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EL CRACK DE RIZO DORADO

Carlos Alberto Valderrama, el Pibe , comparte con Luis Alberto Herrera, Lucho , dos rasgos muy particulares. Ambos son los deportistas colombianos más destacados de la última década y ambos, a pesar de haber nacido en un país de santanderistas retóricos, siempre prefirieron expresarse a través de sus piernas y hablar lo mínimo necesario. Hechos, no palabras, ha sido su lema tácito.

06 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

El Pibe niega varios de los lugares comunes que identifican a los costeños. Hablar poco y es un hombre frío y cerebral. Nada que ver con los personajes de David Sánchez Juliao, arquetipos del costeño por excelencia.

Su pinta también lo traiciona. El pelo largo y desordenado, su colección de pulseras y collares de la Sierra Nevada de Santa Marta y su insistente manía de jugar con la camiseta afuera y las medias caídas no son propias de un jugador cerebral ni de un hombre de pocas palabras. Por eso desconcierta ese aire imperturbable. A ratos exaspera porque su frialdad y su inexpresividad pasan por desánimo, desinterés o displicencia. Su ya tradicional respuesta ( todo bien, todo bien ) no siempre resulta oportuna, pues en más de una ocasión la ha soltado luego de algún descalabro del equipo o de algún escándalo de la selección nacional de fútbol.

Frío y cerebral. Dos históricos goles creados por él lo demuestran.

En Milán, el gol de Rincón ante Alemania nace de una jugada que de pronto a uno le sale en el patio de la casa o en un potrero, pero que muy pocos futbolistas del mundo pueden hacer ante 80.000 gargantas que lo abuchean, cuando se juega tiempo de des cuento, y perder puede significar irse del Mundial. En el minuto 47 del segundo tiempo, se encargó de organizar una jugada en el medio campo. Con el balón en los pies, atrajo la marca de tres alemanes. Hizo un amague y, con su mirada y su movimiento, les hizo creer a los defensores rivales que su pase buscaría un hueco por el centro. Hacia allá corrieron, pero el balón salió hacia la franja derecha del campo, donde apareció Freddy Rincón con el camino libre para batir al arquero Illgner y empatar el juego.

Tres años después, en el partido definitivo del campeonato colombiano de 1993, Júnior, su equipo, tenía que ganarle al América para ser el campeón. Se jugaban los últimos instantes del partido. Valderrama paró el balón en el borde del área, casi que hipnotizó a los defensores de América que debían marcarlo y, con una tranquilidad pasmosa, puso un balón en el sitio exacto por donde se escabulló Oswaldo McKenzie, quien fusiló al arquero Córdoba y decidió el título.

De pronto Valderrama no ha sido el mejor futbolista de Colombia. Sin embargo, ha sido el único que llegó a su apogeo en el momento justo. A diferencia de tantos otros (Alfredo Arango, Jairo Arboleda, el mismo Willington Ortiz, por citar tres nombres al azar), el Pibe tuvo la fortuna de estar ahí cuando Colombia, por fin, adquirió una identidad futbolística e inició el primer proceso serio de selecciones nacionales.

Además, es el único jugador que estuvo presente en los tres momentos estelares del proceso Maturana: la Copa América de 1987, el partido ante Alemania en Milán por la Copa del Mundo de 1990 y el triunfo 5-0 frente a los argentinos en el estadio de River Plate, en Buenos Aires, el 5 de septiembre de 1993.

Valderrama representa el mejor momento de la historia del fútbol colombiano. Pero también su más estrepitoso fracaso: el Mundial de fútbol de Estados Unidos de 1994.

Hasta en eso coincide con Lucho Herrera. Ninguno logró hacer realidad el anhelo de los colombianos en las dos últimas décadas. El ciclista, en los ochenta, no pudo ganar el Tour de Francia. El futbolista, en los noventa, no pudo levantar la Copa del Mundo. Tal vez era pedirles demasiado, pero eso suele ocurrir en los países que se manejan con base en la retórica.

