era enseñar y lo hacía todo el tiempo, porque tenía el don de la palabra. Pero, aparte de su gran sabiduría y de su capacidad para trasmitir la sabiduría popular y las normas de comportamiento, estaba su belleza de alma: nunca pegó un grito, ni pronunció una mala palabra; jamás peleó con mi mamá, ni habló mal de nadie y por eso, tal vez, es que lo adoran tanto en nuestro pueblo. En Ciénaga, hasta los nietos de sus amigos hablan de él como si lo hubieran conocido. Allá se ha trasmitido una cultura sobre él, que era un tipo puro. Fíjate que no tuvo contradictores ni siquiera en política, a pesar de haber sido un líder liberal arrasador; mi papá con un discurso ponía a temblar desde el Gobernador para abajo cuando era presidente de la Asamblea del Magdalena. Era un político decente, inteligente y con una gran formación humanística clásica.

Tiene que ser muy especial Ciénaga, para producir hombres así... Cómo en un pueblo pudo adquirir una cultura tan vasta? Leyendo mucho. Me contaba que en su juventud, por allá por la época de la famosa huelga de las bananeras, trabajaba con la United Fruit y que alrededor de esta se formó un centro casi internacional de cultura y llegaban libros de todas partes. En Ciénaga los libros pasaban de mano en mano. Se leía en voz alta en todas las casas, y todo el mundo sabía dónde estaba determinado libro. De modo que a mí, por ejemplo, me mandaban donde las Pérez a llevar Los quinientos millones del Abegúm, y a que nos dieran Manhattan Transfer, o el Gil Blas de Santillana, que fue el primer libro que leí, o Las memorias de ultratumba o La Odisea.

También es sorprendente su afición tan temprana a la ópera...

Es que teníamos una gran colonia italiana que cultivaba la lírica. Había especialmente dos personajes muy queridos, en cuyas casas siempre estaban escuchando ópera y nos fuimos aficionando. Y también había un cantante español muy famoso cuyas películas veíamos constantemente. A Ciénaga llevaban pocas películas en la lancha. De Barranquilla traían cuatro rollos y, como había dos cines, un tipo de bicicleta dejaba dos rollos en uno y otros dos en el otro. Total, que a veces te tocaba empacarte la segunda parte y al día siguiente te empacabas la primera parte. El cantante se llamaba Luis Mariano Periales, a quien llamaban el rey de la opereta . Vimos sus películas, como Violetas imperiales o La bella de Cádiz. También oíamos mucho a Mario Lanza. No sé por qué en Ciénaga hubo una gran fiebre de tenores. Todos queríamos ser tenores y cantábamos Granada. Yo hubiera dado cualquier cosa por haber sido un tenor lírico. Envidio ferozmente a Plácido Domingo, a Pavarotti, a Andrea Bocelli. Pero yo en música soy más bien empírico.

Pero usted era el alma de las parrandas, porque me dicen que es muy entonado y que tiene una hermosa voz...

Yo cantaba bastante hasta comienzos de los setenta. Pero ya como oficial superior (ya era Mayor) me volví muy serio y no podía entonar en las reuniones. Pero, claro que cantaba todas las canciones románticas como Júrame, Marta, Lamento gitano y toda la gran música de María Grever. Las emisoras, especialmente en Barranquilla, estimulaban mucho eso. Mi hermano Pedro era un gran cantante de música gitana; le decían el Gitano señorón , porque cantaba como Juan Legido. Participábamos en muchos concursos radiales, en radioteatros de Barranquilla y Santa Marta, donde se cantaba música culta. Eran los cincuenta y nadie se aparecía por allá cantando música tropical. Era una época bien rara.

Alguien me contó que su sueño es crear una casa de cultura y tertulia en Ciénaga para cuando se retire. Un proyecto raro en alguien que, como usted, vive, ama y vibra con el Ejército? Las cosas se acaban. Ahora viene el siete de agosto y es una fecha de decisiones. Estoy preparado para lo que venga y tengo clarísimo que en mi retiro voy a estudiar más. Quiero terminar dos estudios que dejé truncos: Filosofía (mi sueño es ser graduado en Filosofía... ese día me colgaría el diploma del cuello para que todo el mundo lo viera) y quiero terminar mis estudios de historia del arte dramático... es que, fíjate, yo creo que voy a terminar en el teatro de alguna manera.

