JUANCHO POLO AL CANTAR ES LA CIENCIA

JUANCHO POLO AL CANTAR ES LA CIENCIA

Por las regiones del Valle, se oye nombrar a Juancho Polo, el rumor es por la calle y el cariño es para todos

22 de julio 1998 , 12:00 a.m.

Cuando comentaba la forma en que perdió más de la mitad de su oreja derecha, Juancho Polo casi volvía a experimentar el dolor del mordisco que recibió de El Negro .

El juglar recordaba los minutos angustiosos que duró agachado en medio de la calle, cubriéndose con la mano el lado derecho de la cabeza mientras aparecían las personas que lo llevaron al puesto de salud.

Después le contaron que al verlo abatido en el piso, El Negro se apartó asustado, tomó el acordeón y echó a correr, pero no alcanzó a huir. El instrumento fue recuperado por los amigos del músico, no así el pedazo de oreja. Ese negro como que se la tragó , le contestó en una parranda a su amigo el compositor Alejandro Mercado Barandica, que le preguntó por el pedazo perdido. Polo, sin embargo, nunca entró en detalles sobre los motivos de aquella pelea.

El juglar tampoco era claro sobre la fecha en que ocurrió el incidente. Se presume que fue en 1950, en el corregimiento de El Retén (Aracataca), cuando Juancho Polo tenía unos 30 años.

El significado de este hecho radica en que no sólo marcó para siempre la fisonomía del juglar, sino que completó la imagen que los amantes del vallenato recordarán por siempre: un hombrecito arrugado, con un sombrero sabanero tirado a la derecha, una camisa de colorines y un acordeón colgado al hombro.

Con esa apariencia lo conocieron en Barranquilla, en 1968, Isaac Villanueva, compositor atlanticense, y a través de él, Jorge Fortou, miembro de la familia propietaria de la ya desaparecida Discos Tropical. Lo presentó Víctor Moreno, un peluquero cuya afición por el vallenato lo había llevado a acompañar a Juancho en muchas parrandas a lo largo y ancho de la Costa.

Aquel arribo a Barranquilla representó la llegada del juglar al acetato, primero, con Discos Tropical y luego con Producciones Machuca, casas disqueras con las cuales alcanzó a grabar los discos que hoy se le conocen.

Con su llegada a Barranquilla y sus primeras grabaciones, Juancho Polo puso el primer pie en la puerta de la popularidad nacional, pues si bien él era ya la muestra viva de que se puede combinar la inspiración de los grandes poetas con la irresponsabilidad total, las únicas personas que disfrutaban del privilegio de escucharlo eran las que participaban en las fiestas y reuniones que él animaba, pero que no alcanzaban a traspasar las fronteras de la Costa Caribe.

Fuera de estas fronteras, algunos pocos sabían de él como compositor porque sus primeras obras, la mayor parte improvisadas en esas parrandas, habían sido dadas a conocer con el mismo sello Tropical a través de la voz de Alejandro Durán.

De Polo a Valencia Se había ganado el remoquete de Valencia desde joven dada su admiración por el poeta Guillermo Valencia, de quien se le oyó recitar algunas piezas. En su familia, sin embargo, existe la versión de que se ganó el apodo desde sus primeras horas de nacido porque llegó al mundo con la cabeza brillante y pelada, lo que de alguna forma evocaba al poeta.

Había nacido en el hogar formado por Juan Manuel Polo Meriño y María del Rosario Cervantes el 18 de diciembre de 1918 en el corregimiento de Candelaria, a pocos minutos de la cabecera municipal del Cerro de San Antonio, uno de los municipios ribereños del Magdalena. Allí, en la parroquia del Santo de Padua, fue bautizado el 14 de febrero de 1919 con el nombre de Juan Manuel.

