IBEROAMÉRICA Y LA INTEGRACIÓN CON NORTEAMÉRICA

IBEROAMÉRICA Y LA INTEGRACIÓN CON NORTEAMÉRICA

Lo más valioso de la reunión patrocinada por Unesco en Cartagena, la semana anterior, es el intento de hacer llegar hasta la Cima Iberoamericana de Presidentes en junio, la diáfana voz de la Inteligentzia , de los intelectuales genuinamente libres, hasta el reducto donde usualmente reinan quienes manejan los hilos del poder burocrático, por definición satisfechos con el estado de cosas. La idea de las cumbres iberoamericanas es intrínsecamente buena en la medida en que trascienda los rituales y se refleje, contundentemente, en los hechos. En que dé margen a consolidaciones y rectificaciones. Y tenga un seguimiento sistemático y no retórico. O sea que contribuyan a la edificación, pieza por pieza, de una comunidad que no solo exprese el valioso substracto cultural compartido, sino que nos identifique y fortalezca el débil poder de negociación.

21 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

Uno de los temas claves en Cartagena ha sido encontrar rutas viables para la convergencia de los diferentes procesos de integración. Esto tiene como presupuesto despejar ciertas incógnitas que entrañan la integración en si misma, como proceso multidimensional y no simplemente comercial.

No existen previsiones normativas para dicha convergencia. Ningún convenio, ni Maastricht, ni Montevideo, ni el TLC, ni los esquemas subregionales la prevén. La multiplicidad de foros abarca también superposiciones y contradicciones. Se trata de encontrar mecanismos, supra-sub-regionales, para acercarlos y compatibilizarlos.

Hay un problema de fondo relacionado a cómo se vertebran Iberoamérica y Norteamérica por un lado y por el otro la Unión Europea. Se desconocen los planteamientos que hará el presidente Clinton en la cumbre hemisférica de Miami a fines del año. Salvo un viraje especular, todo sugiere que confirmará el espíritu de la Iniciativa de las Américas con ciertas aperturas al TLC, que su país ha signado con México y Canadá. Es muy compleja la convergencia de una comunidad básica cultural como la Iberoamericana con la hemisférica, básicamente comercial. Por otra parte, no es lo mismo competir cada país latinoamericano para ver quien adhiere más rápido al TLC, que concertar una posición conjunta, a través de la subregiones.

La Cumbre Iberoamericana podría representar, en últimas, un gran esfuerzo solidario por mejorar el bajo poder de negociación de América Latina con los EE.UU. Si no se disminuye la asimetría gigantesca entre Latinoamérica y Norteamérica la integración carecerá de equidad; nadie sabe si el TLC aumenta o reduce la asimetría.

Iberoamérica necesita también superar sus limitaciones con la Unión Europea donde España y Portugal perderán ascendencia con el ingreso de nuevos miembros. Tiene que constituirse en una alianza abierta, flexible, de geometría variable. De lo contrario no servirá para evitar que quedemos subsumidos en un globalismo que encubre el actual unipolarismo.

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