También en el teatro ha incursionado? Claro! En todos los batallones en que he estado he tenido programas culturales. El más famoso fue en el 82 en Barrancabermeja, que se llamaba Divulgación Cultural. Allí nacieron grandes cantantes, animadores, periodistas, poetas, declamadores. Y he puesto en escena obras como La Bolivaríada, de Dora Castellanos. El Presidente Betancur nos apoyó mucho y llenamos teatros en Bogotá y Cali y fuimos aplaudidísimos. Por estos días voy a dar una sorpresa... con Fanny Mickey y el Ministro de Cultura, Ramiro Osorio (que es director de teatro), vamos a presentar a la famosa Lisístrata, la que dio tanto que hablar hace unos meses. (Risa).

Le gusta estar en el ojo del huracán y crear controversia siempre, no? Bueno, déjame decirte que no fue ni siquiera controversia. Hubo muchos artículos y notas de televisión. Programas de TV en que hombres y mujeres terminaron agarrados por Lisístrata. Tengo entendido que se agotó la edición. Creo que logré tres cosas: despertar un interés legítimo por la paz, un debate intelectual muy sano y una crítica contundente al estado de cosas en este país.

Cuál es otro paralelo que acerca a Grecia y la Colombia actual? Usted conoce muy bien la historia griega y le llama especialmente la atención las guerras del Peloponeso y posteriormente la historia de Filipo II y de su hijo, el gran Alejandro...

Sí. Diría que Colombia está viviendo un período helenístico. Nosotros estamos sometidos al invasor que fue lo que pasó en Grecia. Después del período, digamos clásico, de la Filosofía, de la Ciencia, de las Matemáticas, sufrió invasiones. Había pasado un período de gran desorden social pero de grandes libertades, de ahí su florecimiento. Había habido una gran relación entre el ciudadano y el Estado y prácticamente el Estado era social. Pero con la invasión se cohibió esa relación y desapareció la relación sociedad-Estado e individuo-sociedad. Viene entonces el individualismo. Ellos son los inventores del neoliberalismo. Entonces aparecieron escuelas de retirada que trataron de explicar y de justificar esa debilidad y esa actitud vergonzosa en la que había desaparecido el liderazgo y se habían entregado al invasor, olvidando sus principios. El patriotismo fue perseguido, el servicio militar suprimido y el concepto de raza griega empezó a desaparecer porque Alejandro les impuso el concepto de los bárbaros y casi terminan aceptando a Baal y a Istar y a otros dioses traídos por los asirios y los persas. O sea que en Grecia desapareció el concepto de identidad nacional. Aparecieron escuelas de retirada como los Escépticos y los Epicúreos y se decía que el hombre se debía a sí mismo. Y mira lo que está pasando en Colombia: el individualismo rampante, el enriquecimiento vertiginoso, de los armamentistas, de los traficantes de armas, unas relaciones Estado-sociedad nulas. Nosotros también estamos entregados al invasor...

Cuál es el invasor en nuestro caso? Muchos. En primer término la Corrupción, con mayúsculas, después vienen el Narcotráfico y la Narcoguerrilla, la prensa y las potencias extranjeras. Aquí se ha convertido, para un líder o un funcionario, en un crimen defender a Colombia contra la prensa y las potencias extranjeras. Si tú quieres ser ridiculizado y caricaturizado, no es más que levantes la cara y defiendas a Colombia contra ellos. Inmediatamente te aplastan, te acaban, te borran del firmamento. Por eso sostengo que Colombia vive hoy un período helenístico, como Grecia bajo los macedonios. O sea que la historia se repite! También considera entonces invasoras a las ONG? Todo lo que viene del exterior, que está controlando y subyugando al Estado colombiano, es el invasor. Aquí no puedes criticar lo que venga del exterior, sencillamente porque estamos entregados al invasor en una forma vergonzosa. Al invasor de todo tipo.

No cree que nos merecemos buena parte del agua sucia que nos anega? Aquí violamos los derechos humanos cada minuto, nos masacramos día de por medio, nos asesinamos unos a otros impunemente, depredamos los recursos naturales e inundamos el mundo con droga. En suma, nos pasamos los temas de la Nueva Agenda Internacional, como se dice vulgarmente, por la galleta.

