SE ACABÓ EL JOLGORIO

SE ACABÓ EL JOLGORIO

A finales del año pasado, cuando se estaba negociando el salario mínimo, se le preguntó a César González si estaba satisfecho con el sueldo que se ganaba en Asobancaria.

02 de agosto 1998 , 12:00 a. m.

González, que no había decidido aún vincularse a la campaña de Horacio Serpa, respondió con cierto sarcasmo: Uno siempre anhela ganarse el doble de lo que le pagan .

No sé si Asobancaria le pagaba más de lo que le ofrecieron en la campaña de Serpa, pero la expresión de González, que ahora abrirá oficina para convertirse en consultor, cae como servilletero al dedo. Todo el mundo quiere ganar más, todo el mundo es partidario de los sacrificios, siempre y cuando recaigan sobre los demás, y por instinto todos queremos la paz.

A qué viene todo este preludio? A tres escenarios en los cuales tendremos que sumirnos los colombianos, pero de cuya intensidad poco se ha hablado: el ajuste económico, la depuración de la administración pública y la paz.

De lo que hasta ahora ha dicho el ministro de Hacienda designado, Juan Camilo Restrepo Salazar, se deduce que los colombianos, sin excepción, entraremos en una eucaristía que, si bien nos va, puede durar por lo menos dos años. Ajuste fiscal lo va a haber, y eso significa reducir privilegios tributarios; aumentos salariales iguales o inferiores a la inflación; desmonte de prebendas en sectores como la educación, las Fuerzas Militares, Ecopetrol y el mismo Congreso.

Así que el ajuste no será gratuito y servirá de termómetro para determinar si la euforia de los colombianos por temas como la paz y el compromiso de poner la casa en orden es pasajera.

Recuerdo que cuando Rudolf Hommes pidió clemencia para que los empresarios donaran los bonos de desarrollo social y seguridad interna (BDSI), ante la declaratoria de inconstitucionalidad de la columna vertebral de la Ley 6a., todo el mundo se comprometió a cederlos pero en el momento del recaudo, Hommes se quedó con las manos vacías. Un buen ejemplo de insolidaridad.

Quién no quiere la paz? Ese es un ideal. Pero lograr la reconciliación cuesta, y la gran pregunta es qué tanto estamos dispuestos a sacrificar la sociedad civil, el Gobierno, el Ejército y cada uno de nosotros. El presidente de Fedegán, Jorge Visbal, propuso el año pasado que los ganaderos y empresarios de otros sectores repartieran una parte de sus activos en pro de la paz. Salvo unos casos muy aislados, la iniciativa se convirtió en letra muerta.

Usted, señor empresario; usted, trabajador de salario mínimo, cuánto está dispuesto a aportar? No sé si los medios de comunicación estarían dispuestos a vincular como periodistas o como técnicos a guerrilleros desmovilizados.

Y en el orden territorial sí que hay sacrificios por hacer. Buena parte de la crisis se debe a la corrupción y a la ineficiente administración. Ahí también la pela debe ser grande, y gobernadores y alcaldes deben también sentir el rigor del ajuste. Qué tan dispuestos estarían a hacerlo?

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