LA MUERTE DE ELENA GARRO

LA MUERTE DE ELENA GARRO

La literatura mexicana está de luto. Murió Elena Garro, ex esposa de Octavio Paz, autora de la gran novela Recuerdos del porvenir (obra de una evidente semejanza con la mitología creada por García Márquez), del libro de cuentos

13 de septiembre 1998 , 12:00 a.m.

La semana de colores (publicada por la Universidad Veracruzana) y una de las dramaturgas más importantes (solo comparable a Sergio Magaña, según la opinión de Carlos Monsivais) de México. Escritora polémica, marginada por las instituciones culturales mexicanas, vivió un largo exilio en París, donde habitó hasta poco antes de su muerte, acompañada por una manada de gatos y por su hija, la poeta Elena Paz. Un titular de La Jornada, reproduce las siguientes declaraciones de Elena Garro: No sé de qué viven los escritores mexicanos. Creo que son una jauría. Creo que el gobierno les ayuda mucho . Enemistada con el Nobel Octavio Paz, quien le dio la espalda y no quiso volver a verla desde que su hija Helena Paz eligió quedarse con su madre, Elena Garro sobrevivió en París gracias al trabajo de su hija y siguió escribiendo esporádicamente obras que no alcanzaron gran difusión: Andamos huyendo Lola y otras.

La enemistad entre Octavio Paz y su primera familia llego a un extremo tal que ni siquiera en los días próximos a su muerte, el poeta quiso ver a su primera esposa ni a su hija.

Con respecto a la muerte, decía Elena Garro: La muerte es vivir para siempre dentro de la obra que cada quien crea y la vida no es más que un espectro de la vida misma. Cuando uno muere, vive para siempre dependiendo del camino que uno elija: el lleno de rosas te lleva al infierno, y el lleno de espinas al cielo . Y agregaba: No es que me dé miedo morir, a mí la muerte no me da miedo, pero sí su oscuridad y el infierno, que imagino un lugar solo donde uno está y llamas a todos tus amigos y no hay nadie; ese infierno me da mucho miedo .

El día anterior a la muerte de Elena Garro, cayó preso Daniel Arizmendi, el impávido secuestrador que cortaba las orejas a sus víctimas para mandarlas a sus parientes. Arizmendi, con la mirada fija frente a una de las veinte cámaras que lo enfocaron durante las entrevistas televisivas, convocaba a la muerte y decía que había cometido gran cantidad de atrocidades sin sentir un ápice de pena, vergenza o conmiseración. Me dolía más matar a un perro que a un ser humano , dijo.

La institución cultural mexicana vio morir a Elena Garro con la impavidez de un Daniel Arizmendi. Recluida en una casa en Cuernavaca, la novelista no tenía dinero ni siquiera para pagar los tanques de oxígeno que su enfisema pulmonar le solicitaba. Lastimosa la muerte de esta gran escritora, que mandaba cartas a los diarios solicitando le concedieran premios literarios que tenía bien merecidos, pero que otros recibieron por su fidelidad al sistema. Los jerarcas de las instituciones culturales declararon que no habría por el momento homenajes a la escritora, debido a que su hija se oponía a ellos. Solo los gatos nos hicieron compañía desde que llegamos a México , dijo la hija de Octavio Paz y Elena Garro.

Sin libros me hubiera suicidado , es el titular de una pequeña nota en la cuarta página de Excelsior. Tras la muerte de Octavio Paz hubo un reacomodo de la cultura en México. Ya sin el gran papa, sus discípulos se disputaron el poder, su viuda Marijosé dio por terminadas la revista y la editorial Vuelta, y queda como escritor en el poder cultural, del lado del dinero, el historiador Krauze, y del lado de la literatura, Fernando del Paso, a quien se ha mencionado reiteradamente para el Nobel, pero cuya literatura enciclopédica y engolada no termina de convencer a muchos de sus detractores mexicanos. Tras la muerte de Elena Garro queda una estela de escritoras de éxito como Angeles Mastreta, Sara Sefchovich, Aline Peterson, Ethel Krauze, así como también toda una cauda de escritoras fabricadas por la publicidad, entre las que sobresalen Carmen Boullosa, Silvia Molina y María Luisa Puga.

Con la muerte de dos figuras señeras, con la eterna crisis sexenal mexicana, con el progresivo deterioro de las editoriales y el poder cada vez más omnipresente de las dos grandes empresas televisivas (Televisa y Azteca cada vez más dependientes del talento de los guionistas colombianos), con la desilusion que ha representado el fugaz ascenso del Partido de la Revolución Mexicana, con el nuevo fortalecimiento del Partido Revolucionario Institucional, la situación de México no hace sino pensar que solo un nuevo regreso de Jesucristo (tal vez en nave espacial) puede arreglar este mitote.

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