No puedo singularizar como lo haces tú; lo que digo es que todo lo que nos señala y nos hace vergonzantes se debe a la falta de dignidad nacional. De dignidad para defendernos. Yo he visto países más sometidos como Cuba, Irán, México... este último sí que es buen ejemplo porque hay que ver la dignidad del gobierno, del Estado y de la sociedad contra el invasor. Pero es que hasta las canciones son contra el Invasor! Yo no estoy criticando a ninguna ONG, me parecen legítimas y las apoyo, pero no acepto que tengamos que agachar la cabeza frente a toda satanización, crítica o condenación exterior. Buscamos todo tipo de organizaciones sociales para justificar todo eso. Somos un país que no quiere hacer catarsis, purificar sus males, sino que se apresura a justificar toda crítica. Aquí, en vez de querer curar nuestras enfermedades, no hacemos sino dar rienda a las lacras: olvidamos las necesidades básicas de la gente, los valores, abandonamos a la sociedad, nos entregamos al neoliberalismo y al enriquecimiento ilícito y tratamos de esconder todos esos males, justificando la avalancha de infamias que vienen del exterior.

Tampoco particularizaría en cuanto a Estados Unidos? No. Yo no debo particularizar en esta entrevista. Pero lo que sí puedo decir, con todo énfasis, es que aquí todas las potencias que intervienen en nuestros asuntos internos son bienvenidas, de cualquier tipo que sean, y eso me parece letal...

Sí, ya veo que lo reviente... por decir lo menos.

Tú me ves y me oyes. Yo no vivo sino con mi espada y mi lanza contra los molinos de viento. Yo ayudo, y la gente me anima. Las tropas me mandan mensajes permanentemente. Los soldados quieren que vaya a verlos, a hablarles, que escriba en sus periódicos y revistas, y ese gran soporte popular (y cuando digo popular, es porque incluyo a todos mis soldados, marinos y pilotos), el que me indica que estoy en el camino correcto.

Tiene usted una rara mezcla de realismo y de sueños, y también de utopías. Estudiará filosofía cuando se retire, según me ha dicho... cuál es su filósofo de cabecera? A mí me gusta mucho Aristóteles, por su sentido práctico de la vida, opuesto a Platón. Por su tremendo realismo, así muchas de sus teorías hayan sido rebatidas por la Ciencia. Me gusta la Escuela Racional, pero no en el sentido de que uno no pueda ser sino razón; el cogito ergo sum no me entra mucho. Yo estoy muy alineado con los filósofos liberales de comienzos de siglo, especialmente Bertrand Russell. Todos los días acudo a él. Me gustan mucho los filósofos matemáticos (por eso admiro muchísimo al doctor Mockus), liberales, racionales y, hasta cierto punto, muy realistas, muy conectados con el entorno y muy poco dados a la especulación. Es que el problema de la filosofía es que no sabe dónde ubicarse. Como no tiene puesto en el área de las Ciencias, digamos, todo lo que la teología y la ciencia no pueden explicar, cae en ella. Bertrand Russell dice que la filosofía es como la tierra de nadie, donde todo el mundo cabe, y eso es precisamente lo que me gusta de la filosofía, que cabe todo el mundo y que, la verdad, es el motor de la civilización. No sé qué hubiéramos hecho sin los filósofos! Cómo puede gustarle lo tremendamente racional a alguien tan caribe, tan soñador... alguien que, en el fondo, persigue la utopía? Fui criado a la orilla del mar y todo lo que veía era ilímite: el mar, el tren, la Ciénaga Grande, el cielo... nada tenía fin. Por eso la mente de uno es así... puede concebir el mundo de los Buendía, pero al mismo tiempo, en todo hombre Caribe hay un tremendo racionalista. De tal manera que, detrás de toda esa locura, esa hojarasca que tenemos los Caribes, de todo ese sofoco y ese calor tremendo, de esas desproporciones del mar con su olor a yodo y a sal, hay un racionalismo claro, a pesar de nuestra aparente utopía. Tú no puedes negar que Gabo es un gran racionalista, para ponerte un ejemplo. Pero, claro que no puedo negar que solemos embarcarnos también en unas vainas rarísimas...

