DIÁLOGO EN EL MEDIO ORIENTE

DIÁLOGO EN EL MEDIO ORIENTE

Tras una intensa actividad diplomática alrededor del mundo de Washington a Amán, de Tel Aviv a Gaza, del Cairo a Jerusalén se ha logrado restablecer las conversaciones entre el gobierno de Israel y la Autoridad Nacional Palestina, y revivir así la esperanza de que al fin se logre la paz en el Medio Oriente, una de las regiones más conflictivas del planeta.

03 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

Los bandos enfrentados regresaron la semana pasada a la mesa de negociaciones después de un año y medio de estancamiento, de incidentes de relativa gravedad y de varios intentos por desactivar lo que desde hace medio siglo se convirtió en una de las mayores bombas de tiempo para la comunidad internacional. Y si el acuerdo firmado en Oslo en 1993 es acatado por las partes, el diálogo deberá conducir a la solución definitiva del conflicto a más tardar en mayo de 1999.

Uno de los objetivos de las negociaciones será el de definir el repliegue de los israelíes de los territorios de Cisjordania ocupados desde la guerra de 1967, para transferirlos a la Autoridad Nacional Palestina. Israel aceptó en Oslo la idea del repliegue, pero no se comprometió con una extensión determinada, y este punto se ha convertido desde entonces en un obstáculo casi insalvable.

Las principales dificultades que ha enfrentado el proceso de paz se derivan de la resistencia que los sectores más extremistas de Israel ofrecen a cualquier posibilidad de concesión territorial. La dura posición del primer ministro Benjamin Netanyahu, que interpreta en buena parte esas manifestaciones extremas, ha contribuido a dificultar su solución.

Muestra de ello es su plan de ampliar los límites de la ciudad de Jerusalén hoy bajo control israelí, para incluir dentro de ellos un territorio habitado en su mayoría por palestinos. Este plan ha intensificado el rechazo palestino a los asentamientos que Israel adelantó sistemáticamente en los últimos años para consolidar el poblamiento judío en la Cisjordania, y en consecuencia ha agravado el conflicto.

La confrontación está arraigada en profundos sentimientos políticos y religiosos, agudizados en los cincuenta años de existencia del Estado de Israel, cuya creación hizo realidad un sueño judío de diecinueve siglos, pero al mismo tiempo desató la reacción de sus vecinos, dispuestos a eliminar lo que consideraron siempre como una imposición de las potencias coloniales.

La fundación de Israel produjo la primera de cuatro guerras con ellos en el curso de cinco décadas turbulentas, y aunque en el mismo lapso Israel se hizo fuerte y se convirtió en sinónimo de progreso, sus triunfos también trajeron excesos. La invasión del Líbano en 1982 y las matanzas de palestinos, así como la frecuente represión de los árabes en la franja de Gaza, sólo generaron más violencia.

Todo esto parece quedar atrás cuando los adversarios reinician el diálogo. Su vieja confrontación aparece como un fenómeno anacrónico tras el fin de la guerra fría, la apertura de los mercados y el evidente anhelo de paz de los pueblos de Israel y Palestina. Con mayor razón si se tiene en cuenta que en Israel no sólo hay judíos sino también árabes y palestinos, lo cual obliga a los dos bandos a buscar la forma de coexistir. Porque como dijo alguna vez uno de sus dirigentes israelíes y palestinos están condenados a vivir juntos.

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