Estudió su primaria en la escuela de Monterrubio, una vereda de Fundación. Allí solía lucirse leyendo discursos de inspiración propia en ceremonias cívicas y en secciones solemnes. Al superar la primaria, fue enviado a estudiar a Aracataca, la tierra del Nobel García Márquez, donde alcanzó a cursar primero de bachillerato antes de ceder al llamado de la montaña y de los campos. A él lo que le gustaba era estar en el monte , recuerda María, su hermana menor.

Su papá le enseñó a tocar la flauta de gaita, pero Juancho terminó inclinándose por el acordeón, que comenzó a ejecutar primero de oídas, y que perfeccionó con las orientaciones del maestro Pacho Rada.

Componía y cantaba incluso cuando salía con su sobrino Eudubaldo José a buscar materia prima para fabricar escobas de palma. Entonces comenzó a ser conocido en los medios rurales y empezó a forjarse una buena fama como verseador de notas sentidas por los lados del Magdalena y el Cesar.

Este reconocimiento doméstico le mereció invitaciones a fiestas en la que se distinguía por su estilo cadencioso y lento en el que el acordeón era acompañado por una letra espontánea que a muchos se les antojaba extraña, pero que le salía del alma con la ayuda metafórica de la montaña, los valles y los pájaros.

Para Alfredo Gutiérrez, por ejemplo, la más bella estrofa de Juancho Polo Valencia está precisamente en una de las canciones raras . El pájaro carpintero: El pájaro carpintero/qué pájaro tristecito/ese tiene algún misterio/cuando rompe el palo con su pico .

Por donde iba, Juancho Polo se paseaba con su pinta estrafalaria de camisas multicolores y brillantes y pantalones de dril de botas de campana. A la cintura llevaba, por lo general, una correa ancha que se abrochaba al centro con una hebilla plateada.

Tenía el cabello crespo y negro. Era delgado, y aunque por herencia tenía que ser moreno, lucía más bien pálido. Isaac Villanueva, por ejemplo, lo recuerda amarillo como si siempre hubiera tenido cirrosis , con apariencia de anciano pese a que cuando Víctor Moreno se lo presentó, Juancho Polo apenas había superado los 50 años de edad.

Su fama de poeta natural se veía fortalecida con la certeza popular de que no sabía leer ni escribir, cosa que nunca se preocupó por desvirtuar. Es verdad. Yo no sé ni la O , decía a sus amigos. Esta verdad pasó la frontera, hasta el punto en que todavía se le escucha decir al venezolano Pastor López: Juancho Polo Valencia/no tiene dientes ni tiene muelas/no tuvo grado de escuela/ pero al cantar es la ciencia .

Desde muy joven, Juancho leía la Biblia con voracidad, y por testimonios de sus familiares más cercanos, se sabe que la canción Jesucristo con San Juan está relacionada con una interpretación muy particular que hizo del pasaje del bautizo divino. Incluso, alguna vez se le escuchó decir que Lucero espiritual era el Dios que él veía en la Biblia.

Con su acordeón, se encerraba por horas en su cuarto y componía canciones que iba escribiendo en hojas de cuaderno con cuidadosa caligrafía y con respeto por las normas idiomáticas. Para ese entonces, vivía con su hermana en una casa de tablas levantada en una esquina del corregimiento de Santa Rosa de Lima, a 10 minutos de Fundación (Magdalena).

Junto con su maestro Pacho Rada, y con los músicos Alejandro Durán, Luis Enrique Martínez y Abel Antonio Villa, conformó el grupo de los que alegraban el Magdalena, palabras de autodenominación expresadas por el propio Rada en una entrevista hace más de 15 años.

No tardó en aparecer en la vida de Juancho Polo el peluquero Víctor Moreno, y con él, las grabaciones de cerca de cien temas en acetato de 45 y 78 revoluciones por minuto. Desde el comienzo, el pálido cantautor adoptó, para grabar, el nombre artístico de Juancho Polo Valencia , el que todavía lo acompaña en la eternidad.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.