Cuál ha sido su aventura escondida detrás de su racionalismo? Hombre!, de mí han dicho siempre que soy un militar atípico, que me salgo de la horma, que soy un poeta... en fin, la gente no se explica por qué estoy en el Ejército, y yo tampoco. No había ninguna razón para que entrara al Ejército. En mi pueblo jamás había habido un soldado y casi no había policía porque ese pueblo sí que era una utopía... era la Arcadia! Entonces, un día llegó a mi colegio un teniente que nos echó el cuento y yo me embarqué en la aventura de salir de mi pueblo tan protegido, tan cómodo y bucólico, de esa zona bananera tórrida y maravillosa, para venirme a Bogotá, donde todo lo mío era anormal, diferente, raro, irregular; donde nadie me entendía. Donde arranqué a recorrer lomas, ríos fragorosos, selvas, combates... a enfrentar una violencia que no conocía... la Operación Marquetalia, Efraín González... el Magdalena Medio... si eso no es una aventura como la de Colón, entonces yo no sé de qué estoy hablando! Claro que al mismo tiempo he encontrado en el Ejército muchos canales y vías de escape que de pronto no hubiera encontrado en la vida civil. No me siento cómodo en la universidad, pero enseñarles a los soldados siempre ha sido para mí una recompensa.

Sin embargo, en otros niveles también se mueve con soltura... la Cátedra Colombia fue un ensayo importante. Levantaba ampolla y controversia... tenía la mejor prensa y estaba usted siempre en el ojo del huracán. Por qué se acabó? Acaso estaba usted robándose demasiado el show? Yo no me proponía nada distinto de poner a los oficiales en contacto con la Sociedad y con la realidad. No con la sociedad civil porque en Colombia eso no existe. Esa sí que es una entelequia. Quería que los oficiales supieran cómo nos ven y que nuestros grandes pensadores supieran cómo los vemos. Ahora, mi supuesto protagonismo, pues ni lo busco, ni lo deseo, más bien me da pena porque, en medio de todo, soy un gran tímido. Pero es que no lo puedo evitar, eso de la cátedra fue algo que a mí casi me arrastra también, pero no estaba en mi mano evitar los titulares. Recuerdo que el 96 fue un año muy difícil, la realidad era tenaz, casi se podía cortar un cuchillo y, lógicamente, la Cátedra se fue de cabeza contra la realidad. No podía prever, cuando concebí la Cátedra, las dimensiones que alcanzaría. El problema no fue el protagonismo sino que chocó muy bruscamente con la realidad y yo estaba en el medio. A mí no me sacaron de la Cátedra, recuerdo que renunció mi general Zúñiga y, lógicamente, esa aspiradora me trajo a la Inspección General.

Esa explicación nunca se la he creído... dónde está su franqueza cienaguera? El caso es que en agosto la Cátedra sí se acabó misteriosamente. Siempre le he echado la culpa a ese famoso enemigo de Mandrake, Octón, que lo tiene loco, recuerdas? Que está solo en la piscina y de pronto aparece un ocho en el cielo y nunca lo ha podido agarrar. Allí en la Cátedra hubo una mano desconocida que lo acabó. Sentí el bombardeo de esa persona desde el primer momento, aunque a mí Zúñiga me dio el respaldo total. Pero sí notaba cosas.

Sabe quién fue? Me lo diría? Sí, sí, sí... pero no por política sino por envidia. Y no te digo quién es porque aprendí de mi papá a no hablar mal de la gente.

A Bonett le gusta hablar y oírse. Y su parla es refrescante y amena y profunda y reflexiva y volcánica. Es un caso este General que admira a los soldados integrales como Alejandro y Julio César. Como Napoleón (que les enseñó dice a los franceses el orgullo de ser franceses) y a Bolívar. Sobre todo al enjuto Padre de la Patria, cuyas cinco naciones libertadas permanecen hermanas, respetando su ideología y los derechos humanos, la humanización de la guerra y la supremacía del Congreso, según dice. No estoy muy de acuerdo, pero no se trata de rebatir sino de oír a uno de nuestros generales, hoy por hoy, el más importante de la República. A otro que admira es a De Gaulle. De Gaulle clamaba (como hacemos aquí) por reforzar al Ejército, por el patriotismo, por la organización defensiva del país, contra la corrupción política y administrativa; lo acusaron de querer convertir a Francia en un cuartel y lo condenaron a muerte. Le tocó irse, pero pudo regresar. En los treinta, De Gaulle era una Casandra, cuyas premoniciones se cumplieron.