Valderrama es miembro de una estirpe de futbolistas. Su padre Carlos, conocido como Jaricho , fue un zaguero del Unión Magdalena. Su tío Toto también defendió los colores del Ciclón Bananero. Por el lado de su madre, Juana Palacio, también recibió sangre futbolera. Ella es hermana de Justo y Aurelio. El Pibe además es primo de Didí Alex Valderrama, formidable goleador del Júnior, de Miguel y Julián González Palacio, y hermano de Alan y Ronald. Futbolistas por todas partes. Como será de extensa esa dinastía -relata el ya fallecido periodista Fabio Poveda Márquez en su libro Dioses de carne y hueso, publicado en 1990, que en el Campeonato de Bonda, el pueblo donde nacieron los Valderramas mayores, participa un equipo que se llama Saval, que quiere decir Sangre Valderrama. En él no puede jugar nadie que no pertenezca a esa familia . Después de un incierto paso por Millonarios, donde tuvo una campaña más bien opaca, Valderrama llegó al Deportivo Cali. Allí se hizo famoso gracias a la espléndida dupla que armó con Bernardo Redín, su socio en dos campeonatos vibrantes. Esta misma dupla defendió los colores en la Copa América de 1987, donde Colombia salió tercero luego de consagrarse como la gran revelación del torneo. Ese mismo año Carlos Valderrama fue declarado como el mejor futbolista de América y se abrieron las puertas de Europa. Aunque no triunfó en el Montpelier, su prestigio se mantuvo intacto y en 1988 a consagrarse, esta vez en la catedral del fútbol, el estadio de Wembley, de Londres, donde Colombia empató a un gol con Inglaterra en un partido amistoso.

En el mundial de 1990 Valderrama volvió a refrendar su clase, en especial en el partido ante los alemanes. Además le marcó un espléndido gol al equipo de Emiratos rabes Unidos.

Pero el momento cumbre de Valderrama fue, sin duda, la eliminatoria al mundial USA- 94, que se llevó a cabo en agosto y septiembre de 1993, que culminó con la apoteosis del 5 de septiembre de 1993, cuando Colombia venció 5-0 a Argentina en el estadio Monumental de Núñez, el mismo donde 15 años antes Daniel Passarella había alzado la primera Copa del Mundo ganada por Argentina.

Los nombres del técnico Francisco Maturana, de Valderrama, Asprilla y Rincón estaban en boca de los periodistas y aficionados del mundo entero. Colombia se puso de moda en todo el planeta. Pero ese triunfalismo desaforado de dirigentes, patrocinadores de la selección, periodistas e hinchas llevó derecho a la debacle del Mundial USA-94, donde Colombia, favorito para pelear uno de los primeros cuatro lugares del torneo, no pudo siquiera superar la primera ronda.

Comenzó la era del desencanto, del escepticismo, del borrón y cuenta nueva, de las cuentas pendientes de un país que se sentía traicionado y también horrorizado por el asesinato del zaguero Andrés Escobar. El nuevo técnico nunca supo si debía renovar jugadores para preparar el equipo que iría al mundial de Francia de 1998, mientras tanto decidió jugársela entero con los veteranos de USA-94 y Valderrama, en pocos meses, pasó de ídolo y orgullo de un país a símbolo del estancamiento y de la decadencia del fútbol colombiano.

Su paso al fútbol de Estados Unidos le permitió ser héroe en un torneo bastante liviano y poco competitivo. Su alejamiento de los grandes torneos se reflejó en el mundial de Francia, donde Valderrama, a los 36 años de edad, ya no era ni la sombra del espléndido Pibe que puso a soñar a una generación de niños y jóvenes colombianos que creció con la imagen del ídolo de las medias caídas, la camiseta afuera de la pantaloneta, las pulseras y los collares de la Sierra y los desordenados rizos de oro que caían sobre sus hombros.

TRES MUNDIALES Carlos Valderrama nació en Santa Marta en 1961. Ha jugado en el Unión Magdalena, Millonarios, el Deportivo Cali, el Montpellier francés, Valladolid de España, el Junior, el Independiente Medellín y en E.U. en Tampa y Miami. Ha sido declarado dos veces el mejor jugador de América. Ha participado en dos mundiales como capitán de la selección Nacional.