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LA CIUDAD DE LAS FOTOS

LA CIUDAD DE LAS FOTOS

No hay momento más temido durante una visita familiar, que el instante en que la dueña de casa aparece con un álbum de fotografías más grueso que un ladrillo, con la intención de no dejar escapar al invitado hasta pasearlo por todas las edades de su parentela.

El desfile de imágenes puede durar una o más horas. Fotos de fulanita, desnuda, con un sonajero, hace 18 años; fotos de fulanito aprendiendo a caminar. Fotos que normalmente sólo le importan al grupo familiar por la nostalgia del instante congelado en ese pedazo de papel.

Pero más allá del niño con la lengua afuera o de la partida del ponqué, los álbumes familiares son el lugar donde aparecen imágenes que representan deseos, frustraciones, anhelos y aspiraciones de la familia , asegura el investigador Armando Silva.

Para Silva, además de una historia íntima, en los álbumes familiares está presente la ciudad con todos sus acontecimientos sociales y políticos . Este filósofo convierte el álbum en una especie de moderna bola de cristal que revela la relación de los habitantes con su ciudad.

Según Silva, hasta los años 20, la ciudad no aparecía en los álbumes de familia. Eran fotos de estudio o caseras. La ciudad comienza a verse en las tarjetas postales que se utilizaban para hacer invitaciones. En los años 40 y 50 aparecen las caminatas urbanas, en los 50 y 60 se ven objetos como el carro y la motocicleta y a partir de los 60 empiezan a verse los aparatos de radio y televisión como elementos emblemáticos de la cultura urbana.

Otro detalle de los años 60 es que los hombres se reunían en tiendas, en clubes, en sitios como el Campo Villamil, en Chapinero, donde la burguesía jugaba tejo y tomaba whisky En los años 80 aparecen los festivales, los clubes deportivos, las fotos con santos, artistas y futbolistas. Los 90 son los años de las rupturas, de las crisis. En este periodo, por un lado, se refleja el colapso de la familia nuclear y, por otro, el álbum mismo empieza a ser reemplazado por los videos, dice el investigador, quien dirige el Instituto de Estudios en Comunicación de la Universidad Nacional.

Con lupa y ojos de cazador, Silva hizo un recorrido por 150 álbumes familiares en Nueva York, Bogotá, Medellín y Santa Marta. Los elementos más comunes en las fotografías, sin importar el estrato social, son: el paseo de olla y las botellas de licor.

El caché de tener carro La investigación cubre aspectos históricos, de género, por regiones y lo urbano. El investigador hace un paralelo entre la aparición de la ciudad y de la mujer en los álbumes de familia. La mujer, desde el siglo pasado hasta los años 50 y 60 tiene un papel secundario en la pose. Aparece acompañando al hombre, a la familia o en actitudes piadosas, religiosas, de entrega a la vida familiar, mientras que el hombre es el que posa, el que coquetea, el que es adornado , explica.

Según Silva, cuando empieza a aparecer la ciudad en los álbumes, también comienza a mostrarse la mujer con su cuerpo, sus anhelos, independiente de la presencia masculina o de la referencia a sus virtudes.

Otro escenario urbano de los años 50 son las grandes vallas de Pielroja y Lucky Strike. En esa época, fumar era estar a tono con el mundo. Los elementos del modernismo, a medida que aparecen, son adoptados como fetiches y traslados al álbum familiar junto a algún miembro del grupo.

Entre los años 60 y 70, la gente se fotografiaba junto al televisor y al carro. La llegada de este último, en los años 50 y sobre todo en los años 60 y 70 cobra un sentido de status muy fuerte. Todavía en los años 70, en Bogotá, era signo de elegancia manejar carro , explica el investigador.

Algunas señoras me confesaron que se mandaban a peinar para usar el carro. El automóvil no era un medio de transporte, era un hecho social, un medio de exhibición , dice Silva.

La versión en inglés de este libro, que será lanzado por editorial Norma el próximo mes en Caracas y Buenos Aires y, posteriormente en Colombia, recibió en 1995 el premio a la mejor tesis doctoral del estado de California, en Estados Unidos.

El trabajo de Silva fue tan minucioso como el de un entomólogo. No clasificó insectos, pero si los otros animales que aparecen en las fotos. En los álbumes de la clase alta aparecen caballos; en los de clase media, perros, y, en los de sectores populares, gallinas y marranos.

Todas estas lecturas y muchas más se pueden hacer a partir de álbum familiar. Tal vez, si aquellas matronas supieran las cosas que puede revelar este objeto a unos ojos bien entrenados, lo pensarían dos veces antes de someter a sus visitantes al torturante ritual.

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