Y qué tan Casandra es usted? A veces me siento incómodo con las cosas que digo y a veces no desearía decir tanta vaina... es más, no digo ni el dos por ciento de lo que quisiera decir. Si fuera civil y no tuviera compromisos con la sociedad, con el Estado, con las relaciones internacionales y nacionales, creo que diría cosas realmente espantosas de lo que he conocido a lo largo de este país, en materia de corrupción, de desgreño, de abandono, de irresponsabilidad, de demagogia, de cinismo. En fin, es algo verdaderamente tenaz! Usted, tan opinador, no se siente constreñido con la obligatoriedad militar de no deliberar? Cuál es la diferencia? No ser deliberante no es no poder pensar. Nosotros pensamos mucho y estamos opinando, y creo que a la gente le gusta que opinen las Fuerzas Militares, los generales, que son inteligentes y leídos. No nos callan fácilmente a los Generales! Pero tampoco andamos por ahí de charlatanes. Les digo a mis generales: Defiéndase porque nos están atacando por todos lados. Digan las cosas como son, con respeto, sin juicios de valor, ni cuestionamientos. Pero es que eso es diferente porque sí creo que no debemos deliberar los militares porque llegaríamos a la indisciplina y, si algo hay que debe ser ordenado y sometido totalmente a la Autoridad Civil, son los Fuerzas Militares.

Hace 14 años el General Landazábal, no me dijo ni la mitad de lo que usted dice, y se cayó, qué ha cambiado tanto en el país que les permite opinar tanto a los militares? Generales europeos y latinoamericanos me dicen: con la décima parte de lo que usted dice, a nosotros nos quitarían las estrellas . Pero creo que nosotros nunca hemos representado peligro alguno, y por eso el país confía mucho en nosotros. Nunca nos han tenido temor. Nosotros nunca hemos dado un golpe de Estado, ni hemos roto el orden institucional.

Remember Rojas, debe acabar de dar un vuelco en su tumba! Eso lo llamaron un Golpe de Opinión. Todavía recuerdo al general Rojas en una foto que publicaron todos los periódicos, con toda la política y la aristocracia a su alrededor. De modo que a mí me da es risa cuando hablan de ese golpe de Estado.

Dicen que su amistad con el presidente Samper se ha deteriorado. Son malas, hoy, sus relaciones con él? No. Nunca he tenido malas relaciones con el presidente de manera personal, porque él es mi jefe. Yo no tengo por qué tasar mis relaciones con el jefe porque la sociedad no me lo permitiría. El es el presidente y yo un soldado que tiene que cumplir la ley. Además, siempre le he agradecido a él que me ha permitido libertad de expresión. A mí me gusta ese talante democrático. Todas esas historias de malas relaciones, y de ruido de sables y todo eso se lo inventan las jóvenes reporteras cuando están cucharas, como ellas dicen, cuando no tienen noticia. Pero nosotros no representamos una amenaza para nadie. Hemos demostrado nuestra lealtad a la autoridad civil y a la Constitución, luego creo que tenemos derecho a tal cual resbaloncito, no? El general sigue conversando. Y así, podría quedarme páginas contando de este personaje que se merece el apelativo, que va a misa para que su mamá no se enoje y cuyo concepto de pecado no se atiene a los cánones ortodoxos que nos han sometido, por siglos, por medio del miedo al fuego eterno. Tú sabes una cosa? Mi concepto de pecado es hacer intencionalmente daño a alguien. Daño de cualquier naturaleza. Tengo un comportamiento ético en mi vida y jamás le he hecho ni le haré daño a nadie. Por eso creo que me va relativamente bien, y Dios me cuida. Pero el miedo no me paraliza como a tantos (porque es un sentimiento poderoso). La iglesia católica no sucumbió, como sí lo hizo Roma ante el peso de los bárbaros... y tú sabes por qué? Por qué? Porque como decía Russell, los curas tenían la llave del cielo y del infierno!

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.